-¡oh! gracias, eres muy amable- la seguí hasta su habitación solté las maletas y la dejé instalarse hablando con Clara y Vero.
Volví al salón, allí estaba David sentado con una sonrisa que no logré entender pero tampoco hice ningún comentario al respecto. Luego de un par de horas me fui a mi habitación alegando que estaba cansado por todo lo vivido.
Me despertaron unos golpes en la puerta, eran las siete y media de la mañana, mi despertador no había sonado y fui abrir la puerta desconcertado:
-¿si? ¿qué pasa?
- Buenos días dormilón- se hizo un silencio en el que me di cuenta solo llevaba puestos mis boxers - ¿desayunas con nosotros?- prosiguió Clara.
-Claro pero debería...
-Deberías ponerte algo de ropa- me interrumpió riéndose y luego se fue.
Al llegar a la cocina estaban todos sentados con su taza de café, David llevaba la misma ropa de ayer así que supuse que no había dormido en casa. Al escucharme entrar Amaia se giró a saludarme, aún llevaba puesto el pijama, era rosa clarito corto y de tirantes, se la veía tan delicada con él... me quedé mirándola hasta que alguien decidió que ya estaba bien.
- Despierta y toma un poco de café, hoy es tu primer día y debes estar atento- dijo Vero entre risas.
- Perdonad se me da fatal madrugar- les dije
- La culpa es tuya por acostarte- dijo David- Prepárate porque hoy salimos de fiesta y así mañana no tendrás ese problema.
- ¡Hoy es Lunes!- dije
- Y mañana martes- dijo Clara como descubriendo una verdad oculta.
- Si quieres un consejo, rebélate ahora o calla para siempre, y si quieres ser ingeniero debes rebelarte, lo digo por experiencia- Amaia me miraba con los ojos abiertos y semblante muy serio, creía en lo que decía y yo estaba dispuesto a rebelarme.
- Venga Amaia cállate, deja al chico que se divierta, es su primer año- dijo David
- Creo que voy hacerle caso y voy a quedarme en casa, y os dejo ya, que voy a darme una ducha.
- Recuerda que nos llevas a clase- gritó Clara
- Claro, no hay problema.
Cuando acabé de arreglarme estaban Clara y Amaia esperándome en la puerta con carpetas en las manos e sonrisa en la cara. Clara era mi GPS y Amaia iba en silencio en el asiento de atrás. Llegamos al aparcamiento en menos de 10 minutos y nos despedimos hasta la hora de la comida pues ninguno sabíamos como iban los horarios los primeros días.
Amaia permanecía a mi lado en silencio, se veía que no era muy habladora así que opté por romper el hielo:
- ¿Te llamo cuando salga y volvemos juntos?
- Claro, déjame el móvil que te apunto mi número- mientras tecleaba dijo- ¿en que aula tienes clase?
- En la 39.... pabellón 3, o eso pone en el horario.
- Bien, pues nos despedimos aquí, tu pabellón es este en la entrada verás indicadores para saber donde queda el aula. ¡qué tengas suerte!- me dio una suave caricia en el brazo que hizo que me estremeciera y se fue.
La contemplé mientras se marchaba, nunca en mi vida había conocido una chica como ella, era seria y parecía fría a simple vista pero me trataba de forma cariñosa y amable. Cuando me di cuenta de que la había perdido de vista entre en el edificio. Era grande y moderno, en su interior se combinaban el negro y el blanco de una forma increíble, me gustaba aquel lugar. Como había dicho Amaia en un panel negro con letras blancas estaban indicadas las aulas de cada piso, mi aula, la 39 estaba en el 2º.
Delante del aula había unas 30 personas, la mayor parte chicos, los saludé y me apoyé en la pared. No estaba para hacer amigos, siempre fui un chico solitario así nadie podía dejarme. Solo en una ocasión decidí no estar solo, se llamaba Andrea, cada vez que la recordaba podía sentir como una luz se apagaba. Tenía 15 años, ella se acercó a mí y me dijo su nombre, al principio pensé que sería una compañera más a la que dejar mis apuntes pero poco a poco empezó a ser parte de mi vida, hasta que una tarde ocurrió lo inevitable:
-Juan, ¿yo te gusto?- maldita niñata tendría que haberle dicho que no
-Más que eso, eres perfecta- le dije apartándole un mechón de pelo que le caía sobre el rostro, nuestros cuerpos se juntaron hasta que sus labios rozaban los míos- Eres perfecta para mí- le dije y fue ahí fue cuando empezó el principió de mi fin.
Cuando logré deshacerme de ese recuerdo mis compañeros ya entraban en clase, los seguí intentando recobrar mi calma. Una chica me estaba mirando seria y me dijo:
-¿Estás bien?
-Sí, es que estoy un poco perdido, ya sabes, ciudad nueva, gente nueva... – mientras hablaba se mantenía seria
-¡Ya sé, a mí me pasa lo mismo! Por cierto soy Nuria
-Juan, encantado
Entramos en clase y nos sentamos juntos, mientras un profesor canoso hablaba sobre nuestro futuro yo hacía recuento de la gente que había conocido en tan solo un día, y me di cuenta que no recordaba el nombre de la chica que tenía al lado.
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Recién llegado
RomanceJuan, un chico solitario y tímido, llega a una nueva ciudad a estudiar y las cosas no van a salir como él planeaba: chicas, fiesta, ella, amigos... aparecen en su vida sin saber como ni por qué, nunca había tenido tanta gente alrededor¿se adaptar...