Tu nombre

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Yuu había vuelto a verse con Kouyou casi todos los días, y cuando no, hablaba con él por mensajes o llamadas. Mentiría si dijera que no le costó en lo absoluto el aceptar de nuevo al castaño. Ambos habían cambiado tanto en esos años que resultaba difícil imaginar que funcionaría. Pero al parecer estaban añorando aquello.

Caminaba con Franco por las calles de Tokio en dirección a uno de los restaurantes que le habían llamado la atención al más alto. Tenía una pinta del Japón antiguo, con tantas pinturas en el pasillo principal que parecía un museo. Yuu ya las había visto a la mayoría, por lo que le importaba más llegar a una mesa que detenerse cada dos pasos. Lo contrario de Franco quien se entretenía viendo hasta las firmas de cada cuadro. Fueron recibidos por una joven en yukata, que les dio la bienvenida con una reverencia y luego les dejó seguir su camino.

—Esto era lo que buscaba... ¡Algo japonés! —hablaba en su lengua natal, avanzando delante del menor para ir hasta una de las mesas vacías.

—Tienes problemas con eso; todo es Japón. Sólo que ya no viven como hace cientos de años —Sus ojos rolaron. Se sentó en la mesa elegida por el otro, luego de que el mismo lo hiciera —. Aunque el lugar es muy lindo. Y la chica de la entrada también.

— ¡Hey! ¡No pienses en chicas! —Le regañó, dando un golpe en su hombro a puño cerrado. Se ganó una breve risa de su amigo—. Ahora tienes que pensar en Kou-you.

Con una sonrisa se puso a ver la carta que estaba en la mesa de un papel que simulaba estar viejo. Los platillos no eran muy interesantes pues en su mayoría se consumen a diario en aquel sitio. Pero lo que más se pedía era carne y pescados que tú mismo cocinarías.

—Su nombre no se te da, ¿eh? —aludió a su mala pronunciación del mismo —. Y no creo que Kouyou no piense en otras personas. Es un fantasioso.

—Les informó que estamos en Tokio, Japón. Dejen de hablar como argentinos, que molestan al resto.

Yuu se puso helado al sentir aquella mano sobre su hombro, seguida de la grave voz del castaño quien no tardó en sentarse a la mesa.

— ¡Kouyou! —De nuevo esa extraña pronunciación —. ¿Qué haces aquí? De saber que vendrías yo no hubiera venido.

—Estoy con unos amigos. Allá —Señaló una mesa apartada de en la que estaban, en donde un grupo de cuatro personas levantaron sus manos y saludaron —. Y escuché sus voces desde que entraron. Bastante molestas. Y luego, cuando venía, ambos hablaban de mí ¿no?

El moreno pudo sentir la mano de su ahora pareja tomar la propia. Ambas, se hallaban sobre la mesa y Takashima insistía con entrelazar sus dedos. Sintió un extraño nerviosismo que el otro ni notaba por hablar con Franco. Y es que la mesa no estaba demasiado lejos de donde estaban los amigos de Kouyou. Imaginaba que él no lo pensaba.

Susurró un "Nos pueden ver" mientras intentaba deslizar su mano por la mesa. Como respuesta pudo ver la extrañada mirada del castaño, con su ceño fruncido antes de contestar: "Lo hacen, de hecho". Para Shiroyama era una sensación extraña. No era la primera vez que le tomaba de la mano, pero sí en público, y no podía terminar de creer que en el castaño aún no lo razonaba.

—Estaba pensando... ¿No llevarás a Yuu a ese bosque que habías dicho la otra vez?

Yuu arqueó sus cejas ante tal propuesta, a la cual Kouyou lució algo sorprendido.

—Yo no lo había pensado —admitió —, pero no suena tan mal.

— ¿No ibas a ir con Akira?

Akira...

Hubo un silencio antes de que Kouyou negara. No le había contado aún que había vuelto con Yuu. Es que no tenía la forma, ni la idea.

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