Lluvia

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El día estaba nublado, leves gotas se resbalaban por el parabrisas del autobús en el que iba kei, pero no prestaba atención a eso, estaba desconectado del mundo, su mente divagaba en muchas cosas pero su tema principal favorito era Tadashi, sus deliciosos y dulces labios en verdad no tenían un sabor en particular, sin embargo para el que estaba enamorado era perfecto. Se imaginaba una mezcla de fresa pero al apresar sus labios entre los suyos como la última vez tenían un leve aroma y sabor a lima.


-Ha de ser por los pastelillos... -comentó para el mismo ganándose la mirada de algunos jóvenes que transportaban en su vehículo, poco le importó pues en este momento lo único que ocupaba su memoria era Yamaguchi y su sonrisa, todo era el pecoso, no le dejaba en paz ni en los sueños.

Bajó de su parada y en ese momento se percató de su falta de paraguas pues la leve brisa de hace un rato se había convertido en grandes gotas arrasadoras, heladas y que formaban una danza de lluvia, tempestad en pocas palabras. No tuvo más opción que resignarse y comenzar a avanzar hasta la casa del pecoso, se había decidido, hoy declararía sus sentimientos, el no esperaría mas puesto que el dolor era tan inmenso que terminaría no solo con acabar con su corazón si no que también con él.

-You're too mean, I don't like you, fuck you anyway –repetía en susurros al compás de la canción que reproducía su Mp3-. You make me wanna scream at the top of my lungs, It hurts but I won't fight you, You suck anyway, You make me wanna die, right when I... When I wake up I'm afraid, somebody else might take my place –estaba chispeando más fuerte y lo único que tenia para abrigarse era su abrigo con capucha incluida, lo que resguardaba sus audífonos del agua.

Llegó a su tan esperado destino, dudo en si entrar o no, pero escapar no era una de sus alternativas, pensó muy bien pero justo antes de que tocase la puerta un curioso azabache se asomo por la ventana, sorprendiéndose por la presencia de el rubio en la entrada, se percato inmediatamente de que consigo no traía paraguas y sin amagar corrió a abrir la puerta, diciendo para sí mismo "Al fin y al cabo es mi mejor amigo".

-Lamento ser tan impredecible –se disculpó tsukishima-. Pero necesitaba hablarte lo mas antes posible.

-A-ah... entiendo... n-no eres impredecible sólo... ¿Qué necesitas? –cuestionó decidido a enfrentar al de gafas.

-Quiero hablarte de el beso, tu malinterpretaste todo, piensas que mis intenciones son jugar contigo pero no es así, yo te mentí, lo recuerdo todo mi falta de memoria era temporal, y lo que primero recordé fue mi confesión.

-T-tsuki ... -fue lo único que salió de los labios del azabache, sorprendido, estaba más que eso, asombrado, perplejo, pero a la vez tan lleno de felicidad, nada le había provocado tal sensación en su interior, se abalanzo contra el más alto y le estampo un rudo y seco beso en los labios, pero ese casto beso fue suficiente para decirle "Yo también te amo".

Se besaron como nunca, juegos de lenguas, leves roces en sus cuerpo, decididos ya a dar el segundo paso subieron apresurados como adolescentes inexpertos para cumplir con sus instintos pero el sonido del coche fuera de la casa puso fin a su tan esperado momento, arreglaron sus ropas mejor de lo que pudieron y fingieron hacer tarea.

-¡Tadaaaashi! –Llamo la madre del pecoso desde abajo-. ¿Si sabias que iba a venir Tsukishima por qué al menos no arreglaste la casa? –reprendió a su hijo al ver el maletín de el rubio sobre la mesa del comedor.

-Y-yo lo siento mamá –se excusó sonrojado por la anterior escena y por lo que hubiese sucedido si no hubieran llegado sus padres.

-Buenos días Señora Yamaguchi, señor Yamaguchi, lamento no avisar que vendría.

Tú eres mi estrella. (Finalizada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora