Vuelve su mirada en mí y parece no poder creer lo que ve. No sé si preguntarle qué demonios sucede o si echarme a reír sarcásticamente por el hecho tan ridículo que estoy presenciando. Creo que estoy por hacer ambos.
—¡Vengan, par de flojos! ¡Denle la bienvenida a la nueva! —vuelve a rugir sin despegar los ojos de mí— Vaya, vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? —se acerca a mí y la noto muy confiada para mi gusto— Me llamo Adela. Puedes decirme Addy o Dela si gustas. Da igual —zarandea una de sus manos mientras con la otra toca uno de sus bucles—. ¿Es tu primer día? ¿Cómo te resulta aquí? ¿Ya te has echado un polvo en la sala de proyección? ¡Todos aquí lo hacen! —abro los ojos como platos al escucharla tan sobrecargada de emoción que, en cierto modo, es demasiado irritable.
Sigo con la misma expresión facial hasta que ambas volteamos a ver a Phil entrar en la oficina portando dos cafés en una base de cartón en una mano y dos paquetes de panecillos de chocolate en la otra. Este queda estupefacto al ver a la chica que tengo frente a mí por un momento pero enseguida sonríe abiertamente, deja el desayuno a un extremo del escritorio y en un santiamén la estrecha en sus brazos. Siento cierta punzada en el estómago cuando veo esto y me siento una idiota al hacerlo. «¿Qué es eso, Candace? ¿Celos? No caigas tan bajo. Además, ¿desde cuándo has tenido celos por alguien que conoces hace un día?».
—¿Dónde te habías metido, cabeza de limón? —Adela sigue abrazándolo muy animadamente tanto como él.
Pondré «cabeza de limón» entre la lista de los insultos más ridículos y que no deberé decir jamás en mi vida si quiero conservar mi dignidad.
—Creí que tú eras la primera en enterarte de todo —le responde él con un tono bromista y ella le golpea el hombro amistosamente.
¿Por qué mierda tienen que hacer lo que hacen y decir estupideces en mi oficina? ¿Acaso no hay otras doscientas más y pasillos entre ellas? Tomo el móvil de mi cartera mientras trato de ocultar mi disgusto y me encuentro con que éste no tiene batería. No lo he puesto a cargar en toda la noche. Necesito que un rayo atraviese los otros doce pisos que haya en este edificio y caiga en mí ahora. Con suerte mi mala suerte servirá de algo.
Mi rostro se ilumina ante la posibilidad de separar a estos dos momentáneamente con la excusa perfecta.
—Eh... ¿Phil? —llamo en un cantito. Ambos miran hacia mi dirección aún abrazados— Olvidé cargar mi móvil ayer por la noche. ¿Podrías prestarme el tuyo si lo tienes aquí?
Phil se deshace del abrazo y asiente esbozando una sonrisa. Hasta ahora no pude ver ni una vez sus dientes. Pero, vamos, es el segundo día. No puedo esperar de mucho. Me hace una seña para que espere y se retira con rapidez. Ahora vuelvo a llamar nuevamente la atención de Adela e internamente me quejo y quiero poner los ojos en blanco.
—No has respondido a ninguna de mis preguntas, Candace —me reclama copiando el cantito que hice al llamar a Phil. No sé si debo tomármelo como una broma o una burla—. ¿El gato te comió la lengua? ¿O fue Phil? —arquea una ceja y lanza una risita al aire cuando nota que me ruborizo de a poco— Vamos, ¡habla!
La situación le resulta divertida y para mí no es más que un maldito fastidio. ¿Qué debo hacer ahora? ¿Insinuar que me cae bien y hablarle como si no me dieran ganas de lanzarle una tachuela en la frente o dejar que note mi creciente disgusto por ella y su irritable manera de hablar tan confiada? Me resulta difícil no mantener costumbres del pasado. La antigua Candace ya le hubiera levantado el dedo medio de la mano en cuanto la oyó hablar y hubiera puesto los ojos en blanco la misma cantidad de veces que las que respira. Pero esta Candace que intenta comenzar de cero quiere ser gentil con los demás y ser más flexible ante estas situaciones. Bien. Me abstengo a la idea del cambio y le doy media sonrisa rogando por que no se vea tan falsa como lo es.
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Letras de suerte
Teen FictionNo es la típica historia de la mujer feliz ni la mujer suicida. Candie odia a ambos tipos de persona. Pero siendo la esperanza de un cambio de vida totalmente ajeno a la suya, se topa con un acontecimiento muy peculiar: ¿de quién pertenecerán esas m...