Cuando Zayn dio, por primera vez, un paseo por el jardín, él no había sentido la suficiente curiosidad como para, realmente, notarlo. Sí, había deseado su beso para conseguir la libertad, pero no se había fijado en el hombre en sí mismo. Demasiadas personas habían pasado y no habían hecho caso de él como para poner demasiadas esperanzas en ello. Pero éste no le ignoró, y ahora comprendió que debió de haberse fijado más en el. Zayn realmente era una visión, y mientras seguía estudiándolo, algo mucho tiempo olvidado se agitó dentro de él. Alguna cosa… tierna.
Se maldijo mentalmente. Por todo lo qué era santo, no sentiría ninguna ternura hacia el. No, no se permitiría sentir nada más profundo que la excitación sexual. Cuando un hombre se permitía sentir algo más, se exponía al dolor y la traición.
Mirándole nervioso e inseguro, Zayn tiró de su cabellera hacia un lado. La acción le recordó como lo había derribado al suelo como si él fuera un parásito insignificante, una hazaña que ningun otra persona hubiera hecho antes. ¡Qué destreza poseía! Que fuerza. Se imaginó toda esa energía debajo de él. Encima de él. Al lado de él. Alrededor de él. Aunque Zayn había dejado claro que no quería nada sexual de su parte. Bueno, solamente tendría que usar cada onza de su poder seductor para hacerla olvidar sus dudas. Sonrió ampliamente, despacio. Su seducción, y la consecuente declaración de amor, eran un reto necesario y sin duda ayudaría a que la noche pasara más rápidamente. Además, su seducción le ayudaría con su búsqueda de venganza, ya que ¿cómo podía un hombre pensar claramente cuando su libido le exigía toda su atención?
Ya no estaba inquieto, no aparentaba nerviosismo. Más bien, parecía furioso
- ¿Qué estás mirando tan fijamente?
- A ti. — Y continuó observándolo. No tenía las delgadas caderas como las de algunos chico de su mundo. El cuerpo de Zayn era curvo, dulcemente redondeado en todos los sitios adecuados, e inequívocamente femenino. Las elevaciones suculentas de su pecho y la generosa curva de su cintura encajaban perfectamente con su insólita altura.
- Para ahora mismo — exigió el —. Me estás mirando como si yo fuera un caramelo, y tú no hubieras comido nada durante un año.
- Pararé cuando haya terminado y ni un minuto antes. — Ahora mismo el vestía una fina remera azul y pantalones cortos. La deliciosa piel de su cuello, clavícula, brazos y piernas estaban destapadas y dejadas a la vista para su examen visual, y examinarlo detenidamente todo fue lo que hizo. Tan a fondo, de hecho, que contó dieciocho pecas encima de cada hombro.
¿Tenía el pecas ocultas en otras partes?
La mayor parte de su cabello estaba peinado hacia atrás, aunque unos pálidos mechones se derramaban libremente como calientes y brillantes rayos de sol. Ni un rizo u onda estropeaban la perfección de cada hebra. Él, de pronto, tuvo unas ganas enormes de pasar los dedos a través de la espesa y sedosa melena, y extenderla por la almohada.
Sus rasgos no eran hermosos en un sentido tradicional. No, eran diferentes, sensualmente exóticos y carnalmente atractivos. Tenía altos pómulos, una nariz coqueta, ligeramente respingona, y grandes ojos de color miel enmarcados por negras y espesas pestañas. Aquellos ojos se inclinaban ligeramente hacia arriba, dándola una expresión permanentemente soñolienta. Y sus labios… por Elliea, cuanto más los observaba más se los imaginaba por todas las partes de su cuerpo. Sus labios eran lo bastante exuberantes, rosados, y lo suficientemente llenos como para lanzar un ejército a la guerra por un solo beso.
En este mismo momento aquella boca estaba separada por la sorpresa. Dio un paso directamente hacia él, su cara convertida en una cómica máscara de incredulidad, temor y vergüenza.
- Creí que ya habías entendido que debías llevar siempre la sábana. — Incluso su voz le atraía, dulce y ronca —. Simplemente no puedes andar por ahí desnudo. Te detendrían por exhibicionismo.
Indiferente, él cruzó los brazos sobre el pecho. Zayn parecía pensar que era su derecho, no, su deber, sermonearle por no cumplir sus órdenes. Mientras una parte de él aplaudía su espíritu, la otra se ofendía ante su falta de respeto. Él era un guerrero ante todo, y un guerrero no obedecía órdenes. Un guerrero las daba.
- Todavía estoy esperando oírte pronunciar la palabra por favor.
Zayn lo sorprendió gritando:
- ¡Simplemente ponte la maldita sábana antes de que te tumbe en el suelo otra vez!
Él frunció el ceño. ¡Mejor Zayn aprendía ahora con quien estaba hablando!
- Tú me preguntarás amablemente, y quizás si me siento complaciente, me pondré la maldita sábana. Si no estoy de humor, no hay ningún poder lo bastante fuerte como para forzarme a llevarla. —
Ese no era el modo de seducir a un humano, lo sabía, pero se le hacía cada vez más claro que este humano en particular necesitaba urgentemente de la guía masculina su guía antes de que el cariño real pudiera comenzar.
Seguramente los machos de su mundo se lo agradecerían.
El rechinó los dientes frunciendo también el ceño.
-No preguntaré amablemente. Simplemente te inclinarás, recogerás la sábana, y te la atarás alrededor de la cintura porque eso es lo más caballeroso y cortés que deberías hacer. Tú, después de todo, estás de pie dentro de mi casa.-
No la hizo caso. Zayn dio una fuerte patada en el suelo. Él casi se rió en voz alta, ya que, ¿quién habría pensado que la incapacidad de manejarle causaría una reacción tan puramente femenina en alguien tan parecido a un guerrero?
- Espero que disfrutes de la vista Zayn, porque será todo lo que verás durante toda la noche.
Silencio.
Luego:
- Por favor — susurró el.
Sus labios se estiraron. Qué pequeño diablillo tan divertido era el.
- ¿Ante una petición tan dulce, cómo podría yo negarme? — Recuperó el lino y, simplemente para provocarlo, lo ató lo suficientemente bajo en las caderas como para insinuar lo que se escondía debajo.
- Toma, bébete tu refresco de fresa y cállate. — Furioso, el le tiró una lata.
La cogió fácilmente, sin apartar su intensa mirada de el. Aunque él había ganado la batalla de voluntades, todavía le daba órdenes. ¿Cómo supuestamente debía reaccionar ante una orden?
¿Cómo supuestamente debía reaccionar ante un comportamiento tan rebelde en un humano?
- Si me vuelves hablar así otra vez, pequeño brujo, te haré callar personalmente... con mi lengua.
El moreno jadeó.
Él extraterrestre cabeceó, satisfecho. Por fin había sido intimidado. Creyó que ahora el actuaría tal y como correspondía.
Pero debería haberlo conocido mejor.
- Esta es la segunda amenaza que haces en relación a tu lengua — gruñó el —. Convendría que supieras, que si te acercas a mí con ella, la morderé.-
En vez de reprenderlo de nuevo, Liam permaneció en silencio, optando por fingir que el no había hablado.
Obviamente estaba confundido y alterado por su aspecto y por los repentinos cambios en su vida, y no sabía como manejar sus emociones. Pero ésta era sólo la única vez que le permitiría que le hablara de esa manera sin sufrir un castigo.
Con esa decisión tomada, escudriñó cada ángulo de su "refresco" cuidadosamente. El metal era una aleación brillante desconocida para él. Sin saber de que forma beber de ello, movió la mano en un círculo por encima de la lata y pronunció un hechizo.
- Ábrete ahora, eso harás. Ábrete ahora, y te abrirás.
Bang.
Zayn gritó y apretó una mano sobre su corazón. Líquido rojo llovió sobre ellos como una tormenta de verano.
Varias gotitas se adhirieron a su cara y cuello, mientras otras se deslizaban hacia el vello de su ombligo, pero la mayor parte del líquido terminó en el pelo de Zayn ,mojándole la cabeza.
