Te quise, te quise como a nadie. Aprendí a conocerte. Conocía todo de ti, cada gesto que hacías o cada palabra que decías en momentos determinados. Conocía tus ojos, especialmente me familiarice con ellos cuando me mirabas, aunque pueda sonar cursi, veía algo diferente en ellos cuando me observabas.
Era divertido cuando ninguno podía mantenerse serio en los momentos que, según nosotros, hacíamos contacto visual. Siempre alguno de los dos lo rompía, volteando la cara o riéndose, mayormente era yo. También amaba cuando peleabamos, pero sé con certeza que la mayoría nuestras peleas eran inofensivas. Incluso te confesaré que muchas veces cuando discutíamos, me daban ganas de callarte la boca con un beso, o de decirte que realmente lo que menos quería contigo era pelear, que dejaras de ser tan imbécil y me abrazaras pero, obviamente no iba a hacer eso, tenía que manter mi posición estoica y rígida, no iba a dejarme vulnerable ante ti haciéndote saber que me tenías a tu disposición. Te quise, te quise con todas las fuerzas se puede querer a alguien. Te añoré todas las veces que estuvimos separados, anhelando que me hicieras reír con tus estupideces, anhelado escucharte hablar de cualquier cosa, desde algo simple hasta algo que te cautivara. Conocía todas tus facetas y debo admitir que amaba todas y cada una, me parecías fascinante, no importaba si habían diez mejores que tú frente a mí, yo iba a elegirte a por encima de todo y de todos. Me encantaba tu olor, tenías un aroma particular que me volvía loca, me descontrolaba, era como éxtasis para mí. Me extasiaba, me extasiaba cuando te tenía cerca. Siempre me cuestione si las emociones que provocabas en mí eran normales. Es inaudito que una persona pueda ocasionarle a otra esos estrujones emocionales tan fuertes. Aprendí a hacerte enojar, uhh, ¡que divertido era! eres como un niño pequeño, recuerdo que te enobajas y te ibas, tan picado como siempre, fosforito mi bebé jajajaja. Aprendí a escucharte, te oía hablar y me encantaba, me gustaba oír tus historias por más tontas o de poca importancia que fuesen. Aprendí a soñarte, todas las noches nos veíamos en mis sueños, no me dejabas en paz ni siquiera cuando dormía. Aprendí a observarte, para mí, verte se hizo mi pasa tiempo favorito. Aprendí a besarte, mis labios y los tuyos se movían, jugaban y bailaban con precisión cada vez que nos acercábamos, se hicieron tan cercanos que un día, entablaron una amistad y cuando estaban extensas cantidades de tiempo separados, se extrañaban. Aprendí a abrazarte, me sentía plena en tus brazos, como si el tiempo se detuviera justo ahí, en ese instante donde nuestros cuerpos estaban tan cerca. Aprendí a quererte, te quise tanto que cualquier palabra se quedaría corta. Lo único que expresaría por si solo cuanto te quise, es que pongas tu mano en mi pecho y sientas lo rápido que late mi corazón mientras escribo esto. El pasado nunca debería ser enterrado o olvidado, el pasado debe hacer parte de nuestro presente y también de nuestro futuro por que en aquello que ya vivimos, hay cosas buenas y cosas malas que deberíamos recordar siempre. Tal vez por eso te llevo conmigo ahora, en mi presente... Tal vez por eso te llevaré en mi futuro también. Tal vez sea por eso que te recordaré siempre. Tal vez sea por que dentro de mí, anhelo que esos recuerdos se vuelvan realidad, por siempre.
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Anotaciones de una niña pendeja.
Short StoryEscribiré cuando me sienta asfixiada, así que no se asusten si encuentran notas o frases corta venas. Mi corazón dicta a mi cerebro, que manda la orden a mis manos para teclear en la pantalla así que, mi estado de animo influirá de gran manera en la...