XI

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Kara le acercó el vaso y se lo colocó entre las manos.

—Bebe un poco. Es agua con azúcar. —Elena levantó la vista, tenía los ojos irritados de tanto llorar, la nariz enrojecida y la palidez instalada en su rostro.

—Gracias —balbuceó apenas. Clavó la mirada en la puerta por donde unos minutos antes Sebastian había desaparecido y bebió un pequeño sorbo del agua que la detective Banks le ofrecía.

—Regresará en cuanto le sea posible —le dijo Kara. Era indudable que la joven estaba esperando que Sebastian apareciera por esa puerta de un momento a otro. Se sentó junto a ella y meditó un momento sobre la escena de la que había sido testigo. En otras circunstancias lo que había presenciado carecería de algún significado importante; pero cuando después de entrar en aquella oficina, completamente desencajada, se había arrojado entre los brazos de su compañero, supo de inmediato que allí había algo más. Tal vez algo de lo que ni ellos mismos eran conscientes. El teléfono comenzó a sonar. —Discúlpame. Debo responder. —Rodeó el escritorio y levantó el auricular—. Banks... —Hizo una pausa—. Entiendo —Comenzó a jugar con un bolígrafo—. No te preocupes, me encargaré de ella. Mantenme al tanto. Se lo diré, adiós.

—¿Era el detective Stan?

—Sí, está en tu casa con los peritos. Me ha dicho que intentes comunicarte con tu amiga para avisarle de que busque un lugar en donde pasar la noche —le informó mientras colocaba el auricular en su lugar.

—¿No podremos regresar a casa? —su voz sonaba todavía conmocionada.

—Me temo que no, ese lugar ya no es seguro.

—Creía que estaría protegida en un lugar como ese.

—A veces ningún lugar es seguro cuando te enfrentas a un psicópata como este. —Sus palabras eran duras y solo ayudaban a desanimarla aun más, pero debía ser sincera con ella. Después de todo, el tipo había estado en la misma habitación con ella y nadie se había percatado de nada.

—No entiendo qué es lo que quiere de mí. —Juntó las rodillas y apoyó las manos en su regazo.

—No te esfuerces en entenderlo —le aconsejó—. Puedo decirte que he visto de todo, pero nunca ha dejado de sorprenderme.

—¿Cuánto hace que eres policía?

—Van a ser tres años en noviembre —respondió.

—¿Hace mucho que eres la compañera del detective Stan?

—Dos años. Yo trabajaba en la policía de Fremont y pedí mi traslado para incorporarme a la División de Crímenes Violentos. Allí me asignaron para trabajar junto a Sebastian. Elena asintió. Hacía dos años que estaban, prácticamente, casi todo el día juntos; no era extraño entonces que hubiera alguna intimidad entre ellos.

—Supongo que lo conoces bien. —Ni siquiera supo por qué había hecho aquel comentario. Kara se sorprendió por lo que ella acababa de decirle; le pareció percibir un atisbo de celos oculto en aquellas palabras.

—Ya sabes, nunca se llega a conocer demasiado a una persona, pero con Sebastian hubo una conexión casi repentina, congeniamos desde el primer día y no podría elegir un mejor compañero que él. —Esperaba saciar su curiosidad con la respuesta que le había dado.

—Entiendo. —Terminó de beberse el agua con azúcar—. ¿Podría usar su teléfono para llamar a mi amiga?

—Por supuesto, habla tranquila. Regreso en un momento. —Recogió el vaso vacío y salió de la oficina.

Elena, lentamente, se puso de pie y caminó hacia el teléfono, marcó el número de su amiga y cuando escuchó la voz de Leslie, intentó no derrumbarse por segunda vez.

Una Obsesión Mortal » Sebastian Stan - Adaptada (EDITANDO) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora