Capítulo Dieciséis
El baile organizado para conseguir fondos para una fundación contra la leucemia era uno de los acontecimientos del año.
Iba a tener lugar en el salón de uno de los principales hoteles de la ciudad y entre los invitados se hallaba la crema y la nata de la sociedad australiana.
Una ecléctica mezcla, observó María mientras entraba en el hotel del brazo de Esteban.
Los hombres estaban resplandecientes con sus esmóquines, y había vestidos de diseño en abundancia. Las joyas relucían bajo las luces y el murmullo de las conversaciones entre amigos, conocidos y asociados resonaba en el amplio vestíbulo.
A juzgar por el número de asistentes, no iba a haber problema para alcanzar el objetivo económico de los organizadores, que permitiría comprar nuevo equipo médico para la fundación.
¿Aparecería Ana Rosa también aquella noche?
María sonrió cínicamente. Las posibilidades de que la actriz se perdiera aquel acontecimiento eran muy escasas.
Sin embargo, los temores que había sentido desde que Ana Rosa había aparecido en escena habían empezado a disminuir.
Había demasiadas imprecisiones en las sugerencias y afirmaciones de la actriz. Esteban podía negarlas con pruebas irrefutables.
Pero el comportamiento de la actriz, cercano a la paranoia, no dejaba de ser una preocupación, y casi requería una intervención legal.
¿Daría Esteban aquel paso?
—Dudo que Ana Rosa vaya a aparecer.
María miró los poderosos rasgos de su marido, captó la calidez de su mirada y sintió que una intensa dulzura recorría su cuerpo.
Por un momento casi pudo creer que la quería... que la amaba de verdad.
—¿Quieres apostar algo? —preguntó a la vez que él la tomaba de la mano.
—Me encanta tu vestido —dijo alguien a sus espaldas en aquel momento.
Al volverse y ver a Nikki Wilson Smythe, María le devolvió el cumplido con una sonrisa. Nikki estaba deslumbrante... con la perfección que llevaba todo el día alcanzar.
—Estella se ha superado con tu vestido —dijo Nikki, y era cierto. Los colores del vestido enfatizaban el tono de piel de María, realzado por su elegante maquillaje.
Había seguido el consejo de Estella y se había sujetado el pelo en un elegante moño alto. También le había hecho caso en cuanto a lo de llevar pocas joyas.
—Acaban de abrir las puertas del salón —anunció Esteban —. ¿Vamos a ocupar nuestro asiento?
Su mesa estaba situada en un buen lugar y en unos minutos los ocho asientos estaban ocupados.
El maestro de ceremonias hizo una divertida presentación del presidente de la asociación benéfica, que a su vez alabó el concienzudo trabajo de los miembros del comité, sus logros, sus metas y proyectos. Las imágenes que se mostraron en la pantalla que se hallaba sobre el estrado conmovieron los corazones de muchos de los asistentes. Niños, algunos muy jóvenes, de grandes y solemnes ojos, capaces de sonreír por mínimos placeres, de reír a pesar de la adversidad.
Entre cada plato hubo algún entretenimiento de calidad y la comida era magnífica.
Estaban comiendo el plato principal cuando María experimentó un vago cosquilleo en la espalda y movió ligeramente los hombros para librarse de él.
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Quiero que me ames
RomanceProtagonistas: Esteban San Román y María San Román Argumento: María y Esteban San Román sabían muy bien lo que hacían cuando decidieron casarse por conveniencia. Ellos sólo tenían que comportarse en público como una pareja feliz para crear una al...
