Capítulo 10: Secretos

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El chófer le esperaba en el portal de los apartamentos donde vivía Aomine frente a su lujoso coche para llevarle de vuelta a la oficina. Masaomi salió con su elegante traje, con la cabeza alta como si ese chico no acabase de tirarle al suelo y entró en el oscuro vehículo sentándose en aquellos asientos de cuero blanco antes de que el mayordomo cerrase la puerta tras él. El coche se puso en marcha cuando sonó el teléfono de Masaomi. Leyó el mensaje y entonces habló por vez primera con su chófer.

- Lléveme al hotel Kaijo – comentó.

- Enseguida, señor.

- Y toma el camino largo – añadió. Necesitaba algo de tiempo para que su malhumor provocado por la humillación que acababa de padecer desapareciera.

Masaomi miraba por la opaca ventana de su lujoso vehículo cuando sacó del bolsillo de su elegante chaqueta una fotografía de un niño pelirrojo con una pelota de baloncesto y la comparó con la fotografía que había sacado el detective del otro chiquillo pelirrojo, eran tan parecidos, algo le hizo ver a aquel chico como parte de su familia, le recordaba a Akashi cuando era niño salvo por la sonrisa. Akashi jamás había sonreído pero ese chiquillo lo hacía.

- Hemos llegado, señor – comentó el chófer y Masaomi guardó las dos fotografías con rapidez esperando a que el chófer bajase y le abriera la puerta.

Bajó del vehículo y entró en el hotel sin siquiera pasar por la recepción. De otro de sus bolsillos sacó una dorada tarjeta y accedió en el ascensor hasta el último piso. Iba a salir del ascensor cuando vio a Aomine salir del ascensor de al lado, lo que hizo que volviera a meterse intentando no ser descubierto.

No sabía qué podía hacer un chico como él en un sitio de alta categoría como ése. Entonces pensó en algo... él tampoco estaba aquí precisamente por trabajo, quizá Aomine tampoco. Salió del ascensor viendo cómo Aomine entraba en la habitación y pasando del tema, buscó el número de la suya entrando con la tarjeta.

Una exuberante mujer de cabello oscuro y ojos claros le esperaba allí dentro con un picardía de encaje y una gran sonrisa. Masaomi empezó a quitarse la chaqueta tras cerrar la puerta cuando la mujer se acercó a él ayudándole. Todas sus preocupaciones se marcharon cuando cayó en la cama con aquella mujer. Aquella mujer que llevaba años satisfaciendo sus más profundas necesidades se había convertido en alguien importante para él. Cuando su esposa falleció, no fue capaz de volver a amar a nadie y esa mujer le ofrecía precisamente eso... sólo sexo, sólo una mera satisfacción sin necesidad de sentimientos. Los sentimientos le daban alergia, no los soportaba, era una debilidad que él jamás se permitiría y cuando su hijo Akashi llegó hablándole hace catorce años de amor, lo sintió como algo estúpido, no podía haberse enamorado de aquel chico. Cinco años de relación le hicieron ver que iba muy en serio, una gran debilidad en la carrera de su hijo, una debilidad que ya no estaba en sus vidas gracias a aquella traición que su hijo le hizo.

Masaomi no se permitió ni siquiera jadear por el placer, se dejó llevar por la necesidad, hizo suya a aquella mujer y salió de ella dirigiéndose al armario del fondo aún desnudo. Sacó de allí una pastilla y le llenó un vaso de agua. Se lo pasó con suavidad pero no se movió hasta que vio cómo se tomaba la pastilla, no quería embarazos no deseados a estas alturas y menos de una mujer a la que ya le pagaba por sus "servicios", lo único que le faltaba sería mantener a un bastardo.

Caminó hasta el mueble sacando de su chaqueta la cartera y abriéndola, dejó un fajo de billetes encima empezando a vestirse para marcharse. La mujer le miró mientras se vestía, siempre era tan frío y pragmático, era un completo témpano de hielo.

- ¿Qué tal tu hijo? – preguntó la mujer tratando de darle conversación.

- Estupendo, es un gran jugador de baloncesto.

Baloncesto callejero (Kuroko no Basuke, AkaAo)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora