Capítulo 5

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Capítulo Cinco

María se levantó temprano, tomó una ducha y luego fue a reunirse con Esteban en la terraza para disfrutar de un relajado desayuno.

Cuando terminó dejó a su marido leyendo el periódico del domingo mientras ella iba a examinar la bien surtida despensa de la cocina.

Anamaria aseguraba que las habilidades culinarias de su cocinera superaban a las de la de Santo, y que ella misma era la que más experiencia culinaria tenía.

Dos abuelos opuestos, pensó María, que disfrutaban con el continuo juego de superioridad verbal con el que se entretenían Anamaria y Santo.

Tras pensar detenidamente en el menú, optó por la bruschetta y risotto con pollo asado y ensalada como plato principal. Un flan de frutas glaseado bastaría como postre.

Hizo una lista, comprobó el vino que había, tomó su bolso y fue a ver a Esteban a su estudio.

—¿Vas a salir de compras? —preguntó él al verla.

—Sólo a por algunas cosas. ¿Qué tienes tú planeado para hoy?

Esteban se apoyó contra el respaldo de su asiento y señaló el ordenador.

—Tengo que ponerme al día con algunas cosas. ¿Quieres que te eche una mano esta tarde?

María sonrió.

—Me conformo con que pongas la mesa.

—De etiqueta, por supuesto.

Una traviesa expresión iluminó la mirada de María

—Creo que sería buena idea —mantelería fina, vajilla Baccarat, cubertería Christofle, centro floral... tomó nota mental para añadir unas flores a su lista de la compra.

—¿Crees que funcionará?

—Eso espero.

Esteban sonrió.

—¿Velas?

Anamaria se preguntaría por el entorno romántico, haría conjeturas sobre el motivo y formularía la inevitable pregunta.

—Creo que serían un exceso.

El hecho de que no se hubiera quedado embarazada tras un año de matrimonio no era un problema... todavía, pensó María mientras entraba en su BMW.

Un hijo, pensó mientras se dirigía hacia el centro. Suyo, pero también de Esteban. Aquello era algo que sus abuelos estaban esperando... y uno de los principales motivos para el matrimonio entre el único nieto superviviente de Santo y la nieta de Anamaria.

¿Y si no llegaba a quedarse embarazada?

Pero no tenía por qué preocuparse. Aún era joven, estaba sana, y no había una necesidad acuciante de precipitarse en la maternidad.

«Céntrate en lo que tienes que hacer», se reprendió mientras detenía el coche en el aparcamiento del supermercado más cercano.

Una hora después ya estaba en casa con la compra.

Pasó por alto el almuerzo y se limitó a picar un poco de queso y fruta mientras cocinaba.

—¿Todo bajo control?

María apartó la mirada del recipiente en que estaba preparando el arroz, vio la sonrisa divertida de Esteban y frunció la nariz.

—¿Quieres probar? —tomó un poco de arroz en una cuchara, acercó ésta a los labios de Esteban ... y esperó su veredicto.

Quiero que me amesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora