Capitulo 12

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-Seis de Marzo del 2004, Sábado-

Comenzó el fin de semana nuevamente. Ahí me encontraba yo, en el hotel almorzando algo con Silvia. La rubia estaba alegre de que el fin del viaje estaba cerca... Pero yo, dejaba mucho que desear. Ella lo sabía y evitaba a toda costa el tema, pero yo me retorcía del dolor por dentro. Apenas toqué mi comida... Y vi que Silvia se asustó por eso.

-Oye, amiga... ¿Qué ocurre contigo? -Preguntó preocupada-
-Sólo... No tengo hambre -Sonreí jugando con mi almuerzo-
-Se que no quieres tocar el tema... -Levanté mis ojos- Pero algún día iba a terminarse, de alguna forma u otra, no importa como... Es sólo un capítulo más en tu vida...
-Pero ese capítulo, ahora es todas las páginas de mi diario -Musité interrumpiéndola-

Vi que Silvia frunció el seño, y miró angustiada su plato de comida.

-Y lo sé... -Susurró dando un bocado- Pero no puedes quedarte toda la vida atrapada en eso, se trata de continuar...
-Quiero aunque sea saber el nombre de la persona que robó mi corazón -Bajé la mirada para jugar nuevamente con el almuerzo- Quiero conocerlo, y luego podré seguir... -Levanté la mirada-
-Yo no soy quien para evitar que lo hagas -Musitó mirando su comida- Pero no dejes que esto afecte nada de ti, mi cielo -Dijo dulcemente- ¿Preparemos nuestras maletas, vale? -Preguntó con una sonrisa, juntando los platos de la mesa-
-Vale -Sonreí intentando demostrar entusiasmo, pero no funcionó. Silvia me miró con cara de pocos amigos y me abrazó fuertemente-
-Verás que todo mejorará, cariño -Dijo acariciando mis cabellos-

Dicho esto, fue a dejar los platos en la cocina y fue a preparar sus maletas... Yo hice lo mismo. Reímos ambas al hacernos bromas, entre otras cosas. Tomamos nuestros pasaportes y nos dirigimos a la estación. Esta vez íbamos temprano, asique no nos apuramos en lo más mínimo. Una vez en la estación, entregamos nuestros pasajes y nos subimos al tren, para ubicarnos el nuestros lugares... Aparentemente, hoy no coincidían nuestros asientos, por lo que saqué mi diario, y comencé a escribir.

"Hoy era un nuevo día... Estaba algo deprimida, algo devastada... Porque sabía aun teniendo la oportunidad de caer en sus brazos y no preguntarle su nombre, había perdido las esperanzas de todo... ¿Cómo pude haber sido tan idiota de no hacerlo? Mi cabeza estaba dando vueltas y vueltas, como si un remolino se llevara todos los sentidos y los pensamientos a una dimensión desconocida, dejando sólo el recuerdo de sus hermosos ojos mieles..."

Apoyé el diario en mi regazo junto con el lápiz que tenía punta bastante afilada. Recogí mi cabello en un rodete y seguí escribiendo.

"...No tenía una cierta claridad de los sentimientos que había en mi interior, es más, creo que se habían extinguido. Sentía simplemente un vacío en lo profundo de mi alma, que solamente con su simple presencia podría llenarse..."

Cerré mis ojos con fuerza, necesitaba recordarlo para poder anotar exactamente qué era lo que sentía con él. Abrí mis ojos y observé a Silvia, que descansaba sobre el asiento, respirando pausadamente. Miré a mi alrededor, noté que el tren no se encontraba en movimiento en este momento... Observé por la ventana, estábamos en otra estación. Suspiré, el tren estaba demasiado tranquilo, no quería ver otra clase de gente. Volví a tomar mi diario.

"...El tren se había detenido, estábamos en una estación nueva, en la cual Silvia y yo no teníamos que bajar... Malditos trenes, todavía me arrepiento de no haber tomado un avión hacia Madrid. Agradecía que sólo quedaran 5 días de viaje... Pero ahora que lo recuerdo, él era la única razón por la que estuviera aquí sentada, escribiendo esto. Todo era muy patético. No sabía con exactitud qué era lo que me pasaba con él... Pero estaba más que segura, de que estaba completamente loca y enamorada de él".

Tomé el diario y me quedé leyendo lo que puse... Todavía no comprendía lo bipolar que fui hoy. ¿Cómo él podía causar todo esto en mí? Era algo inexplicable, pero estaba segura de que estaba loca, no sólo por él, si no yo misma lo estaba. "Idiota eres"; me repetía una y otra vez en mi cabeza. Cerré el diario y lo guardé, sacando el libro que estaba leyendo. El libro policial titulado "Nomeolvides" por Sienna Anderson, era completamente increíble. Era la historia de una chica que fue secuestrada por tres meses y pudo escapar. Cuando la encuentran casi muerta y ella logra despertar, no recuerda nada de sus meses de cautiverio ni de su captor. Cuatro años más tarde, el asesino vuelve a buscarla dejando mensajes en otras víctimas, y más se iba acercando a ella. "Te enviaré pétalos de nomeolvides para ayudarte a recordar", era la gran frase del libro. El detective Matthew Lawson estaba a cargo del caso, y él se termina enamorando de ella, y ella también. Una gran historia de amor, y muy hermosa.

-Disculpe, señorita... -Dijo una voz aterciopelada- ¿Podría sentarme junto a usted? Es mi asiento...

Dicho esto, levanté la cabeza y vi sus ojos mieles. Él sonrió dulcemente, algo tímido. Ambos nos quedamos conectados con miradas, sonriéndonos. Sacudí mi cabeza y volví a mirarlo.

-Si, claro -Sonrió- Es tu asiento, permíteme que me corra...
-¡No! -Exclamó levemente, lo miré sorprendida- No haz de molestarme, dulzura -Dijo tiernamente, sonriendo con los ojos- Quédate a mi lado, no quiero molestarte -Sonrió esta vez-

Era una petición difícil de aceptar... ¿Pero como alejarme nuevamente de él? Se me presentó la tercera oportunidad... Y no, esta vez no podía dejarla ir.

-Si tu lo quieres así -Sonreí yo también-

Él se sentó junto a mí y sacó su diario... ¿Acaso el escribía como yo? No quería molestarlo, asique volví a concentrarme en el fragmento de libro que estaba leyendo... Pero no podía evitar no mirarlo de reojo y sonrojarme, y gracias a esto, descubrí que él estaba mirándome. Me miraba y observaba mi comportamiento, y luego volvía a escribir. ¿Acaso era una clase de obsesionado con las mujeres y asesino como Peter Franklin, como el de mi libro policial? ¿Acaso era capaz de hacer una cosa así esa persona de ojos hermosos? Bueno, no siempre los ojos lindos son sinceros... Veamos la realidad, Peter tenía ojos celestes y terminó siendo el obsesionado con Isabella. Porque él la amaba, la quería con él para siempre... Y si no estaba con él para siempre estando vivos, iban a estar juntos también en la eternidad. Cada día me quedaba más impresionada, de cómo la gente estaba más loca hoy en día... Creo que el libro ya me estaba llevando a alucinar, asique lo cerré porque no quería pensar más en estas estupideces. Todavía me sorprendía que Peter, ese hombre tan dulce fuera el más loco, y el que fue capaz de hacerle todas esas cosas a Isabella... Y que Matthew haya ido por ella, para salvar su vida... Era increíble. Creo que era como la segunda vez que leía ese libro, y no dejaba de sorprenderme. Sonreí al recordar la fantástica historia que me encantaría leer todos los días de mi vida, pero si hacía que fantasee con el chico de los ojos cafés de esta manera... ¿Mejor evitarlo, cierto? Antes de dormirme, agarré mi MP3 y mis auriculares... Pero antes de ponérmelos, sentí un brazo tocar mi hombro. Me volteé, y ahí estaba el. Me sonrió, y creo que solté los auriculares, dejándolos caer junto con la gravedad.

-Oye... ¿Cuál es tu nombre? -Me preguntó, miré sorprendida- Digo, me encantaría saber el nombre de la chica que cada noche entra en mis sueños...

El Tren de los Silencios #InsideAwards2017Donde viven las historias. Descúbrelo ahora