12- Niña pequeña

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Llegó la mañana del sábado, el cielo estaba nublado y posiblemente llovería. 

Como siempre me aseé y me puse mi uniforme, para luego pasar por la habitación de Roger. Entré y abrí las cortinas aunque no entraba demasiada luz. En la mesilla de noche había un libro que no había visto antes. Parecía mas una especie de libro manuscrito, o incluso un diario. ¿Quizás Roger tenía un diario secreto? la simple idea me hacia gracia y a la vez me daba curiosidad el saber, que era lo que escribía, si escribía cada día y si hablaba de mi. 

Cuando quise acercarme mas al libro Roger se revolvió en la cama, así que decidí dejar los secretos en su sitio y dedicarme a lo que realmente importaba, así que me senté en el borde de la cama y me quedé mirando a la persona de la que me había enamorado irremediablemente. Le acaricié con suavidad su precioso pelo rojo y comenzó a despertar.

-Buenos días Roger.- le dije en voz baja mientras le sonreía.

-Buenos días pequeño. -se desperezó y aprovechó para atraparme entre sus fuertes brazos. No me resistí en absoluto, de hecho quería que me abrazase mas, pero el deber era el deber.

-Vamos, debes levantarte y arreglarte para ir a desayunar. - con un suspiro de resignación se incorporó para salir de la cama.

-¿Por que no nos duchamos juntos?

-Si claro, pero hoy no... mañana. -así desistiría de la proposición.

-Te tomo la palabra. -antes de desaparecer tras la puerta del baño me guiñó un ojo. Me parece que no pilló el sarcasmo.

Al ser fin de semana Roger no tenía responsabilidades que atender, así que después del desayuno me pidió que lo acompañase a la ciudad. 

Al parecer cada ultimo sábado de mes se celebraba un gran mercado y al caer la noche había un baile al que asistirían todos, incluso las personas que trabajaban en la mansión.

Me encontraba en mi habitación, arreglándome para cuando llegase Roger y vi la puerta abrirse muy despacio. Me quedé quieto esperando que quien fuese entrara. Pasados unos segundos por fin se dejó ver. Era Erika y parecía algo inquieta, antes de cerrar la puerta miró a ambos lados y entonces me miró sonriente.

-Señorita Erika, ¿que la trae por aquí?

-Bueno, quería saber si te gustaría pasar la tarde conmigo y así nos conocemos mejor. -mientras hablaba se acercaba lentamente, parecía inocente pero claramente tramaba algo. Al llegar a mi posición me agarró de la corbata y tiró hacia ella llegando a rozarme los labios. Me sorprendió ya que no pensé que haría tal cosa.

-Señorita, por favor, no haga cosas que podrían llegar a ser indecorosas.- retomé mi posición inicial y me arreglé la corbata.

-Vamos Alais, podríamos divertirnos mucho. -Su voz era melosa e insinuante. Me sentí incomodo por su insistencia.

-Señorita Erika, con todo el respeto, no estoy interesado en niñas pequeñas. -escuchar esas palabras hizo que me mirase con odio y recibí una sonora bofetada. Justo cuando pasó Roger entraba a mi habitación.

-Te avisé, mocosa!- vociferó haciendo que Erika se sobresaltara y cambiase su actitud radicalmente.

-Pero hermano el me ha llamado niña pequeña. -dijo poniendo ojos de cordero degollado.

-Y no se ha equivocado, tienes solo catorce años y a saber que le habrás dicho para que te diga eso.

-Pero...

-¡Silencio! - el grito de Roger me hizo temblar y al parecer a Erika también.-Creí habértelo dejado bien claro anoche. Si no quieres que me enfade mas de lo que ya estoy será mejor que salgas de mi vista.

La joven salió de la habitación rápidamente y sin mirar atrás. Yo agaché la cabeza, seguro que Roger me gritaría a mi también ya que estaba bastante enfadado, pero no fue así, se acercó a mi y me besó donde Erika me había golpeado y luego lo hizo en los labios de forma tierna, cosa que hizo que me relajase.

-¿Te duele? te ha dejado toda la mano marcada en la cara.- me acariciaba la mejilla suavemente pero me levante dirigiéndome a un armario estrecho, saqué de el un pequeño frasco, puse una gota del contenido de este en mi mejilla y lo esparcí. Al darme la vuelta Roger no podía creerlo, ya no había rastro de la marca.

-Cada día me sorprendes con algo nuevo. A saber que mas tienes ahí guardado.

-Recuerda que me dedicaba a esto antes de venir aquí, y por supuesto tengo elixires y ungüentos para casi todo.

-Bien, si ya estas listo vámonos. Hay muchas cosas que quiero hacer junto a ti hoy. Cuando regresemos ya me explicaras para que sirven todos esos frascos que tienes ahí. 

Salimos de la mansión en dirección a la ciudad. El cielo seguía gris pero tal vez no llueva... solo tal vez.

Mi SeñorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora