Capítulo 1.

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El plan inicial era sencillo a la vez que destructivo: llegar a La Cabaña del Misterio y destruirla. Aquello era totalmente impropio de él, pero por culpa de los Pines estaba atrapado en un agobiante y asfixiante cuerpo humano en el cual sus poderes -o lo que quedaba de ellos- estaban descontrolados y con un solo gesto brusco podría provocar un incendio. Encima, cuando se había introducido en aquel cuerpo tuvo que devolverlo a la vida, al parecer estaba muerto y por ello se adaptó al demonio que ahora residía en él. Eso en parte era medianamente bueno, pero le había costado esfuerzo y bastante dolor hacer que su corazón latiese de nuevo para no morir allí mismo en aquel cadaver.

Después de un largo camino en el cuál se le había olvidado como respirar dos veces y se había caído unas tantas más, llegó a la cabaña. Se acercó a ella con cuidado y cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dio cuenta de que solo sentía dos presencias en la cabaña, las que pertenecían a los gemelos "Stan". No había ni rastro de los niños. Mirando atrás al bosque del que acababa de salir se dio cuenta de seguramente los dos Pines que faltaban ya habían regresado porque ya era otoño y el verano había pasado. Frustrado al no poder salir de aquel sitio y no poder encargarse ellos dio media vuelta y se dispuso a volver por donde había venido, hasta que una mano le rodeó el hombro y le giró.

—¡Estas de suerte chico! ¡Estás contratado! —le habló el hombre al cual no le hacía falta mirarlo para saber que se trataba de Stan, más concretamente de Stanley Pines—. Atenderás la caja por el turno de mañana. La antigua empleada está ocupada a esas horas.

Mientras le arrastraba dentro y le ensañaba su puesto de trabajo, el demonio se maldecía mentalmente pero pensándolo mejor, no parecía tan mala idea. Ya que los dos enanos no estaban, aprovecharía y se ganaría la confianza de aquellos dos por el momento.

—Si no tienes donde quedarte dormirás aquí —acabó Stan—. Empiezas mañana —y finalizó la charla dando un portazo y dejándole solo en la habitación.

Era el ático y en ella habían dos camas iguales y entre ellas había una mesa con algún que otro libro y una lámpara. Arriba una simple ventana en forma de triángulo. Enseguida se dio cuenta de que aquella habitación había sido la de los gemelos durante aquel verano. Con una sonrisa, se tiró en una de las dos camas y se dispuso a poner en marcha su plan. Un plan que llevaría tiempo, pero él tenía todo el tiempo del mundo, literalmente.

Fall •BillDip•  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora