Rafa y Yo, conversamos.

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Recientemente, los sucesos en el equipo han sido desalentadores. Nuestra edad avanza y crecemos al mismo paso que el maestro envejece.

Hablo por todos al decir que nos angustia, pero hablo por mi mismo al estar muriendo de nervios siendo el mayor del clan. Quien en algún momento tendra que cambiar de roles y se ubicara como líder de todos los Hamato. Dándole un merecido descanzo a nuestro Padre y adquiriendo la responsabilidad de la familia antes de los 20 años.

...

Hubo un día, en el cual cada uno de nosotros se desconectó del pasado y las preocupaciones del futuro.

Eso llamado "domingo", fue idea de Jones. Algo que al parecer conocía muy bien.

Las ojeras marcadas en cada par de ojos en los menores era notable y al ver que no habría movimiento, Splinter desde su habitación mandó recoger con Abril todas nuestras armas y equipo de batalla, dejándonos una sensación de vacío en los cuartos y desnudez en el cuerpo.

Claro que, hubiera referido que lo hiciese con el cristal... Porque, que tu amiga humana te vea solo con la bandana puesta, se torna raro. 

Me sentí Stripper.

No recordaba ese frío en las rodillas y codos sin la protección de cuero rodeándolas.

Es más, ahora me siento totalmente ligero y puedo caminar con cierta agilidad sin provocar ruido alguno.

Otra cosa importante.
Pude dormir hasta las diez de la mañana.

Soñe algo muy tranquilo, al parecer tenia que enseñarle katas a unos alumnos de mi supuesto Dojo en Tokio.

Creo que mi subconsciente sigue esperanzado de algún día ser Sensei y caminar por un bosque lleno de árboles de cerezo.

...

Para mi sorpresa, aunque me tomara unos minutos en recoger la energía suficiente para tallar mis ojos con el dorso de la mano, estirarme, remover las cobijas y ponerme de pie; Salí con dirección a la sala y todas las puertas de mis hermanos estaban cerradas y en completo silencio.

Me causo satisfacción, de nuevo seguía con ese récord invensible al ser el primer hijo que se despierta.

También recordé mientras bajaba la corta escalera, que como era fin de semana a nuestro padre le correspondería hacer el desayuno para todos.

Cosa que de alguna manera me quitó el apetito.

Las imágenes y ese recuerdo horrible de su sufrimiento pasaban fugaces dentro de mi consciencia. Pero tenía algo en claro y sería obedecer al maestro.

Así que elimine toda escena trágica de mi mente y caminé algo despistado sobre todo el desorden que el día anterior Miguel Ángel y Casey habrían provocado al jugar Jenga y al armar miles de aviones, barcos, motos y autos con los Legos de Donatello.

No calculé lo suficiente y sin querer pise uno.

Pero no grité, seguro añorando mi silencio absoluto. Solo levanté el pie derecho sujetándolo del tobillo y lo retiré lanzándolo al poof.

Pobre del que se siente allí.

...

Cuándo llegué a la cocina, el hambre volvió.

¡Seré Menso!

¡Le di mi cena a pecas!

Por que claro, el valiente líder Leonardo, que jamás pierde en el Shôgi y conduce con profesionalismo mientras es perseguido por un auto endemoniado, aguanta que le lamba la jeta un alien con acné, y ¿por qué no?, que lo extremadamente celeste y dulce de los ojos de su hermanito menor, lo convensan de compartir el último tazoncito de Ramen que quedaba en la nevera.

El Diario de Leonardo (tmnt)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora