- Os doy la bienvenida — dijo el hombrecito, haciéndoles señas para que se acercaran.
- He venido para...
- Sé por qué está aquí — dijo el hombre. Empujó los cristales más altos sobre la nariz. — Sin embargo, no soy el que busca. No puedo ayudarle.
Ante eso, un sentido agudo de temor pulsó a través de Liam.
- Alguien aquí puede ayudarme. De eso estoy completamente seguro.
- Sí. Hay alguien.
- ¿Dónde puedo encontrar a ese alguien?
El hombrecito se alejó de la longitud de su brazo.
- Usted no puede. Él le encontrará... Si quiere.
Los dientes de Liam rechinaron. ¡Maldita sea, le saldría algo bien en este día!
- Por ahora, deseo sólo hablar con el hombre, y lo encontraré tanto si quiere ser encontrado como si no. Y usted me ayudará. ¿Dónde está?
- Podría estar en todas partes, realmente.
Liam agarró el borde del mostrador tan fuerte que casi se rompió los dedos.
- ¿Donde Está Él? — La voz, enfurecida, salió como una afilada cuchilla.
El hombrecito palideció.
- ¡Eh! ¡Eh! Alto ahí. No es el único que desea un viaje a casa. El señor Graig tiene muchas residencias diseminadas por todos los mundos y viaja mucho a través del vórtice. A veces se va por unos días, a veces por años, pero nadie, nadie sabe exactamente donde está o cuándo volverá.
- ¿Cuánto hace que se fue en este último viaje? — preguntó Zayn suavemente. Colocó la mano sobre el brazo de Liam y él se relajó.
- Nueve semanas más o menos.
Lo que no significaba nada, pensó Liam cerrando los ojos. Esperar, esperar, esperar. Las palabras abrasaron un camino a través del cuerpo. Estaba cansado de esperar las cosas que deseaba.
Los dedos de Zayn apretaron suavemente su antebrazo. Estaba tan cerca que el aliento soplaba sobre su piel. Simplemente con eso, se relajó otra vez. ¿Cómo lo calmaba con tanta facilidad?
- Por lo que sabemos, el hombre podría volver mañana — dijo, el tono tan apacible como el toque.
Liam asintió rígidamente.
- Tienes razón.
- Viajó esta vez para obtener algo de dinero — lanzó el hombrecito. — Estos viajes no son baratos, sabe.
- ¿Cuánto es necesario? — Liam observó tan intensamente al empleado que el hombre comenzó a moverse nerviosamente.
- Es, uh, diferente para cada uno. El señor Graig le dirá cuánto le pedirá a usted.
- No pagaré nada hasta que no me encuentre de pie en el suelo de mi patria.
- Comprensible.
- Bueno. — Cabeceó satisfecho, ya que había hecho todo lo que podía hacer. — Entonces diga al señor Graig que mi nombre es...
- No importa cuál sea su nombre. El señor Graig le encontrará. Estoy seguro de que ya sabe de su visita.
Frunciendo el ceño, Liam pasó el brazo alrededor de la cintura de Zayn y cruzaron de una zancada la puerta de salida.
Cuando la camioneta rodaba a través de la carretera, echó un vistazo a Liam, penas había dicho ni una sola palabra desde que habían abandonado el Vórtice. Ahora mismo, su comportamiento entero gritaba –no me toques–. Sabía que estaba decepcionado, que necesitaba tiempo para hacerse a la idea de que debía prolongar la estancia, pero como le gustaba recordarle, el tiempo era su enemigo.
