Capítulo 4.

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Solo tenía que dañarlos donde más les dolía. Destruir su autoestima en mil pedazos para después eliminarlos. No había nada más placentero para Bill que destruir a su enemigo -o en este caso víctimas- por completo, tanto físicamente como psicológicamente.

La jornada de la mañana había finalizada y el rubio se dirigió a su habitación dispuesto a dormir unas cuantas horas sin comer, se le había cerrado el apetito. Al abrir la puerta se encontró a Dipper dormido es la cama que él había estado usando por dos años. Con el ceño fruncido, agarró al adolescente como una princesa y lo lanzó a la otra cama sin pizca alguna de delicadeza. Dipper, por su parte, siguió durmiendo como si no le hubieran movido del sitio. Tenía el sueño tan pesado o más que el de su hermana. Bill se quitó los zapatos y se cambió la camiseta por una de tirantes azul. Le dio la espalda al chico e intentó dormir, con éxito.

(...)

Se despertó y tardó un poco en ubicarse. Le habían movido de sitio. Se giró y vio que estaba en la cama que antes había pertenecido a su hermana y en la suya estaba el rubio, dormido. Dedujo que habría estado utilizando su cama por los años que él no había vuelto a Gravity Falls y se resignó a dormir en la cama de Mabel aquel verano. Total, tampoco es como si le importase mucho.

Se sentó en la cama y pasó su mano por la cara, aún estaba medio dormido. De repente escuchó como una especie de gemido de dolor e instintivamente se giró hacia su compañero de habitación. Este estaba palidísimo, casi como un cadáver y sus ojeras estaban muchísimos más marcadas y tenía el ceño fruncido. Su cabeza estaba hacia él y su brazo colgaba por el lado de la cama. Parecía estar realmente mal. Se levantó y caminó hacia él.

—Hey, Josh —le movió suavemente el hombro—. Despierta.

El mencionado abrió los ojos como platos y cogió a Dipper por el cuello de la camiseta mientras jadeaba y se llevaba una mano al pecho, donde se encontraba el corazón.

El demonio se sentía cada vez más agotado en aquel cuerpo. Lo asfixiaba. Hacía ya unas semanas que cuando dormía, sus pulsaciones se volvían muy lentas, demasiado y ser despertado no ayudaba. Pronto tendría que ocupar otro recipiente, uno vivo. La idea no le gustaba ya que aquello suponía "secuestrar". Podrían reconocerle y se metería en problemas.

Miró a Dipper con una mirada cargada llena de odio, lo soltó y se incorporó.

—No me gusta que me despierten, Pino —le escupió Bill. Al ver la cara de confusión ante aquel apodo intentó explorar la mente del castaño, sin suerte. Tendría que practicar más aquello y por el momento, decidió probar suerte—. No, Dipper. No ha sido cosa tuya. Delante tuya tienes a Bill Cipher.

El gemelo abrió los ojos y se echó hacia atrás instintivamente, asustado. Bill sonrió con malicia mientras veía con burla a Dipper. Si de algo podía presumir, era de intuición y esta no le había fallado. Se levantó de la cama, levemente fatigado y caminó hacia el chico, quien retrocedía a cada paso que Bill daba. Pronto, no tuvo más espacio para alejarse y chocó contra la pared y el demonio isósceles pudo quedar cara a cara con él, bastante cerca a decir verdad.

—Será mejor que no digas nada de este secretito, Pino, o todos lo que habitan en esta cabaña podrían acabar mal, muy mal —obviamente no le iba a confesar que no tenía control alguno sobre sus poderes.

En silencio, abandonó la habitación dejando a Dipper solo y asustado como nunca lo había estado antes.

Fall •BillDip•  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora