- De acuerdo. Iré contigo a buscar alimento, pero no creas, ni por un momento, que he terminado contigo. La próxima vez, no te dejaré marchar hasta que los dos estemos débiles de tanto placer.
Hasta que... simplemente, no pensaré en nuestro beso. No pensaré en nuestro beso.
Zayn caminó por el restaurante, murmurando aquellas palabras a cada paso. Los murmullos, el aroma seductor a café y comida que la envolvían junto con las luces tenues y las paredes pintadas de un rico tono marrón caramelo, se unían para crear un efecto acogedor.
Había descubierto aquel lugar el día que cerró el trato del Victorian y había venido cada mañana desde entonces. La comida era decente, los batidos divinos y los empleados simpáticos.
Zayn adoraba el lugar.
Frances, una camarera de mediana edad a la que le encantaba contar chistes feministas a cualquiera que la quisiera escuchar, era la favorita de Zayn.
- ¡Eh, muñeco!- La llamó Frances en cuanto se dio cuenta de su presencia -. Enseguida te atiendo.
Zayn se deslizó en la única mesa disponible. El brillante y púrpura vinilo chirrió con el movimiento. Liam dobló sus piernas y se sentó a su lado, pegándose a el. Su arma-casera: la espátula, tenía que clavársele en la piel, pero él estaba demasiado absorto observándolo todo, como para notar la incomodidad.
Una familia de cuatro miembros se sentaba a su derecha, discutiendo si era bueno tomar chocolate tan temprano. Zayn estuvo de acuerdo con los niños, ninguna hora era mala para tomar chocolate. Un hombre de pelo canoso estaba justo delante de el, tratando de comer los huevos y leer al mismo tiempo. Aunque no tenía éxito. A su izquierda había una joven que era clienta habitual del lugar. La muchacha tendría unos veinti-pocos, con el pelo rizado y de color rojo, con dos hoyuelos en las mejillas y pechos del tamaño de las sandias. Sus pechos, como tomates maduros, palidecían en comparación y tuvo que resistirse al impulso de dejar caer los hombros.
Hoy la chica llevaba un par de vaqueros holgados y una camiseta sencilla, demasiado grande. Cada par de segundos, temblaba como si la rodeara un bloque de hielo. Delicada y bonita, debería de irradiar felicidad, pero no lo hacía. Las líneas de cansancio alrededor de su boca y ojos le hacían parecer más mayor.
Como si sintiera su escrutinio, ella miró en su dirección. Sus miradas chocaron. Unos ojos marrón oscuro la observaron durante una fracción de segundo, antes de que la muchacha desviara la vista. Entonces, aquellos ojos de chocolate volvieron hacia atrás, esta vez con otro objetivo y se deslizaron de forma significativa sobre Liam. Algo exótico y malicioso se encendió en los ojos de la muchacha, haciéndola parecer más dulce y hermosa. Una extraña emoción atravesó a Zayn, cuando se dio la vuelta a tiempo para ver a Liam devolverle el silencioso saludo.
Zayn apretó las manos y reprimió el impulso de lanzarse sobre la mesa, lanzando patadas y puñetazos. Respira profundamente, respira profundamente. No estoy celoso, se aseguró el. Liam era su responsabilidad y tenía que velar por sus intereses.
- ¿La conoces? - preguntó Liam, señalando a la muchacha de ojos marrones.
- No. ¿Por qué lo preguntas? - las manos de Zayn se apretaron más fuerte.
Un calambre muscular, nada más.
Liam se acarició el mentón, cubierto de una sombra oscura.
- Parece triste. Hasta perdida. Pensaba en que, quizás, necesite un buen "aporreamiento" - hizo una pausa, luego volvió a mirar a Zayn-. ¿Qué piensas de eso?
Zayn se puso rígido como si su cuerpo entero se hubiera convertido en piedra.
- No puedes dejar de pensar siempre en lo mismo - gritó -. Por todo lo que sabes, esa chica podría cobrar unos honorarios por desnudarse y "aporrearte" - lo cual Zayn dudaba mucho, pero aun así...
Intrigado, Liam miró de la muchacha a Zayn, de Zayn a la muchacha y de nuevo a Zayn.
- ¿Cuánto crees que cobrará? - preguntó, continuando acariciándose la barbilla, como si estuviera imaginándose la escena y disfrutando.
- Cuánto no importa, pervertido. No tienes dinero y yo no voy a darte nada. Además, dije que ella podría ser una puta, no que lo fuera en realidad.
En vez de arder de indignación como ell se esperaba, él rió.
- Estás celoso, Zayn.
- ¿Celoso? - Resopló, haciendo todo lo posible para dar la impresión de ser un hombre despreocupado con cientos de amantes -. No estoy celoso. Los celos son para los que están realmente enamorados de otra persona. Lo que yo siento por ti es similar a lo que siento por mis hermanos.
La extraña y confiada risa de Liam se borró. Sus rasgos se volvieron duros y fríos, como el hielo que congela un océano.
- No soy, ni seré nunca, tu hermano. Y si piensas de otra forma, es hora de que terminemos lo que empezamos esta mañana. Tú, realmente, me quieres, y puedo demostrarlo delante de toda esta gente. Por lo general, necesitas pruebas, ¿no,Zayn?
Aquellas palabras eran casi todas ciertas. Lo que sin duda era cierto, era su temblor, mezcla del miedo y la anticipación. Aunque su confianza en su capitulación le molestaba. Él actuaba como si sólo tuviera que tocarlo y el moreno se fundiría con él. De acuerdo, Zayn podía haberle permitido unos derechos durante aquel momento en el cual el no pensaba hasta que no se alejara, pero eso no pasaría otra vez en un momento cercano.
- ¿Quieres lo de siempre, muñeco? - preguntó bruscamente una voz femenina, impidiendo a Zayn darle a Liam una dura réplica. Se conformó con una mirada de esto-no-ha-acabado y luego prestó su atención a la camarera.
- Sí, gracias. Tomaré lo habitual.
Frances puso dos vasos de agua sobre la mesa con un sonido metálico. Sus pantalones negros y la blusa blanca envolvían sus generosas curvas. Su pelo del color del jerez, que probablemente era teñido, estaba retorcido en un moño sobre su cabeza.
- ¿En cuanto al tipo grande? ¿Quiere un batido y una tortilla, también?
- El tipo grande puede hablar por él - gruñó Liam.
Lejos de sentirse intimidada, Frances hizo rodar los ojos y le dirigió a Zayn una mirada de "deshazte de este".
- ¿Qué va a ser? Me muero por escuchar lo que quieres - su tono bulón consiguió que los hombros de Liam se tensaran.
Frunciendo el ceño, levantó el menú y estudió las palabras. Un minuto pasó, luego otro. Impaciente, Frances repiqueteó con su zapato. (Ella no tenía mucha paciencia con el género masculino Pero su jefe era una mujer, que era la única razón por la que todavía tenía trabajo).
- Es para hoy, tipo grande.
Con un aire real de soy-demasiado-importante-para-esto, él dejó caer el menú en la mesa.
- He decidido que Zayn escoja por mí.
Zayn casi se rió pero, en vez de eso, suspiró. El hombre no sabía leer su lengua, pero jamás admitiría tal debilidad en voz alta. Y eso le hacía parecer menos desafiante y más... vulnerable.
- Vamos a ver... - el agarró el menú. Además de Tupperware y emparedados del pavo, ¿qué comían los extraterrestres extra grandes para desayunar? -. Él tomará la tortilla de setas con pimientos y jamón. Dos bágels con cremoso queso y fresa, un muffins inglés y tres tartas de arándano.
Frances alzó la vista de su libreta, con expresión incrédula.
- ¿Algo más?
- Sí. Un gofre con helado.
Aunque ninguna mujer lo miraba, Liam dijo:
- Dos gofres con helado.
- Tendrás que sacarlo de aquí rodando. ¿Lo sabes, verdad? - en ese mismo momento, una luz diabólica brilló en los ojos color avellana de Frances. Se rió, marcando las arrugas de alrededor de sus ojos y cogió el menú con una mano -. Tengo uno nuevo para ti, muñeco. Lo escuché justo esta mañana.
