Capítulo 20.

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Luisa cogió el móvil un poco molesta. ¿Quién se atrevía a llamarla a esas horas? ¿Justo cuando iba a besarse con Adam? Bueno, tal vez la habían salvado de una buena, tal vez no quisiera a Adam y fuera un encaprichamiento juvenil... Sí, eso era lo más probable.
Vio en la pantalla del móvil aquel nombre que tantas alegrías le había proporcionado siempre, el de su mejor amiga.
- ¿Tíaaaaaa? ¡Tía! ¡Por fin me coges el móvil! ¿!DÓNDE HAS ESTADO!? No había nadie en tu casa y no me cogías el móvil... Tía he estado muy preocupada, uf hasta iba a llamar a la policía. ¡No me hagas esto nunca más jovencita! —Hizo imitando el tono de voz de su madre—.
- He estado haciendo... —¿Qué le decía a Susan?—. He estado con mi madre cuidando de mi abuela, está un poco enferma, y ya sabes... Y el móvil me lo he dejado en mi casa, por eso no he visto las llamadas, lo siento... —Luisa estaba mintiendo con facilidad, odiaba hacerlo, y más a su mejor amiga, pero tenía que aprender ya que iba a tener que mentir de ahí en adelante, por muy poco que le gustara—.
- Oh vaya, lo siento tía, no lo sabía... ¿Quieres venir esta noche a mi casa y hacemos noche de chicas? Ya sabes, esas que tanto nos gustan para hablar del yogurín de Adam...
Luisa se puso roja al recordar lo que había estado a punto de pasar, si no llega a ser por esa llamada...
- ¡Me parece genial! Espera que llegue a mi casa —Oops, mentir era más difícil de lo que parecía, demasiadas cosas que recordar—, digo espera que me duche si ya estoy en mi casa... Y voy para allá.
- Tía qué rara estás... ¡Ahora nos vemos!
Cuando Luisa colgó Adam la miraba raro.
- ¿Pasa algo? —Preguntó muy serio—.
- No, no nada, solo que... Tengo que llegar a mi casa en menos de 5 minutos, ducharme e ir corriendo a casa de Susan... Y dicen que la vida de los adolescentes no es ajetreada...
- Bueno... Si quieres, puedo llevarte en mi moto, solo si quieres, esto...
Adam parecía muy nervioso después de lo que había estado a punto de pasar.
Luisa accedió puesto que no le quedaba otra, y de camino a su casa estuvieron muy callados. Cuando llegaron Adam se despidió muy secamente, y se fue sin más.
Luisa entró a su casa, no sin pensar en lo raro que se comportaba Adam y en lo completamente bipolar que era.

Un amor prohibido.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora