El alcohol circulaba a través de las venas de Leah y sentía la sensación de estar nadando en su cabeza. Si no estuviera recostaba contra la barra, se hubiera caído. —Solo voy a llamarlo.
—No deberías —Natasha intento ser la voz de la razón pero Leah la ignoro. Era la primera vez desde que el divorcio les había sido concedido, hace un mes, que ella había tenido la oportunidad de salir con sus amigas. Su mamá tenía a los niños y, originalmente ella no iba a ir, pero Nat prácticamente la arrastro fuera de la casa.
—Voy a hacerlo —la visión de Leah era borrosa ahora—. Ya vengo —el número de Bucky todavía estaba en marcación rápida. Con un suspiro y unos cuantos tambaleos, Leah camino fuera del bar y se recostó sobre la pared de ladrillos.
El teléfono repico tres veces antes de que él atendiera. —¿Hola? —Su voz era baja, con un gruñido cansado—. Leah, ¿sabes qué hora es?
—Bucky, solo escucha —Leah trago con dureza, arrastrando sus palabras.
—Estas ebria —él suspiro.
—No lo estoy. Está bien, tal vez un poco. Pero tengo algo que decirte.
—¿Qué? —Él se estaba poniendo impaciente.
—Te amo —abrumada por las emociones y los cuatro tragos que había tomado antes de hacer la llamada, ella comenzó a llorar—. Te extraño demasiado.
—Leah... —Bucky dejo salir un suspiro y ella lo escucho moverse en su cama—. No debiste haber llamado.
—¿Él hizo qué? —La cara de Steve estaba roja y pareció estallar con furia mientras se sentaban en la habitación de Leah. Ambos estaban sentados en el piso con sus espaldas recostadas de la cama King size, que ahora Leah consideraba era demasiado grande porque dormía sola en ella todas las noches. Ella siguió inventado excusas. Si se deshacía de ella, la habitación se vería extraña con una cama más pequeña. Esa no era la razón real, por supuesto. Pero era la mentira que seguía diciéndose a sí misma y a todos los demás. Sam se quedó abajo con los niños para darles un momento para hablar sin ningún tipo de interrupción.
—Sip —Leah sacudió su cabeza, apretando un pañuelo con su mano. Había llorado suficiente explicando cómo se había enterado. Ella sentía que si intentaba llorar una vez más, nada saldría—. Su nombre es Rebecca —Leah dirigió su mirada al suelo, frunciendo su ceño—. Ella es joven, Steve. Y hermosa.
—Tu eres hermosa —la mano de Steve aterrizo en la rodilla de Leah—. Y Bucky es un idiota. Crees que conoces a un tipo... —Steve suspiro—. Lo siento.
Leah echo su cabeza para atrás antes de posarla en el hombro de Steve. —Ya no sé qué pensar de él.
—¿Honestamente? Aún estoy atascado en el hecho de que lo golpeaste —Steve dejo salir una pequeña risa—. No puedo creer que lo hayas golpeado —él rio.
—Justo como me enseñaste —Leah sonrió, serpenteado su brazo alrededor del bíceps de Steve y sorbiendo su nariz. Era agradable tener a alguien que la escuchara, alguien que no iba a juzgarla por lo que había pasado. Y alguien que le reasegurara que nada de eso era su culpa.
—¿Necesitas que vaya contigo? ¿A la cena?
—No. Creo que puedo manejarlo —Leah asintió, el movimiento de su cabeza alzando la manga de Steve.
—Eso es obvio —él sonrió—. Me llamas si algo cambia, si me necesitas.
—Siempre voy a necesitarte, Rogers.
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Un amor de muerte natural |Bucky Barnes/Steve Rogers
FanficDespués de cinco años de matrimonio y dos hijos, Bucky y Leah han decidido que yo no pueden hacer que la relación funcione. Advertencias: ¡lenguaje!, divorcio, angustia, engaños. |Terminada y editada|
