Depresión y refugio

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-Alí-

Destrozado, no encuentro otra palabra, estoy destrozado, hoy mi hermano ha muerto ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Y mil veces ¿Por qué?, me voy quedando sin nadie, Suna, mi padre y ahora Azad... Dios mío ya no quiero vivir, cada respiración me duele, el aire se me va, mi pecho se estruja y quisiera arrancarme el corazón, mi mente me abandona...

-Zhera-

Alí se encuentra sentado en el piso apoyado en el borde su cama, con las piernas recogidas, está abrazado a sus rodillas, la mirada pérdida y totalmente destrozado, yo también estoy mal, Azad era como mi hermano, él siempre se esforzó por cuidarme, las esperanzas de libertad se me agotan.

Me acerco a Alí, él ha dejado de llorar, sólo está ahí mirando la nada, tengo miedo de que intente algo en contra de su vida, siento todas sus pérdidas, y este sufrimiento es compartido.

-Alí – digo suavemente sentándome a su lado, no se inmuta solo una lágrima rueda por sus mejillas, no quiere hablar, lo que es comprensible así que poso mi mano en su hombro para que sienta mi presencia y comprensión, en ese momento mira hacia arriba como buscando respuestas en el cielo – Alí – repito y me mira dolorido, luego empieza a llorar de forma desgarradora y me abraza, es como un niño, lo consuelo con cariño, me quedo ahí un par de horas que con el sufrimiento se hacen eternas hasta que finalmente cansado de tanto llorar él se queda dormido, lo acomodo y me quedo a cuidarlo toda la noche.

-Alí-

Despierto, al abrir mis ojos siento todo el peso de la realidad, me abruma, quisiera que todo esto fuera solo una horrible pesadilla, no hay nada en mi vida, no hay nadie... y justo cuando tenía esos pensamientos cómo un rayo de luz entrando por la ventana en la oscuridad de mi alma está ella, Zehra... sentada en un mueble al lado de mi cama, pobrecilla, otra vez la he hecho preocupar y se quedó dormida ahí, no estoy tan solo después de todo. Me levanto

-Alí – se despertó inmediatamente - ¿sucede algo? ¿A dónde vas? – pregunta con preocupación

-Iré por algo para comer, tu trata de descansar, acuéstate – digo sonriendo un poco – seguramente no descansaste bien... Y así con un triste desayuno nos acompañamos en este duelo.

Un par de horas después llegan a vernos de la mansión, es Rustem:

-Joven Señor me han enviado por ustedes – hace una pausa, al ver nuestra reacción continúa – Su madre lo necesita, está muy mal y a Zehra creo que también le gustaría estar cerca de su madre en estos momentos.

-De acuerdo – me limito a decir – Iremos

Inevitable amor (Zehrali)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora