Capítulo 11

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Al día siguiente decidí ir a ver a Daniel y Franki al cementerio, me coloque lo primero que se me cruzó por el camino, lleve flores blancas las cuales compre en la entrada.

Tenía varios meses de no visitar a Daniel, voy por petición de Ruth pero otras veces por simple afecto al recuerdo de saber que Daniel también lo conocía. Ese día fui por la segunda razón, necesitaba hablar con ambos, primero fui con Franki.

-Hola Franki, ¿Ese es tu nombre? Espero que si. - Sonreí mientras encontraba un lugar donde dejar medio ramo de flores blancas. - Sabes, compre estas rosas para ti, pero tu tienes muchas en este momento así que espero que no te moleste, se las entregaré a Daniel. Seguramente no te molestaras Cata dice que eres una persona maravillosa y que si te hubiese conocido en vida me agradarías y también que tratarías de conquistarme.

Acomode las flores que estaban cerca y me senté cerca a contemplar, a donde vamos a parar cuando nuestra dulce y/o amarga alma deja nuestro cuerpo.

-Sabes... - Continúe. - No tengo ni idea de como es que vine hasta aquí, solo se que vine porque el impulso a veces forma parte de mi existencia. Además vine a... como se dice esta palabra... - Pensé durante varios segundos hasta que apareció. - mostrarte mi enojo, odio que las personas decidan que es mejor quitarse la vida que cualquier otra cosa, vamos la vida es más fácil e incluso salir corriendo de los problemas es más fácil que la muerte.

<<Pero no te juzgo es decir me molesta que lo hicieras, pero yo no y soy tu, no en vano dice esa frase de que "cada cabeza es un mundo". Pero las personas que se suicidan ¿Son egoístas? O simplemente tiene la valentía suficiente para hacer lo que otros llaman vivir, aunque pasen la vida quejándose de lo miserable que es su vida.

<<¿Ellos son valiente o tu lo fuiste? Ellos por quedarse a luchar o tu por haber decidido acabar. - Reí. - Sí sigues las reglas de la psicología y las primeras cinco veces pensaste en ti ¿Fue egoísmo o amor propio?

Suspire y encendí un cigarrillo por que ya lo necesitaba y me importo poco Catalina y sus opiniones.

-Me entere de que tenias dos niños, no especificaron que generó, pero eso no importa realmente, lo que importa realmente es si pensaste en ellos cuando acababas con tu vida, dime ¿Lo hiciste? ¿Pensaste en que no los verías nunca más? Dime acaso no tuviste la ilusión de verlos crecer, vivir, desilusionarse y seguir viviendo. - Di varias inhalaciones y exhalaciones de humo, el grupo va a castigarme por esto. - No digo que solo pensarás en ellos. ¿Y tu familia?

<<Estabas ya lo suficientemente grande como para dejarlos solos y que se acostumbraran a la idea de que el niño que veían jugar, al que vieron crecer, al que vieron enojarse, reír, creer, soñar. Si bien dicen que el olvido no es más que la costumbre de no recordar, porque crees que esa fue la mejor opción.

<<Me dan unas ganas terribles de sacarte de esa tumba, decirte lo que opino y de me escuches, comprendas que esta vida no es para vivirla es para que la disfrutes, para que dejes una huella en este tonto mundo lleno de violencia. -Fume, poco faltaba para acabar mi cigarrillo. - La vida es un don de oportunidades que puedes hacer tuyas si así lo deseas.

<<La vida no es perfecta y no te juzgo simplemente me enoja, que lo hayas hecho, quizá en el fondo puede que te tenga envidia. - Bufé. - Ya ni siquiera se porque hablo con una tumba vacía, por eso es, una tumba vacía. Tu alma donde quiera que este, espero no me escuche porque no quiero que me reclames, no me gustan los fantasmas, me aterran...

-Lindas palabras. - Dijo una voz femenina justo detrás de mí, ese día me lleve el peor susto de mi vida.

-¡Santos Espíritus! - Cuando volteé una mujer de cabello oscuro me estaba observando, sus ojos tenían la peor cara de tristeza de toda mi vida. Se acentuaba las arrugas en su rostro, vestía de negro y tenia su ojos rojos. - Mil disculpas no quise molestar. - Dije rápidamente y me puse de pie.

-No hay problema, pero esas palabras las debería escuchar una persona viva y no una tumba vacía. - Dijo con un pequeño gesto, el cual no supe si fue de disgusto, tristeza y alegría, o aprobación. - Conocías a mi hijo.

¡Santos Macarrones! Exclamé en mi pensamiento, dije un sinfín de barbaridades enfrente de la madre del difunto. ¡Qué en paz descanse!

-Lo lamento no sabia que era su hijo. - Suspiré y la observe. - Lamento su pérdida. - Dije finalmente, ya dando por terminada la conversación, tome mis rosas y caminé hacia la dirección, de la tumba de Daniel.

-Esta bien, no hay problema. - Dijo mientras se acercaba a la tumba de su hijo. - Lo único malo, es que a mi hijo le de consejos una mujer que se mata lentamente consumiendo cigarros, creyendo quizá que eso es siquiera elegante.

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