Pasado.

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            Capítulo 5.

— ¿Sabes? Si tuviera a tu madre en frente de mí, la golpearía. ¿Se supone que a eso se le llama madre?

—No lo sé. Realmente no lo sé. ¿Se puede? Digo, se le puede llamar madre a quién sólo te trató como desconocida, a quién no le importa nadie más que mi padre.

Un momento pasó y ninguna de nosotras habló. Hasta cuando decidí romper este doloroso silencio.

—Cuéntame tus miedos y la razón del ¿Por qué viajarás a Londres?

La razón son mis miedos. Estoy huyendo de mis miedos. Como tú, Joanne —Dijo.

—Dímelo. Desahógate. —Le dije.

—Huyo de mi padre, él ha abusado de mí tantas veces. Nunca tuve la suficiente valentía para dejarlo, hasta que el miedo de morir me persiguió. Una vez tirada en el suelo me prometí a mí misma que me iría y cambiaría todo.

— ¡Dios mío! lo siento tanto. —Dije cubriendo mi boca y limpiando mis lágrimas derramadas durante esta noche.

—Ya no duele tanto, Joanne. No lo sientas, mejor disfruta de la vida mientras seamos libres. —Dice.

Sus palabras no podían dejar mi cabeza en paz, estábamos las dos recostadas en una cama, ella dormía y yo me hundía cada vez en mis pensamientos, desearía ser como ella, poder dormir en las noches sin estar pensando en mi vida entera.

Rodeé sobre la cama para mirarla de frente, nunca en mi vida había tenido a una amiga, o algo que se le acercara, al menos no en los últimos años.

Nuestro vuelo a Londres estaba a punto de despegar, Danahí estaba a mi lado, no sé qué hace esta chica para conseguir todo lo que quiere, o bueno sí, si lo sé, consiguió un par de asientos juntos a causa de coquetearle al muchacho de ventas. Me pregunto si esta chica puede sorprenderme más de lo que ya ha hecho.

—Adiós Los Ángeles, hola Londres. —Dice la chica de cabello castaño a mi lado.

Di un suspiro, estamos a unos instantes en dejar  Latinoamérica. Realmente extrañaré México.

Nueva vida, soy toda tuya, hazme feliz. —Pensé.

Jackson Williams, 1992.

El dulce aroma de café mañanero, impregnaba mis fosas nasales, la cafetería  estaba casi llena a las siete de la mañana, los ventanales estaban llenos de gotas por causa del ambiente caliente de esta misma.

Tomé la mano delgada de mi acompañante y le sonreí.

—Amo las mañanas junto a ti. — Dice.

—Yo amo verte sonreír. —Tomé su mano y la besé. Con mi otra mano tomé mi taza con café y bebí de esta.

—Muero por besarte, amor mío. —Desvía su mirada y muerde sus labios.

No pude evitar sonreír.

—Sabes que muero por hacerlo en este momento también. —Lo miré esperando que me entendiera.

—Lo sé. —Dice sin más y bebe de su taza.

Teníamos una plática tan normal esta mañana, me gustaba estar de esta manera, sentados, charlando  y bebiendo café.

Vi acercarse a la chica que tomó nuestros pedidos, y solté a mi acompañante de la mano, mirar esos ojos tristes me hacían sentirme el más desdichado del mundo.

Los colores del alma| LG(B)TQ+Donde viven las historias. Descúbrelo ahora