Dime que nada paso, que el único soy yo

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Steve abrió la puerta de la pequeña habitación y comenzó a hablar. —El lugar está algo lleno. Un par de minutos más y esteremos listos para irnos —Leah podía notar que Steve parecía haber olvidado como hablar cuando se volteó a mirarla—. W-wow —Steve respiro profundamente mientras que sus ojos se movían sobre ella—. Luces absolutamente asombrosa. Mejor de lo que me había imaginado —su mandíbula estaba en el piso y Leah sintió ruborizarse—. Bucky perderá su cabeza. Pero de una buena manera —Steve sonrió. Había algo diferente en sus ojos que ella nunca había visto, o que nunca había notado. Él parecía feliz, sí, pero había algo más ahí.

Leah ajusto la flor de su cabeza mientras observaba su reflejo en el espejo de cuerpo completo. Se sentía como si hubiera esperado ese día por siempre, o al menos desde que se había enamorado de Bucky, y finalmente había llegado. Después de tanto planear y la cata de pasteles; había llegado. —Gracias —Leah sonrió al volverse a Steve, jugando con la falda de su vestido. Tomando un profundo respiro, tomo el buque de flores elaboradas y cerro sus ojos.

—No tienes que agradecerme. Aunque ese vestido haya sido mi elección —Steve sonrió y se paró frente a ella. Él tomo sus manos y Leah abrió sus ojos, haciendo contacto visual con él. Una sonrisa se esparció en su cara. Ella estaba feliz, pero este era un gran paso. Él estaba siendo dulce, servicial y una gran fuente de apoyo. Él había pasado por todo junto a ella y Leah pudo jurar que había una pequeña lágrima en su ojo, pero no quería exagerar la situación—. Ahora —Steve le ofreció su brazo y ella lo tomo—, vamos a casarte.


Leah pudo haber escuchado un alfiler caer. El silencio luego de que Steve hiciera su comentario estaba comenzando a engullir la habitación. La ira de Bucky creció. Ella pudo verlo en su cara y escucharlo por la forma en que el aire salía por su nariz. Sin mencionar que había comenzado a inclinarse hacia Steve y ella.

—¿Tu? Espera... ¿Por cuánto tiempo? —Leah se volteó a ver a Steve, tratando de ignorar el humeante exesposo frente a ella.

—Demasiado tiempo —Steve rio con tristeza, tomando la mano de Leah—. Creo que me golpeo bien fuerte cuando te propuso matrimonio —él la miro a los ojos—. Y entonces yo te ayude a planear la boda y a comprar el vestido —él dejo salir otra risa triste—. Y después estuviste embarazada y eras mamá... —él sacudió su cabeza después de eso.

—Oh, vete a la mierda —Bucky dio otro paso hacia ambos pero Leah alzo su brazo, empujándolo de vuelta.

—¿Puedes callarte por unos momentos? No te matara estar en silencio —dijo Leah con severidad. Bucky solo asintió, dando unos pasos hacia atrás y recostándose de la encimera. Leah lucho contra la urgencia de decirle que se fuera. Esa conversación en realidad no le incumbía—. ¿Qué más, Steve?

Steve trago. Leah podía notar que estaba nervioso. Él no esperaba tener que confesar todo eso el día de hoy, especialmente no frente a Bucky. —Preferiría que no —él rio un poco, inclinándose hacia Leah.

—Porque son porquerías —Bucky no pudo evitar abrir su boca—. Y los dos sabemos que lo es.

—¿Cómo sabes que son porquerías? —Steve suspiro—. ¿Por qué te diría que estaba enamorado de tu prometida, tu esposa y la madre de tus hijos? Yo no te hubiera lastimado de esa manera. Estaba listo para llevarme ese secreto a la tumba pero entonces... —cerro sus ojos y se encogió de hombros—. Ya no la querías. Y yo todavía la quería, y todavía lo hago.

Los ojos de Bucky eran como dagas mirando a Steve. —Eres un infantil. Siempre has estado celoso de mí y de las mujeres con las que he salido; y de la relación que teníamos —Steve rodó sus ojos y prosiguió a mirarlo. Bucky espero una respuesta—. Nada que decir, ¿huh? Grandioso.

—No quiero volver a pelear contigo por ello, Bucky. Podemos tener esta conversación lejos de Leah si así lo quieres —dijo Steve, tratando de convencer a Bucky de que se alejara—. La última cosa que ella necesita es más estrés traído por ti.

—No, la última cosa que ella necesita es tu pretendiendo ser un caballero de armadura brillante arreglándolo todo. Todo lo que hiciste fue empeorar las cosas —Bucky rodó sus ojos y miro a Leah—. ¿Podemos hablar?

—Todo lo que hemos hecho es hablar, Bucky. Tus palabras comienzan significar cada vez menos —Leah pellizco el puente de su nariz antes de suspirar—. Solo vete, por favor —le hizo un gesto a la puerta y todo lo que él hizo fue asentir en silencio. Bucky salió y Leah suspiro pesadamente, volviéndose a Steve—. ¿Estás bien?

—Estoy bien, amor. Hace falta mucho más para lastimarme —él rio, besando su frente—. Terminare de preparar el desayuno, estoy seguro de que ya no estas de humor para hacerlo —él rio suavemente e hizo una pequeña mueca de dolor. Ni siquiera el suero era suficiente para protegerlo por completo del brazo de metal de Bucky. Había dejado un buen moretón en su abdomen.

—No... —Leah tomo su brazo, trayéndolo hacia ella y besándolo con furia. Lo que ella necesitaba en ese momento era olvidarse de Bucky, y Steve era bueno en hacerla hacer eso. Él la beso de vuelta, pasando una mano por su cabello.

Sus besos se pararon por solo un momento mientras Leah le susurraba una sugerencia que hizo a Steve parar de respirar. —Tómame. Aquí mismo. Ahora. Bucky nunca hubiera... —Leah suspiro—. Por favor —Steve vacilo al escuchar la mención de Bucky—. Vamos, Steve. No me hagas pedírtelo dos veces.

—Está bien, está bien. No tienes que pedirlo dos veces —él sonrió un poco antes de besarla de nuevo y ayudarla a bautizar la cocina.

Leah y Steve pasaron la tarde de la misma manera en que habían pasado la noche anterior, pero esta vez había sido en cada habitación en la que pudieran pensar. Leah no podía tener suficiente de Steve y él no podía tener suficiente de ella. Él había gemido varias veces que la amaba pero ella no estaba enteramente lista para decirlo de vuelta. Él le reaseguro que eso estaba bien y le pregunto si todavía tenía permito decirlo. Ella le había dicho que sí. El afecto era agradable y el escucharle decir eso le hizo sentir mariposas en el estómago. Leah no quería que ese sentimiento se fuera.

Leah llamo a su mamá alrededor de las 3:15 p.m. y le pidió que llevara a los niños de vuelta. Ella extrañaba a sus bebés y estaba lista para recibirlos en la casa. Steve le pregunto múltiples veces si tenía que irse pero ella le dejo saber que estaba bien. Jack estaría feliz de verlo. Él siempre lo estaba. Los dos solo se aseguraron de que sus demostraciones públicas de afecto no estuvieran a la vista. Esa era una dura conversación que no estaban listos para tener. Era el miedo lo que la motivaba más que nada a mantener esto ajeno a Jack. No es que ella hubiera pensado que pasaría pero, ¿y si Steve la estaba usando? Al parecer, Bucky lo había hecho. Al menos por un tiempo.

Mientras Steve se duchaba, Leah fue escaleras abajo a limpiar la cocina. Nunca se habían comido el desayuno pero eso estaba bien. Estaba más que bien, en realidad. Mirando hacia la pared, Leah suspiro cuando vio la foto de maternidad que todavía estaba ahí. Ella ya había quitado la foto de boda que estaba en su habitación. Hubiera sido extraño tener ese recuerdo mirándola mientras Steve y ella compartían ese momento íntimo. Así que ella había lanzado la foto en el armario cuando Steve no había estado mirando.

Leah camino hacia la foto y cerro sus ojos. «La quitare cuando esté lista»; Leah sacudió su cabeza y paso sus dedos por el marco del portarretratos. Ella sabía que tenía que quitarla... eso significaría que las cosas habían terminado verdaderamente. Leah paro de vacilar y quito la foto de la pared, tirándola directo en el bote de la basura.

Un amor de muerte natural |Bucky Barnes/Steve RogersDonde viven las historias. Descúbrelo ahora