Esperanza (KageHina final/Parte 2)

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Habían pasado muchas semanas y Hinata se había alejado de el, ya nada era igual, kageyama tenía los ojos hinchados de tanto llorar, no recordaba cual había sido la última vez que lo había hecho, salió del cubículo del baño y se lavo la cara con agua, "maldito enano" se dijo para el mismo, se miro al espejo, estaba pálido, tenia ojeras, los ojos rojos el cabello levemente despeinado y el invierno de ese día no le ayudaba para nada. Estaba tan perdido en su mente pensando en Hinata que no se percato cuando abrieron la puerta del baño, el peli naranja se quedo perplejo al ver a kageyama en ese estado, las preguntas comenzaron a brotar en su cabeza.

-Oi Kageyama ¿Q-que sucede? –el más bajo se acerco sigilosamente al setter, posándose a su lado y dedicándole una mirada interrogativa, el otro se sintió más débil y vulnerable de lo que se veía esos grandes ojos color miel que ahora le veían con esa mirada de insistencia de ¿preocupación? Claro Hinata estaba preocupado, era su amigo le quería, pero le daba miedo, miedo de enamorarse de kageyama, de un hombre.

-Nada –se atino a contestar mientras seguía limpiándose la cara y echándose agua de a momentos.

-¿Cómo que nada? No soy idiota ¿sabes? Me dices ya lo que te pasa, estoy muy preocupado –dijo lo ultimo casi susurrándolo.

-Me pasas tu, todo tu –volvió a romper en llanto y esta vez no eran solo lagrimas, ahora estaban acompañados de sollozos, quería poner a prueba el plan para enamorar a Hinata ser el mismo pero ¿acaso con este dolor podía hacer algo? Como le demostraría a Hinata que era fuerte y que su verdadero yo era la valentía si ahora mismo se estaba echando en sus brazos para que lo consolase.

-T-tranquilo –acarició la cabeza del azabache y el contacto del más pequeño estremeció a este, por un momento Hinata se sintió la persona más especial del mundo, la más privilegiada por tomar en sus brazos a quien se supone que era su compañero de equipo, verle tan frágil, tan profundamente le cautivaba, y se puso a meditar tal vez no era tan malo enamorarse de kageyama, tal vez podía enamorarse de él, o lo estaba pero jamás lo había tomado en cuenta, porque en su interior aunque lo negara habían sentimientos por tobio, aunque se tratara de convencer el mismo, le quería, disfrutaba de sus momentos juntos y solo ese abrazo necesito para darse cuenta de que por mucha repugnancia que le diera, tenia sentimientos amorosos hacia su mejor amigo. Transcurrieron unos minutos que para el señuelo parecieron horas hasta que el más alto se separo, no quería que le dejase de tocar, necesitaba sentir más a kageyama, quería abrazarle por toda una eternidad.

-Perdón por las molestias –musito cabizbajo el levantador de karasuno dirigiendo su fría mirada directo a los ojos de Hinata, esto provoco un sonrojo por parte del rematador.

-No son molestias ...-le dedico una sonrisa ladeada y el brillo en sus ojos se comenzó a desvanecer, se sentía culpable del estado en el que se encontraba kageyama, todo porque era un idiota y no se había dado cuenta de sus propias emociones.

-Gracias Hinata –pasó lentamente por su lado disponiéndose a salir del baño, pero el grito del más bajo le dejo helado, paró en seco y se giro para atender a su llamado-. ¿Uh? –encarno una ceja como señal de contestación.

-Yo creo que también... me gustas –y el pequeño Hinata salió de ahí corriendo sin dirección alguna, rojo de la vergüenza y preguntándose el porqué había soltado esas palabras tan repentinamente, siempre tan directo.

No reaccionó se quedo estático y no podía articular palabra, se sentía la persona más feliz del mundo, había recuperado lo que había perdido, la esperanza, hoy sería un largo día porque no necesito de estrategias para conseguir lo suyo, después de todo no es tan malo ser transparente algunas veces, salió del gimnasio y se dirigió en busca de Hinata.

Tú eres mi estrella. (Finalizada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora