Poco tiempo pasó cuando el rubio no llevaba nada encima además de sus calcetines y ropa interior. Por otro lado el zora disfrutaba de hacerle suspirar con cada caricia que le proporcionaba de la forma más dulce posible.
Y hubieran seguido quien sabe hasta que punto a no ser por un guardia que entró corriendo y por supuesto, encontrándose con una comprometedora escena.
¿Qué pensarían, al ver al héroe de Hyrule debajo del enorme cuerpo del príncipe Sidon con ambas piernas abrazándole la cintura?
Pues fue un grito que pronto se hizo risotada.
"¡Ya habrá tiempo para eso, mi señor! Le necesitamos en la plaza!"
¿Es que todo el mundo estaba en contra de que pudieran tener un momento de privacidad?
El guardia prometió ahí mismo guardar el secreto, al igual que el avergonzado Link, que similar a una delicada doncella buscaba sus ropajes desparramados por donde fuera.
—Todavía necesito conversar contigo. —Concluyó Sidon. El otro solo asintió más calmado que antes, dedicándole una sonrisa.
Estaba más que claro que ambos estaban en la misma línea.
