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Si alguna vez había sentido un hoyo en el pecho, no tenía comparación con lo qué sentí con la muerte de mi hijo. Me faltaba el aire, me faltaba una parte de mi corazón, esa que fue enterrada junto con su pequeño cuerpo.

Pero sabes, a pesar de cada maldito segundo de agonía, valió la pena. Ese mes que estuvo con nosotros lo valió todo porque Gabriel fue y es nuestro angelito que vino a darnos una gran lección de vida.

Y ahora nos cuida desde arriba, ya no siente dolor.

Rómpeme el corazón de una vez [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora