Milan
Mi corazón duele. Pero esta vez, mis problemas son un ruido sordo al fondo de mi mente. Esta vez, mi dolor proviene del que se refleja en la mirada de mi hermosa Amanda. Limpio con suavidad la solitaria lágrima que baja por su mejilla. No quiero hacerla llorar. Solo quiero entenderla. Quiero saber todo de ella, hasta el último detalle.
Charlie cierra los ojos de nuevo y un nuevo grupo de lagrimas brotan sin control. Espero su respuesta con el corazón echo un puño. Mi mente ha llegado a conclusiones e ideas que, de no estar frente a ella, estaría golpeando la pared. Pero lo menos que quiero asustarla. Es claro que la presencia masculina la pone nerviosa y tensa. De alguna manera he logrado acercarme más que nadie que conozca, pero eso puede cambiar si doy un paso en falso.
— ¿Charlie?—digo bajito.
—No puedo hablar de eso—dice abriendo los ojos—. No he podido nunca y no creo poder empezar ahora.
El hecho de que no negara que algo le paso es un puñetazo en mi estomago. Tengo que tragar la bilis antes de preguntar.
—¿Nunca?
Amanda niega con la cabeza. No creo que eso sea bueno. No soy experto, pero se que en ciertos casos, hablar ayuda a sanar. Trato de pensar en algo que pueda ayudar pero mi mente esta en blanco. Nunca he consolado a nadie en mi vida. Es un terreno nuevo, y estoy fuera de mi zona de confort, pero siento que es el lugar y la persona correcta. Lo siento hasta en los huesos. Rebusco en mi mente qué decir.
Amanda intenta alejarse, pero no lo permito.
—Esta bien—sigo acariciando suavemente su cara con mi mano derecha sin soltar su otra mano—. No tienes que hablar ahora. Pero quiero que sepas que puedes confiar en mi. Sé que no lo he demostrado pero es la pura verdad.
Siento su mano apretar la mía fuertemente.
—Milan, yo no soy normal. Tengo mucho equipaje emocional. No soy fácil de tratar en mis mejores días, imagina los peores. Me dan ataques de pánico si te acercas demasiado y entro en un estado defensivo sin control; solo puro instinto de supervivencia. No confío en los hombres y tiendo a agredirlos si se pasan de la raya—hace una mueca—, como habrás notado.
—Lo sé—digo rápido—. Ahora lo sé. Y créeme, mis bolas lo saben.
Suelta una pequeña carcajada y me alivia notar que el temblor a cesado casi por completo.
—Lo siento. Yo...
—No, no. Me lo merecía. En ese entonces no lo sabia, pero estoy aprendiendo. Y quiero seguir aprendiendo de ti. Char... Amanda, déjame acercarme. Déjame conocerte y que me conozcas. A tu ritmo y sin presión, lo prometo. Solo no me alejes. Por favor.
Cierra los ojos de nuevo y respira profundo.
—Por favor—digo bajito.
Me da un pequeño asentimiento y aprieta mi mano con fuerza. Estoy tan feliz que tengo que frenar el impulso de besarla. A menos...
—Voy a besar tu frente—digo con convicción.
Sus ojos se abren con sorpresas y se queda totalmente quieta. Tomo eso como un visto bueno. Euforia baja por mi espina dorsal. Me acerco lentamente, dejándola acostumbrarse a tenerme cada vez más cerca. Sus ojos se cierran una vez mas y espero que no sea por pánico.
Rastrillo mis labios por su frente. La beso son suavidad, como si fuera una flor delicada, porque lo es. Siempre lo fue, aunque de idiota no lo supe.
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Amanda Mia
Romance¿Qué pasa si todo lo que odias es representado por quién más deseas? Desde el primer momento en que lo vi, supe que me traería problemas. ¿Qué pasa si todo lo que deseas es imposible por lo que representas? Desde el primer momento en que la vi, supe...
