Capítulo 7.

6.9K 1K 167
                                        

Bill iba caminando por la casa con una sonrisa maniática en la cara, seguido por el alma de Dipper, quien estaba terriblemente molesto. En el poco tiempo que el demonio llevaba en su cuerpo ya se había tirado por la escalera y se había clavado algún que otro tenedor, todo acompañado con las risas del intruso. El castaño solo deseaba que cuando volviese a recuperar el control no tuviese nada roto como la última vez.

-Veamos, ¿que quería hacer yo? -dijo Bill sin cambiar de expresión-. ¡Ya me acuerdo!

Trotando, cogió el mismo cuchillo que había utilizado con Dipper hacia unos minutos y se lo guardó en el bolsillo. El alma solo lo veía con temor. Bill con algo punzante en las manos no era una buena combinación, vaya que no. Entonces la voz de su hermana resonó por la casa.

-¡Dipper, estoy en casa! -gritó la alegre niña.

-Justo a tiempo -susurró el demonio antes de devolverle el saludo a Mabel-. ¡Bienvenida hermanita!

Un tic se apoderaba del ojo derecho de Bill -mas bien del cuerpo que tenía poseído-. Una verdadera mala señal, tramaba algo y Dipper lo sabía.

-Bill, ¿que estás tramando ahora? -el demonio saco el cuchillo y evito la pregunta del castaño-. ¡Bill! ¡No te atrevas a tocarla!

-Eso te costará algo, yo no doy nada gratis Pino -entonces de dio cuenta. Había caído de lleno en su trampa y era muy tarde para echarse atrás.

-Bien, ¿que quieres a cambio? -pobre Dipper. Ni se veía venir lo que pasaría.

-Quiero poseer tu cuerpo cuando quiera y donde quiera -el astuto Bill sabía muy bien como manipular al niño a su antojo y le divertía ver como el chico no tenía otra opción que aceptar, bastante a decir verdad.

-De acuerdo.

-¡Bien! Entonces, ¿trato?

Extendió la mano y Dipper se la volvió a tomar. Bill tenía conocimiento de todos los aspectos de la personalidad del niño, por ello manipularlo era tan fácil. De hecho, podría manipular a cualquier persona que se le antojara, excepto puede que a Fordsie. Pero ese ya era un caso a parte.

Antes de que Mabel los pillara, se dirigieron piso arriba y cada uno volvió a su cuerpo. Dipper aliviado y Bill angustiado por la opresión del cadáver.

-Recuerda, ni una palabra niño -le advirtió. Ahora parecía terriblemente molesto. El castaño solo asintió intentando no tener mucho contacto visual con el chico que tenía en frente.

A partir de ahí, los días pasaron tranquilos. No había vuelto a recibir amenaza alguna contra su persona o contra su familia y lo máximo que había hecho el rubio era tomar el control del cuerpo de Dipper durante un cuarto de hora aproximadamente y en aquellos minutos había estado tranquilo, pensando en algo que chico desconocía pero parecía que ocupaba toda la mente del triangulo.

Y como todos sabemos, el verano no iba a transcurrir igual que esos días. El mundo de Dipper se iba a desmoronar una tarde de verano, regresando a la cabaña después de caminar por el bosque buscando algo que apuntar el diario. Estaba la policía allí, también una ambulancia y Mabel, Bill, Wendy, Soos y Stan estaban fuera. Algo malo pasaba.

-¿Que ha pasado Mabel? -preguntó después de haber corrido hasta allí.

Mabel se giró y sus mejillas estaban empapadas de lágrimas y sus ojos estaban rojos.

-Ford... -dijo con dificultad la niña-. Él...

Dipper ya sabía el final de aquella frase e incrédulo, miró la camilla que subía a la ambulancia. En ella había un cuerpo cubierto por una sábana y la mano con seis dedo que salía por un lado de ella daba a entender quien estaba allí.

-No él no puede... No.

-Lo siento Dipper.

-No -ahora la voz del castaño era apenas un hilo agudo. Instintivamente miró a Bill, quien no parecía ni feliz ni triste, simplemente neutral-. Tú -gruñó ronco.

-No, Dipper. Aquí no -susurró evitando que alguien más les oyera-. Entra.

Seguido por el demonio, Dipper entró en la cabaña y, excepto la máquina expendedora, todo parecía en buen estado, como si nada hubiese pasado.

-Maldito truante, ¡teníamos un trato Bill, un trato!

-Esta vez yo no he tenido nada que ver, Dipper. Tu tío se ha matado él solito, y en caso de que lo hubiese matado yo, ahora mismo me estaría riendo de ti, imbécil.

Por alguna razón, creyó las palabras que aquel demonio de millones de años en el cuerpo de un joven le formulaba. Sin poder aguantar el peso de su propio cuerpo, Dipper cayó de rodillas y estalló en un llanto inconsolable mientras Bill le observaba totalmente indiferente a los sentimientos del dolido y destrozado Dipper.

Fall •BillDip•  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora