Capítulo Veintisiete.

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Niall

El agua caliente cayendo en mi cuerpo inmediatamente me hizo relajarme, últimamente me había sentido muy bien, pero el trabajo no hacía nada más que irritarme a veces y entonces necesitaba unos momentos para sentirme mejor. Tomé una esponja y comencé a tallar mi cuerpo, pase la esponja por mis piernas, mi abdomen, brazos y al llegar al cuello recordé el cómo Liam lo besó ayer. Estábamos en mi departamento viendo una película y simplemente se acercó a besarlo, tan suavemente, sentí todo mi cuerpo vibrar y sonreí al recordarlo. Un mes juntos, un mes increíble, lleno de cosas diferentes que recordar. ¿Me estaba enamorando? No lo sabía, era demasiado pronto para pensar en “amarlo”, pero definitivamente estaba muy encariñado con Liam y con sus amigos, que poco a poco también se convertían en los míos.

Cerré la llave y moví mi cabello un poco para escurrir el agua, tomé la toalla y la pasé por mi cabello, tallando un poco, después sequé todo mi cuerpo y finalmente la enredé en mi cadera. Me acerqué al lavabo y tomé mi cepillo de dientes, lo llené de pasta, lo mojé un poco y comencé a cepillarme, en el proceso, limpié un poco el vapor del espejo hasta que pude verme completamente, escupí la espuma y repetí el proceso varias veces, me enjuagué y sonreí grande en el espejo, viendo mis dientes.

Una mancha roja/morada se veía justo en el lado derecho de mi cuello, abrí los ojos impactado y pasé los dedos por ahí. No me dolía, pero estaba enorme y era bastante notoria, no se me quitaría para pasado-mañana y tenía que ir a trabajar…

Tomé la espuma para afeitar y comencé a afeitarme la poca barba que tenía, al terminar me puse la loción de después de afeitar.

Regresé a mi habitación y saqué la ropa que me pondría hoy. Se supone que Liam vendría a desayunar y después me llevaría a “un lugar secreto” según sus palabras. Me puse un suéter gris y un pantalón negro, y me peiné como normalmente lo hacía. Sonó el timbre y sonreí grande, caminé hacia la puerta, descalzo, mientras me ponía los lentes para poder ver, porque sin ellos no veía ni un carajo. Abrí la puerta y detrás de ésta estaba Liam con una bolsa de plástico enredada en los dedos y la sonrisa más perfecta del mundo. Me acerqué a él y junté nuestros labios en un suave beso, se rió.

-¿Te lavaste los dientes antes de desayunar? – dijo lamiéndose los labios, asentí

-¿Tu no? – Hice una cara de asco – Que asqueroso Payne…- me burlé y se volvió a acercar a besarme, cerré la puerta.

-Qué lástima, porque traje jugo de naranja – dijo levantando la bolsa – Y te sabrá asqueroso – se rió y rodé los ojos

-Tus besos me sabrán más asquerosos – mentí e hizo un puchero

-Obvio me los lave, Ni…

-Lo sé, solo te estoy molestando… - lo tomé con una mano de las mejillas, haciendo que sus labios hicieran una mueca y lo besé una vez más. Sonrió y entramos a la cocina. Liam dejó la bolsa con el jugo de naranja dentro de un gran recipiente en la barra de desayunos y di un salto para sentarme justo al lado de ésta.

-¿Qué quieres desayunar, lindura? – me burlé en la manera que dijo eso último y negué con la cabeza

-Lo que tú quieras, caramelito… - hizo una mueca y ambos reímos

-Quiero que jamás volvamos a usar esos apodos – dijo riendo y asentí

-Está bien caramelito… - solté una carcajada al ver su cara – Ven aquí… - negó con la cabeza y se alejó divertido – Anda ven, no me hagas rogarte. – cruzó los brazos y sonrió de lado, recargándose en el refrigerador y me miró fijamente a los ojos levantando ambas cejas al mismo tiempo. Me reí y negué con la cabeza - ¿No vas a venir? – extendí los brazos

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