Fanática de la elegancia, la cruda sinceridad, la buena vida y redes sociales. Así es la vida de Ariana Macbeth.
O no, tacha eso, no puedo obviar lo más importante y la que la llevó a este punto: multimillonaria. Esa es la vida de la rubia más famo...
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Me levanto de sus piernas cuando ella se queja y voy hacia la cocina para traerle algo de agua, porque aunque ya se calmó, sé que puede seguir teniendo alguna molestia física que se cura con algo de agua.
—No quiero agua, mejor dime qué fue lo que sucedió que terminaste en casa del odioso de Dylan. —entra a la cocina y sube y baja sus cejas.
Ruedo mis ojos. —Termine como una tonta desmayada en el ascensor porque alguien me paso su ansiedad —la señalo y ella solo rueda sus ojos. — y él me ayudó. —ella frunce su ceño.
— ¿Cómo que desmayada? —frunce su ceño y luego abre mucho sus ojos. — ¿Te quedaste encerrada? —niego y ella vuelve a fruncir su ceño. —Entonces... ¿no hay razón? —me encojo de hombros y me tomo el agua que le serví a ella.
—No lo sé, solo sé que me sentí mareada y desorientada y al final me desmaye. —frunzo mi ceño volviendo a recordar y salgo casi corriendo de la cocina hasta dar con mi mochila y ver las notas allí.
Las tomo y vuelvo a sentirme desesperada. — ¿Quién coño te crees para hacerme sentir insegura en mi propia casa puto psicópata? —arrugo las notas y las boto a un lado. —Maldito hijo de puta.
— ¿Qué pasa? —paso mis manos por mi rostro tratando de calmarme y me giro hacia Brooks.
—No lo sé, creo que podría tener un acosador de mierda. —le señalo las notas y con su ceño fruncido las toma y las lee.
Luego de leerlas me observa. — ¿Has visto las demás que te han mandado? Puede que solo sea una broma. —niego.
—Jamás habían puesto firmas Brooks. —se encoje de hombros y las deja en la mesa de centro.
— ¿Y? Puede que solo quieran joderte la paciencia. —tomándole algo de sentido cierro mis ojos y asiento, calmándome un poco más.
—Las mandaré a analizar porque nadie me joderá y saldrá ileso. —niego.
—Si decides darle esa importancia, está bien, pero solo digo que no creo que hayan sido así de estúpidos sabiendo quién eres.
—Esperemos que sí lo sean.
Me siento en el mueble y dejo salir un suspiro. —Al menos no todo fue tan malo, conseguiste hablar más de dos segundos con el odioso de Dylan. —río.
—No es odioso, pero sí y además me invitó a su casa el viernes. —ella alza sus cejas y luego ríe.
—De acuerdo, ¿y que se supone que harán? Porque ya sé eso de que estás intentando no hacerlo con él más rápido de lo que en realidad quieres.
Ruedo mis ojos y la miro sentarse a mi lado. —Yo nunca dije eso.
Ríe. —A ver, no le has coqueteado —enumera. —, no le has escrito aun cuando tienes su número y siempre dejas que él se vaya sin siquiera sacarle una pizca de conversación, Aria. —bufo.