Capítulo 9.

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Sus ojos marrones seguían analizando al triángulo azul que estaba sentado frente a él en la cama, a punto de llorar.

Bill había llegado con el demonio y les había dejado solos diciendo: "Soy incapaz de consolar a alguien, él se llevó toda la sensibilidad", dejando al pobre Will con la tarea de consolar a Dipper aunque por lo que parecía, sería Dipper el que tendría que consolar al demonio.

Mientras, Bill se contenía para no estrangular a Mabel en la tienda de regalos. Odiaba las preguntas y aún más la voz de aquella niña y juntas no hacían más que irritar más y más al rubio, quien sentía que explotaría de un momento a otro. Hoy no era su día.

Después de aproximadamente hora y media, Bill volvió al cuarto. Al entrar vio a su hermano en el regazo de Piney llorando.

—¿Ahora que Will?

—D-déjame Bill —respondió tartamudeando.

—Me cae bien, mejor que tú —le soltó de sopetón Dipper a Bill, quien le dirigió una fría mirada. El castaño solo le regaló una sonrisa ladeada ante el comportamiento del otro—. Entonces sois hermanos.

—Sí.

—Y Will es el mayor.

—Correcto.

—¿Sabes que los hermanos mayores se supone que son un ejemplo a seguir?

—Vete a la mierda, Pines.

—Como quieras.

A partir de ahí, sus miradas se volvieron hostiles y para evitar una confrontación, Will arrastró a Dipper hacia el bosque.

Will, obviamente, era todo lo contrario a su hermano pequeño. Era posiblemente el ser más sensible del universo y el más empático. Había tratado de consolar a Dipper de todas las formas posibles y había funcionado. La amabilidad del pequeño triángulo azul era realmente adorable.

Bill, por su parte, era un amante fiel de la destrucción, la ira y el sufrimiento. No sentía empatía por nada ni nadie y decir que mostraba sus sentimientos sería una vil mentira. Era odioso, cruel y detestable, pero a pesar de todo respetaba a su hermano. Will tenía una gran paciencia, muchísima y pocas veces se le había agotado con los mortales, pero las que lo había hecho desearía no haberlas visto.

El demonio azul pasó allí unas cuantas semanas. En ellas, la actitud y el físico de Dipper habían vuelto a la normalidad, por lo que Bill prácticamente lo echó de allí entre lágrimas del mayor. En esas semanas, el castaño había recibido la noticia de que aquel invierno se quedaría allí en Gravity Falls. Su madre había puesto la escusa de que tenían que hacerle compañía a su tío después de la reciente muerte de su hermano, aunque los dos hermanos sabían perfectamente que había algo más detrás de aquello, pero tampoco les importó. Asuntos de sus padres, dedujeron.

Todo volvió a la normalidad poco a poco. Mabel con sus amigas, Stan estafando a toda persona que pisase su cabaña y Dipper intentando lidiar con las continuas posesiones de Bill. Sorprendentemente, el chico había aprendido a lidiar con el rubio. Era más fácil de lo que parecía en un principio y más ahora que parecía que lo evitaba. Rehusaba su presencia a menudo sin discreción.

Dipper estaba intentando atar cabos desde la charla en su segunda posesión. ¿Cuales eras las intenciones de Bill y su motivo para estar en un cuerpo humano constantemente? Por lo que sabía, al demonio isósceles le repugnaban los humanos. Podía estar cierto tiempo en un cuerpo, sí, pero no tanto. ¿Por qué necesitaba su cuerpo? Él mismo le seguía cuando ni estaba dentro de su cuerpo y no hacía nada extraño o sospechoso. Y después estaba la forma con la que Bill salía de los cuerpos: la esfera dorada. ¿Por qué aquello? Dipper no entendía nada y así, poco a poco, el otoño llegó sin respuesta alguna.

Fall •BillDip•  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora