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Y luego estabas tú,  Dante.  Verte derramar lágrimas mientras abrazabas su pequeño ataúd blanco, terminaron por destruir el muro que erguí para no tirarme por completo a la melancolía. 

Tú,  mi gran roble, estabas devastado.

Y así pasaron los días,  los meses y jamás volvimos a ser los mismos. 

Rómpeme el corazón de una vez [EDITANDO]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora