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Hacía ya días desde que había decidido dejarme de lamentaciones y ser la ingenua de siempre.

Con cada hora que pasó, y con cada día que Dante estuvo ausente, mi cordura regresó.

Indudablemente las noches de insomnio habían dejado marca. Las ojeras adornaban mi rostro, había perdido peso pero aunque mi apariencia denotaba derrota, después de haber tocado fondo estaba resurgiendo y saliendo del hoyo.

Mi voluntad se fortaleció y mi vida comenzó a tomar un rumbo estable.

Rómpeme el corazón de una vez [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora