Deslizo muy despacio mis dedos por su rostro, suspirando con cierto punto de alivio cuando me encuentro con su piel un poco más cálida, y un poco menos pálida. Sabía que un lugar menos extraño como las calles transitadas de Los Ángeles iban a ayudarla aunque sea en algo, y que el hogar que ella y yo forjábamos en mi techo, quizás le podría ayudar a tranquilizar su estado. Aún si no me escuchaba.
Ya habían transcurrido dos horas desde que habíamos llegado del hospital, al que habíamos recurrido con tantas prisas que ni si quiera puedo recordar cómo llegamos ahí. Tan sólo puedo visualizar en mi mente las imágenes de cómo el médico inyectaba algo transparente en el brazo de mi pelirroja, haciendo que su pulso se controlara y repentinamente, sus ojos se cerrasen en el sueño que se encontraba ahora. Me vi a mí mismo bendiciendo un medicamento, por primera vez.
Según él estaba bien, según él pronto iba a despertar, cuando su cuerpo asimilara el antibiótico y el veneno desapareciera de sus venas. Odiaba tener que ponerme en manos de un doctor, odiaba si quiera ponerme en manos que no fuesen las de ella. Pero era justamente por ella por lo que debía confiar en ése médico, así que no me quedaba de otra.
Sólo esperar.
-¿Crees que falte mucho? -Me cuestiona Taylor cuando da pasos rápidos dentro de mi habitación, logrando que mi rostro se girase rápidamente hacia el cuerpo de él, mirando sus pies con cierta severidad. El castaño retrocede dos pisadas, sabiendo perfectamente lo mucho que me disgustaba que alguien viniese al lugar que era tan mío, que no compartía con nadie; sólo con ella. - Lo siento, es que... Lleva dormida más de noventa minutos.
Pero le entendía. Era su mejor amigo.
-El doctor Dorsey dijo que necesitaba tiempo para descansar, Taylor. -Le respondo volviendo mi vista nuevamente a la perfecta criatura postrada en mi cama, acariciando casi sin tocar su mejilla, casi sintiendo mi piel ablandarse ante lo suave que era su piel al tacto. Casi la noto exhalar despacio, como si pudiese reconocer aquel gesto.- Así que debemos aguantarnos esta maldita espera.
El muchacho suspira con pesadez a mis espaldas, y de soslayo puedo detectar cómo enreda sus dedos en su cabellera descontrolada, transformando su rostro en una mueca de angustia.
De pronto, había algo que se me había escapado de las manos, al empezar.
-¿Cómo la supiste encontrar, Taylor? -Pregunto al aludido, girando mi cabeza hacia él mientras una de mis cejas se alza, queriendo juntarse con la otra.- ¿Tú estabas con ella acaso?
"¿Por qué tú?" Quise preguntar realmente, notando nuevamente el sabor de la sospecha balancearse con amargura por mi repentinamente seca lengua. Estaba haciéndose un tanto tedioso tener que desconfiar de todos de un momento a otro, pero simplemente no podía evitarse, considerando todo lo ocurrido. El ridículo cambio tan radical que había dado esta historia. Cada vez más retorcida.
Taylor traga saliva fugazmente, y su labio inferior tiembla con ligereza, tratando sus pupilas de mantener mi contacto visual. Algo no iba bien.
-Es complicado, Billie... -Me dice con un deje de arrepentimiento en su voz, temblorosa y quebrada.- Pero prometo explicarte bien, en serio. Lo prometo.
-Taylor... -Escupo su nombre entre dientes, alzándome de aquella cama lentamente pero con firmeza sobre mis pies, cerrando mis manos en puños con tensión. No había algo que me molestase tanto, como alguien que sabía había hecho algo y trataba de ocultarle o posponerlo frente a mi rostro. Qué jodido error darme por idiota.- Más te vale hables ahora mismo o yo mismo te voy hacer hablar.
Digo, mientras él se remueve nervioso sobre el lugar que pisaba, jugueteando con sus dedos frente a su vientre, abriendo y cerrando su boca, totalmente vacilante.
-¿Estabas con ella cuando se había ido a verse con Chad? -Le presiono al no ver respuesta suya, acercándome cada vez más hacia su presencia, acortando la distancia que bien intuía, él quería guardar. Por su conveniencia.- ¿Acaso tú mismo estabas ahí cuando le terminó? ¿Qué jodidas mierdas pasó, Taylor? ¿¡Qué mierdas le hizo ese maldito hijo de puta a mi pelirroja!?
-¡Nada, él..! -Da un respingo el muchacho sacudiendo suavemente sus manos por instinto, desviando sus ojos hacia mis pies, gimiendo por lo bajo con ansiedad.- Él... Él no le hizo nada, y ella... Ella quiso terminarle, pero no pudo, Billie, no... ¡Diablos, es tan complicado!
-¿¡Qué!? -Me permito alzar mi voz en un gruñido con furia, abalanzándome hacia el castaño para tomar su cuello entre mis dedos, jalando con mis otros cinco su camiseta con tantas ganas, que casi puedo escuchar la tela rasgarse un tanto. Sus ojos se abren con pavor hacia los míos, quienes deseaban sacarle la verdad hasta por las vísceras si era necesario. Estábamos hablando de la mujer que amaba. Aquí nadie era mi amigo ni mucho menos mi confidente entonces.- ¿¡Qué mierdas es tan complicado!? ¡Responde!
Grito con descontrolado enojo que se palpa en el aire, manchando de pronta advertencia de venganza a la expresión aterrorizada de York, cuando de pronto un jadeo agudo se hace entre mis oídos, no proviniendo de los blancos labios envueltos en miedo que se encontraban frente a mí, quienes también se habían dado cuenta de aquella nueva intervención que había interrumpido mi casi desahogo de ira y juicio injusto a propia voluntad.
-Billie...
Oigo mi nombre que aquella voz pronuncia con debilidad, y rápidamente siento mi pecho derretirse en pavor y alivio a la vez, abriendo mis ojos con sorpresa al momento en que reconozco tal canto infantil, empujando el cuerpo de Taylor lejos de mí con la fuerza suficiente para apartarlo, dándome enseguida la vuelta hacia mi cama, sin dudarlo un segundo si quiera.
Ahí estaban sus pequeños ojos verdes apagados frente a mí, en una lucha contra sí misma para mantener sus párpados arriba, quienes ganaban bajándose de vez en cuando, logrando que sus pupilas cansadas se ocultasen tras el manto de estos, por fracción de segundos.
Estaba tan indefensa.
-Preciosa... -Susurro cayendo en picada sobre mi colchón a su lado, tomando su blanco rostro entre mis manos con esforzado cuidado y necesidad, acercándome a ella de inmediato, estudiándola lo más que puedo con mis ojos preocupados, tratando de hallar respuesta de que estaba bien.- Hayls, joder, estás aquí.
-Bills...
Oigo a sus labios llamarme en un débil hilo de voz, mientras sus ojos batallan por mirarme directamente, cerrándose estos por instantes, al tiempo que su boca tiembla con levedad. Se veía tan expuesta, tan inocente y frágil. No lucía bien.
-...Me... duele.
Agrega en un murmullo helado, mientras su fino y desprotegido rostro se transforma en una ligera y perezosa mueca de angustia, alzándose sus cejas sin ganas hacia arriba, queriendo juntarse. A ella le dolía su cuerpo. A mí verla así.
-Joder, preciosa... -Escudriño entre dientes, acariciando con mucha suavidad aquel pálido labio inferior, mientras mis ojos revolotean por aquella mirada perdida, buscando con frustración el aliviarla de alguna manera, que se escapaba de mis manos. Todo lo que podía hacer estaba hecho.- Te juro que pronto pasará. Tu cuerpo recién procesa el medicamento ya... Sólo necesitas descansar más. Y disminuirá todo.
-No... -Me dice negando con su cabeza en su lugar, mientras su ceño se convierte en una débil mueca de angustia, notando su respiración comenzar a acelerarse poco a poco, cuando su delicado pecho sube y baja una y otra vez, con esfuerzo.- No quiero dormir, Billie. Ellos... Ellos sólo quieren hacerme daño. Ellos hicieron esto, yo... Tengo miedo, Billie, tengo mucho miedo.
Convierto mi ceño en una flamante expresión de confusión, comenzando a trazar círculos ligeros sobre las sienes de ella usando mis pulgares, y junto mis cejas tratando de descifrar aquella frase, mientras me inclino inconscientemente hacia ella, relamiendo mi inferior con leve inseguridad.
-¿Ellos? ¿Daño?
Apenas logro pronunciar con voz ronca, justo antes de que ella comenzara a mover su cabeza de un lado hacia otro, logrando que sus húmedos cabellos se pegaran a sus mejillas por el sudor de su frente, atravesando un pequeño escalofrío que consigue hacer curvar con torpeza su columna, al tiempo en que noto sus dedos querer aferrarse con fuerzas a mi abrigo, intentando empujarme hacia ella, cada vez más alterada.
-¡Ellos, maldición! -Me dice en un ronco y ahogado grito, frunciendo sus temblorosos labios, desviando su vista hacia su vientre por unos instantes, juntando sus salpicadas cejas de sal.- Billie, todo esto es una trampa... Es una... Trampa, todo es una mentira.
-Necesitas un maldito vaso de agua, joder...
Digo, buscando no desesperarme ante tal grado de duda que aquellas extrañas palabras de angustia saliendo de su boca habían logrado causarme, girando mi rostro hacia la puerta en busca de Taylor para ordenarle que saliese por un poco de líquido o cualquier mierda que la calmase. Pero en su lugar sólo me consigo una rechinante puerta vacía, que vacila con ligereza ante la ráfaga de viento que danzaba por el pasillo, no dejando más que la ausencia repentina de aquel castaño.
Habría huido por miedo a que buscase de más información sin mucha cordura por mi parte, o quizás por no querer desgarrar más mi paciencia. De cualquier forma no entendía muy bien su silenciosa despedida, no después de la preocupación que había mostrado por su amiga hace unos minutos.
En tal caso, no era mi mayor angustia en aquellos instantes.
-Hayley, voy por un poco de agua pero necesito que te tranquilices y me digas que... -Digo volviéndome hacia ella, no encontrándome más que con sus labios levemente entreabiertos y sus ojos completamente cerrados, suspirando un suave amargo suspiro que le dormía nuevamente.- ...pasa.
Exhalo, tragando saliva unos instantes, pestañeando con prisa repetidas veces mientras cada pieza de aquel rompecabezas parecía no concordar cada vez más. Estaba a punto de volverme loco y ni si quiera me estaba acercando a descubrir qué demonios pasaba.
Estaba siendo demasiado al mismo tiempo, y el tiempo era lo que no tenía. Si pudiese elegir a un segundo enemigo, definitivamente las horas serían el perfecto espectro del cual huir, después de mí mismo.
La miro por última vez, y tuerzo mi boca con frustración pero cierto alivio al verla dormida. Esperaba en unas horas volver a verla despierta, y un poco más centrada. Con suerte, aquella reacción de ella habría sido algún efecto secundario del antibiótico administrado en su cuerpo, y no otra locura más que debía descubrir.
De alguna manera, no iba a saberlo hasta que volviese a abrir sus ojos, y para eso, sentía, faltaba mucho.
Dejo la puerta entreabierta y atajo mi mejilla interior entre mis dientes, comprobando que se encontrara rendida en mi colchón. Nuevamente la recuerdo de otra forma en mi cama, y la nostalgia del tranquilo pasado me hace envidiarlo por unos instantes.
Ruedo mis ojos para mi interior, y abandono la habitación. Las cosas pasan por algo y pasan para no volver jamás. Debía recordarlo más a menudo, me temía.
Extraigo mi mano hacia fuera de la ventanilla y balanceo con suavidad mi cigarro expuesto al exterior unas cuantas veces. Varias cenizas caen hacia el húmedo asfalto y reclino mi cabeza en el respaldo del asiento, exhalando lentamente el humo blanquecino por mis labios, observando a través de la ventanilla de mi auto el irregular paisaje nublado de una tarde en Los Ángeles, bastante gris.
Había disfrutado mucho de aquel clima, si el helado aire de la preocupación hubiese desaparecido de mi pecho al menos por unos instantes. Pero parecía que incluso, montándome en mi auto y conduciendo hasta la calle siguiente para fumarme un maldito cigarro, el miedo de estar lejos de ella iba a perseguirme sin descanso.
Desafortunadamente debía alejarme unos instantes de aquella casa o iba a volverme loco. Requería de mi cigarrillo y ella iba a olerlo al despertar. No quería aumentar la tensión en todo esto, y tampoco dejar de intentar despejarme un poco.
Aunque sólo había conseguido no dejar de recriminarme por no permanecer a su lado, y comenzar a formular mil y un hipótesis sobre todas estas amenazas, y absurdo misterio, que me harían querer dar vuelta al jodido volante y regresar corriendo a la cama junto a ella.
Si envidiara la vida de un jodido drama televisivo seguro y no me habrían pasado todas estas estupideces. Pero por supuesto nunca subestimes el apellido Armstrong, y su nato y maldito don para meterse en problemas de complicadas novelas.
Aún así las oscuras nubes seguían danzando para mí, y volvía a encontrarme dando vueltas en mi cabeza, aferrando una de mis manos a la palanca de cambios y la otra a mi cigarro. Sin poder calmarme un poco, y continuando sintiéndome culpable de haberla dejado sola en casa, durmiendo.
-Al diablo con mi maldita paz.
Gruño entre dientes, dando una última calada al cilindro entre mis dedos y dejándolo caer a la carretera mientras enciendo devuelta el motor, en un rugido tosco y grueso, me doy por vencido.
Era idiota continuar esforzándome por tranquilizarme unos segundos. Mi vida había dejado de ser tranquila desde hace mucho y no iba a cambiarlo fumando unos minutos y mirando un dramático cielo a punto de estallar en tormenta que me haría pescar un resfriado.
Debía dejarme de tonterías y volver a casa junto a Hayley en donde pertenecía, y afrontar el estúpido melodrama que me había tocado. Después de todo, había dejado mi chaqueta en el sillón y ya comenzaba a hacer frío de más.
De ése modo estuve a punto de conseguir alejarme de aquel insoportable panorama, cuando de pronto una horda de inoportunos y repentinos fotógrafos comienza a rodear mi auto, bombardeando con sus cámaras los cristales a mi alrededor y todo el campo de visión que se me había otorgado. Casi escucho mis nudillos tronar con furia cuando los oigo empezar a preguntar lo que sabía buscaban saber, y de un momento a otro me enojo conmigo mismo por reconocer que estaba esperando esto. No tenía salida después de acumular tantas consecuencias aquel 21 de septiembre, me culpaba. Era obvio.
-¡Al fin apareces, Billie Joe! Creímos que íbamos a conseguirte inconsciente en algún callejón de California. Quizás finalmente puedas darnos respuesta de tu reciente espectáculo en el Festival.
-¿Creíste que ibas a escaparte, Green Day? Sabes que debes dar respuesta en algún momento, Billie. Se dice que la policía está buscándote, parece que tienes problemas legales con la droga, ¿qué sucede, Armstrong?
-¿Vas a responder o seguirás fumando? ¿Qué es eso de todos modos? ¿Cocaína?
Me retuerzo en mi cabeza y aprieto con tales fuerzas mis dientes que los siento rechinar de ira al oír tantas idioteces salir de las bocas de cada uno de estos imbéciles. No había peor plaga que los paparazzis y su asqueroso objetivo de meterse en la vida de los demás.
Apenas y puedo dirigir mi mirada hacia ellos esperando que se alejaran de una vez por todas de mi auto para salir echando humos de aquí. Pero parece ninguno querer inmutarse y por lo contrario, aumentaban cada vez más. Los mosquitos eran menos fastidiosos que estos animales. Incluso las cucarachas se soportaban más, y no necesariamente la de la canción.
-Fue un error de combinación de sustancias y un vergonzoso exceso. No volverá a suceder, no les interesa de todos modos.
Respondo a secas con tono robótico, y esto parece alimentar más su deseo de seguir invadiendo mi privacidad, acercándose cada vez más a mí y cegando mi visión con sus flashes, que mis cabellos negros y desordenados por todo mi rostro no lograban amortiguar.
Restaban segundos para perder el control y atropellarlos, todo para escapar de aquí. Más les valía irse pronto o iba a tener que dar más explicaciones por la mañana.
-¿Combinación, Billie? ¿De qué?
-¿Realmente crees que no volverá a pasar? ¿Acaso te viste en Youtube, Billie Joe? No parece como si pudiese no volver a pasar así como así.
-¿Por qué lo haces, Billie? ¿Hay algo que está pasando y no quieres decirnos? ¿De qué tratas de escapar?
Había sido suficiente para hacerme tomar el volante entre mis dedos y pisar con fuerzas el acelerador. No iba a soportar más de aquello y tampoco perder mi tiempo en dar explicaciones que iban a desfigurar en algún titular al día siguiente. Ya tenían suficiente material con tan sólo las fotos de mí fumando en aquel recinto, y no iba a ofrecer más información que cambiarían después para su conveniencia.
No iba a permanecer allí por más tiempo, no ahora que mi necesidad por volver a casa crecía cada vez más, y no me refería exactamente al lugar donde vivía, si no a ella.
Los escucho quejarse mientras corretean cual insectos para apartarse de mi auto cuando comienzo a acelerar en dirección contraria a sus lentes, y enciendo la radio para buscar silenciar aún más sus voces y fastidiosos flashes, que poco a poco dejaba atrás.
Si había renunciado a mi búsqueda de paz me quedaba más que claro que no iba a tenerla ahora más que nunca, y que lo más cercano a recuperarla se encontraba durmiendo en mi cama, con todos sus cabellos naranjas revueltos en su rostro y un suave hilo de saliva corriendo por sus comisuras, plácidamente dormida.
Casi puedo sentir mi pecho ansiar sentir sus piernas enredarse en mis caderas cuando me tumbase a su lado, para tan sólo mirar el techo y saberla junto a mí. Lejos de todo éste desastre que era, y todos estos laberintos, aunque sea por unos minutos.
Casi logro llegar a mi objetivo cuando al pisar el acelerador, de pronto un haz de luz invade mi vista pasando de ser de unos grandes focos fluorescentes a alarmante distancia, a un gran paisaje blanco que no logro distinguir en absoluto.
Siento mis brazos empujar el volante hacia un lado y de pronto árboles y estrellas danzan en círculos a mi alrededor mientras mis órganos se apegan a mis paredes que se contraen a mi cuerpo, haciéndome detectar con mayor estímulo mi piel juntarse contra mis huesos, completamente helados.
Pero no puedo hacer ni entender nada, más que de un segundo a otro me encontraba dando vueltas sin sentido en mi puesto de piloto, sin saber si iba a detenerme o incluso, moverme. Sin saber qué rayos había sucedido.
Un fuerte pitido se hace entorno a mis oídos y conforme seguía escuchándose puedo captar cómo el contraste de aquel sonido se esclarecía y se convertía en algo más.
Alguien grita con pánico. Una mujer.
Siento mi saliva ir con pesadez por mi garganta y de pronto un gran vacío invade mi estómago que me hace advertir, que todo terminaba pronto, y que ya no había más por hacer.
.
Me debato de un momento a otro si ahora la gravedad ya no me sostenía, y entonces cierro mis ojos, encontrándome con la oscuridad.
Y finalmente, no supe nada más.
ESTÁS LEYENDO
Interlude; Take Back.
FanfictionDicen que el tiempo lo cura todo, y que las vueltas de la vida pueden ser más repentinas de lo esperado. Pero Billie y Hayley siempre subestimaron esto, sin si quiera detenerse a pensar qué pasaría después de sacar de su vida al otro, o si acaso re...
