Capítulo 7: She Loves You

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Evan

Ian me había hecho notar la forma en que Prudence trataba a los demás chicos que habían tratado de acercarse a ella, los rechazaba, en cambio a mí no, conmigo había hablado de muchas cosas personales. ¿Sería posible que yo le gustara a Prudence?

Hasta ese día no había hablado con nadie respecto a mis sentimientos por Prudence, me había costado un poco aceptarlo, todo parecía suceder tan rápido, a cualquiera le parecería acelerado o incluso ridículo, pero desde el primer día me había cautivado, ¿Y si ella sentía lo mismo? Era poco probable, no tenía sentido y aun así no podía quitarme esa absurda idea de la cabeza.

Ninguna chica jamás me había hecho sentir de esta manera, cuando la veía era como en esas películas, en las que un chico ve a una chica y el mundo se detiene, no, más bien desaparece y ya nada más importa.

Sabía que no podía ser el único que se sintiera así por ella, sin embargo, con ninguno de ellos Prudence había actuado como conmigo, aun así, tenía miedo de que mis esperanzas fueran en vano.

Un día Jake Cooper se acercó a Prudence, ella parecía molesta. Ella ya había rechazado al sujeto en anteriores ocasiones. Me acerque a oir su conversación, debo admitir que me puse un poco celoso, la mayoría de las chicas morían por él y si lograba conquistar a Prudence toda esperanza para mi habría acabado.

— ¿Entonces que dices? ¿Quieres salir esta noche?

— ¿El hecho de que te he dicho que no por lo menos cinco veces no significa nada para ti?

—No entiendo ¿Por qué no?

—Ese es el problema, tu nunca entiendes, quizá tiene algún problema de aprendizaje o algo.

No pude evitar reír ante la respuesta de Prudence y la mirada de confusión de Jake, entonces se dieron cuenta de mi presencia.

—Por favor, continúen, no se detengan por mí.

— De hecho, ya me voy. - Dijo Prudence dirigiéndose a la salida, yo la seguí.

No puedo evitar sonreír todo el trayecto,

— ¿Por qué esa sonrisa?—Sonaba molesta de verdad.

—No es nada, Prudence.— Por dentro estaba tan feliz de que Prudence hubiera rechazado a uno de los chicos más populares de la escuela y no podía evitar pensar que quizá tenía algo que ver conmigo.

— ¿Te divierte la estupidez de Jake?

—Algo así.

—Claro, no es a ti a quien fastidia con una cita.

—Afortunadamente no, eso sería muy raro.

Puso los ojos en blanco y añadió:

—Debo irme a mi casa, recuerda que el sábado nos veremos para trabajar en literatura.

—Claro.

Cuando Prudence se fue llegó Ian.

—Creo que tienes razón.

—Sí, claro— sonrió con autosuficiencia—¿En qué esta vez?

—Prudence volvió a rechazar a Jake.— Dije con notable emoción en mi voz.

—  ¿De verdad?— Ian parecía divertido.

—Sí, conmigo nunca ha sido así, talvez si le gusto.

—Si pero no importa ya que ,como me habías dicho, no te gusta Prudence.

—Sí, bueno, es que...

—Si te gusta, es evidente. Deberías decírselo.— Puso los ojos en blanco, era obvio que no podría engañarle.

—No creo, no aún.— Sólo de imaginarme que le confieso todo  a Prudence me llené de pánico.

—Como quieras. Solo no vaya a ser demasiado tarde después. 

—No lo sé, es que ¿Qué tal que no le gusto?

— Acabas de decirme que tal vez le gustes.

— ¿Y si me equivoco?

Durante el resto del día solo fui capaz de pensar en eso, Prudence juraba que no creía en el amor, pero quizá podría hacerla cambiar de opinión, quizá si sentía lo mismo por mí. La confusión era cada vez mayor lo único que hacía en esos casos era tocar mi guitarra y despejar mi mente.

Mi padre no estaba de acuerdo con mi pasión por la música, así que cada que me oía tocar me mandaba callar, yo procuraba evitar alguna discusión con él y simplemente obedecía.

Salí al parque al que Prudence me trajo aquella vez que nos escapamos de clases, desde entonces nos encontrábamos ahí, ya fuera casualmente o acordado, y como había esperado ahí estaba, escribiendo en su cuaderno, como era usual en ella.

—hola, Prudence ¡Que gusto encontrarte aquí!

—Lo mismo digo, Evan.

—y ¿Qué haces?—Pregunté con verdadero interés 

—Escribiendo ¿Y tú?— Dijo mientras ponía a un lado su cuaderno.

—Pues salí a pasear a Martha. —Dije señalando a mi mascota.

—Oh, cierto Martha, como la mascota de Paul McCartney.

—Exactamente. ¿Y qué es lo que escribes?

—Si te lo dijera tendría que matarte.—Bromea

La miré un poco nervioso, quise imaginar que escribía sobre mí, quise confesarle mi amor, quise tantas cosas, pero no me atreví.

—Solo bromeo, Dios, te ves tan asustado.

—No, yo no estoy asustado.

—Bien, porque todos parecen tenerme miedo, o quizá me odien, ¿Qué más da?

—Yo no lo creo.

—Tú no, porque eres un gran chico, el resto me evitan— En ese momento busco el valor para decirle lo que sentía.

—Bueno no todos, a algunos les resultas atractiva. — "Y tienen razón, eres bonita, inteligente, graciosa" hubiera agregado, pero ella interrumpió.

—Bueno, quizá no todos me odien, algunos chicos idiotas quieren conquistarme, el resto cree que soy un fenómeno o simplemente una engreída, y no es que lo sea, solo soy una persona de pocos amigos, y prefiero que así sea, tengo pocas personas conmigo pero no necesito más, la gente siempre habla de que nunca estas completo si no tienes muchos amigos y una pareja, pero nada de eso es necesario, he visto que trae solo dolor, eventualmente todos te dejan, quizá sea una persona solitaria, pero así estoy bien.

—No estás sola me tienes a mí, somos amigos ¿No? —Ella sonrió y asintió. Yo agregue:  —  Además estoy seguro de que algún día llegará alguien que te hará cambiar de opinión.

—No insistas, Evan, nada de eso es para mí.

De nuevo mis intenciones de hablar como me sentía por ella se habían ido por la borda. Algún día lo haría, y ella me correspondería. Algún día, me prometí a mí mismo.

Dear PrudenceDonde viven las historias. Descúbrelo ahora