Estoy a punto de finalizar un puente de cinco días en los que me he dedicado a estudiar. He tenido el privilegio, porque así lo llamo, de salir cuatro horas sumando dos días porque necesitaba hacer vida social y a pesar de eso no dejé de pensar en ningún momento en mis exámenes. Vivimos en una sociedad donde ya no nos etiquetan usando la palabra 'alumnos' sino que somos simples números con los que intentan medir nuestro coeficiente intelectual. Y dejarme deciros que no soy una multiplicación, un análisis morfológico o los causantes de la Primera Guerra Mundial. Estamos obligados a sentarnos en unas sillas durante seis horas desde las nueve de la mañana, los que tenemos suerte ya que muchos empiezan antes, y aún con todo eso al llegar a casa tenemos que estar otras ochos horas (en mi caso, ya que han sido numerosas las veces que me he quedado en vilo hasta pasada la media noche) para llegar a la media que ellos ven correcta porque si no no estamos capacitados para dar pasos seguros en esta sociedad. Se creen que por no tener la edad suficiente para votar en unas elecciones nos pueden decir qué hacer y si a eso lo sumamos que con catorce años tenemos que decidir qué camino escoger tenemos como resultado un cóctel que en numerosas ocasiones sabe amargo.
Os voy a contar dos hechos que me han pasado recientemente:
1- Me gusta mucho estudiar historia, me gusta empaparme de los sucesos que hicieron que yo ahora mismo esté aquí. Pero detesto tener que aprender todo de memoria para luego escupirlo en hojas.Mi problema está en que parece ser que muchas veces no consigo explicarme bien y suspendo o saco la nota mínima para aprobar. Estoy en bachillerato y en los años anteriores nadie me ha ayudado con mi problema por lo que yo sigo fallando ya que aquellas personas que me deben enseñar solo se preocupan por hablar de mis notan en una evaluación.
2-Por otro lado, y el más opuesto, está el caso de mi profesora de literatura universal del año pasado. Hicimos un día un debate y, alarmada, preguntó que cuál era nuestra máxima preocupación, a lo que dijimos que las notas. Se echó las manos a la cabeza. Nos dijo que no entendía como, cuando se supone que estamos creciendo y descubriendo el mundo, nuestra mayor preocupación es la de aprobar. Sus medidas fueron las siguientes: no nos hizo exámenes, podíamos llegar a hacer pequeñas pruebas en grupo donde nosotros mismos decidíamos si esas notas las contaba para la media final o no. Un lujo para cualquier estudiante ¿no?. Pues bien, este año vuelvo a tener la misma asignatura pero con una profesora diferente y quiero decir que gracias a ella tengo una base acerca de los grandes escritores del resto del mundo bastante buena, y se debe a que no sentí la presión de tener que estudiar para aprobar, sino que me interesé por la materia sin miedo a suspender.
Que casos tan contrarios, ¿no? en el primero se refleja miedo, en el segundo un alivio que a muchos nos hace falta pero pocos quieren ver.
Nos dicen que somos el futuro, a lo que yo he levanto la mirada y solo he visto ataques de ansiedad y ojeras, ¿de verdad queréis que levantemos la sociedad así, siendo obligados? No podéis ponernos un collar al rededor del cuello y quitarnos la libertad de salir en nuestros días de descanso, porque seguro que no soy la única que lleva muchos meses sin salir durante todo un fin de semana. Los profesores vienen enfadados diciendo que por tener que corregir exámenes no han salido un sábado, a lo que yo me veo en la obligación de reír porque les pagan por enseñarnos y no por ir a bares mientras nosotros estudiamos.
No puedo sacar el móvil en clase pero mi profesora de griego atiende a las llamadas y habla de su otro tabajo delante de nosotros. Me dan quince minutos para despejarme y muchas veces no tengo ese recreo porque lo ocupo haciendo un examen. Ya no sé qué es dormir más de 5 horas porque estas últimas semanas solo pienso en tomar café para poder seguir estudiando y en levantarme pronto para un último repaso.
Y yo ahora me voy, porque tengo que volver a la única rutina que actualmente ocupa mi agenda. Mañana me juego el trimestre en filosofía porque la profesora es tan vaga que no ha querido poner otro examen, y ni hablar de que a lo mejor ni los llega a corregir a tiempo, palabras suyas.
Atentamente: alguien que vale más que una nota.
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Diario de una escritora sin voz
Fiksi Remajasoy la persona en la que nadie piensa cuando escucha una canción