Capítulo 16: Cuando las cosas se ponen feas

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Capítulo 16: Donde las cosas se ponen feas

Aquel sonido iba a volverlo loco. Kyungsoo quería encontrar el infernal aparato que había estado sonando desde temprano en la mañana y que lo había despertado ¿A caso nadie más en la casa tenía oídos?. La peor parte, lo escuchaba, pero no podía encontrarlo. Cuando estaba a punto de renunciar a su cordura y pensó que se convertiría en cosa del pasado, encontró finalmente el celular de Luhan en medio de muchos cojines en la sala. Vio las innumerables llamadas perdidas y estaba a punto de despertar al dueño como venganza con un grito, pero el teléfono empezó a sonar de nuevo. Era un número desconocido y, probablemente estaba equivocado, así que podía seguir sonando hasta que alguien contestara, así que Kyungsoo lo hizo.

–¿Hola?– dijo con cierto fastidio.

–Luhan, no tengo mucho tiempo. Por nada del mundo salgas hoy, ¿entendiste? Tus padres están en Japón, la empresa les dio facilidades. No hables con extraños y no contestes tu celular más. Sólo números que sean confiables. Tu hermana está bien, te llamaré mañana después de mandar un mensaje para que confirme el número. Todos están a salvo, pero por nada del mundo, escucha bien, por nada del mundo uses tu nombre chino, sólo el coreano.

–Pero...

–No hables, que no se registre tu voz. Adiós.

Kyungsoo se sintió como un amuleto de mala suerte. Había pensado tanto en que algo malo iba a pasar, que había atraído la desgracia. Incluso si en su cabeza eso era absurdo y no tenía sentido, sintió que su perfecto mundo se desmoronaba. Había notado que Luhan y Sehun actuaban extraño, pero nada que realmente le preocupara. Hasta ese momento. Empezó a darse cuenta de todos los encierros en el cuarto, de la ansiedad constante de Sehun por protegerlo. Al inicio pensó en que tal vez era mejor no decir nada y sólo cuidarlo, pero no podía hacer eso. Tenía la responsabilidad porque se había visto involucrado, incluso si fue sin querer. Pensó en los momentos que estaban juntos, como la clase de las dos de la tarde, pero la voz había advertido que no saliera de la casa. Tenía que hablar con él en ese mismo momento. De la nada, Jongin salió de su habitación con muy mala cara.

–Siempre te levantas temprano, ¿por qué? ¡Hoy ni siquiera tienes clase en la mañana!–su novio lo abrazó y empezó a tocarlo más de lo que debía, el mayor estaba demasiado preocupado, así que se revolvió en sus brazos. Jongin lo notó de inmediato.

–¿Estás bien?

–Sí, no es nada– el más alto lo sostuvo de los hombros y lo obligó a mirarlo directo a los ojos, era evidente que se había dado cuenta.

–¿Qué pasa? ¿Alguien te hizo algo? ¿Está todo bien?– preguntó con seriedad.

–Tengo que hablar con Luhan. Cuando me entere qué está pasando, te lo diré. Lo prometo.

–Júralo, hyung– pidió con firmeza.

–Kai, esto no es...

–Júralo, por favor– Kyungsoo suspiró, odiaba que el chico se saliera con la suya.

–Está bien, lo juro. Si veo algo malo está pasando, te lo contaré– su novio parecía satisfecho con su respuesta, besó sus labios y le dio una palmada amistosa en el trasero que lo hizo brincar.

–¡Ya!– se quejó avergonzado y el menor de los dos se echó a reír mientras sacaba leche fresca de la refrigeradora.

Kyungsoo respiró hondo, apretando el teléfono de Luhan en sus manos. Fue la habitación y golpeó la puerta. Sehun abrió casi de inmediato, el rubio parecía haberse despertado en ese momento, estaba despeinado y todavía con los ojos semi abiertos. Sehun apenas si tenía un bóxer puesto. El chico se sintió un intruso y pidió disculpas, pero el maknae ni se inmutó y tampoco mostraba mucho interés por taparse. Maldito mocoso exhibicionista.

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