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Claro que fue duro verlo sufrir y luchar al mismo tiempo. 
Lo quería conmigo pero deseaba más que dejara de sentir dolor aunque eso significara que no estuviera más a mi lado.

Por eso un mes después cuando lanzó su último suspiro,  lloré de alegría y de tristeza porque mi pequeño ya había partido,  su manita dejó de sujetar mi pulgar.

Recibió a la muerte como a una vieja amiga. 

Rómpeme el corazón de una vez [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora