Nunca me das lo que quiero, se quejó su cuerpo, y quiero a Liam.
Acallándolo, su mente le replicó. ¡Es que no tenemos bastantes problemas!
Azulejo. Lechada. Azulejo. Lechada. Con la voz de Liam amortiguada y su imaginación ocupada colocando azulejos, despacio, muy despacio, sus sensibilizados nervios se calmaron. El escozor de la anticipación se aquietó. Cuando creyó que había transcurrido el tiempo suficiente, dejó de fingir los ronquidos y se quitó las manos de los oídos.
El bendito silencio le saludó.
Entonces, como si él estuviera en armonía con Zayn en cada acción, cada sentimiento y pensamiento, Liam dijo:
- Sólo di las palabras, Zayn. Dilas y danos a los dos la liberación.
- De acuerdo, diré las palabras - sus uñas se clavaron profundamente en sus piernas, dejando marcadas unas medias lunas -. Diré cállate o márchate. ¡Por favor! Tenemos que madrugar y ya son las dos de la mañana. Después de que te lleve ante el psíquico, tengo que ir a trabajar. Necesito descansar.
Cinco. Diez. Quince minutos pasaron. Él no habló más. Zayn hasta ni lo oyó respirar.
En el silencio que siguió, los párpados de Zayn comenzaron a cerrarse. El moreno cogió la laca para el cabello otra vez, lista a saltar de la cama y golpearlo con él en la cabeza si él se atrevía siquiera a roncar. Al cabo de un rato, su agarre se relajó y rodó a un lado. Su último pensamiento antes de que su mente fuera a la deriva, antes de sucumbir a la oscuridad, fue que aquel hombre necesitaba que lo amordazaran, y que Zayn mereciera unos azotes por permitirle entrar aquí desnudo.
La mañana amaneció clara y despejada.
- Yo también necesito despejarme - refunfuñó Zayn.
Luego gimió. Sus ojos ardían y su cabeza palpitaba. Necesitaba un atracón de proteínas o pronto se encontraría en un hospital, hundida en un coma por tomar cafeína.
Normalmente hacía ocho kilómetros de footing cada mañana. Hoy, sin embargo, iba a hacer una excepción. En este momento, no podría hacer footing ni al cuarto de baño aunque su vejiga dependiera de ello.
Las sábanas y mantas se enredaban a su alrededor como el capullo de una mariposa. Se quejó con un pequeño suspiro mientras se peleaba con ellas para liberarse. Había algo tirado en el suelo, pero como no era un batido de proteínas, no se inclinó para recogerlo. Frotándose los ojos, llegó a trompicones hasta el cuarto de baño.
Se lavó la cara, luego se cepilló los dientes y el pelo. El reflejo que le devolvió el espejo estaba vidrioso por...... algo. Cansancio. Mucho cansancio. Esperando que el agua caliente, y mucho vapor, lo ayudara, se metió en la ducha. Cuando salió, se colocó su bata, sintiéndose menos grogui, pero todavía ansiando un atracón de dulce fruta. Una vez que por sus venas corrieran bastante B12 como para estimular a los jubilados de Sandy Meadows, estaría lo suficientemente despierta como para tratar con Liam.
¡Liam!
Los ojos de Zayn se abrieron consternados ¿Cómo podía haberse olvidado del atractivo extraterrestre que dormía en su cuarto?
Con palpitaciones en el corazón, y ondeando su blanco albornoz, salió corriendo del cuarto de baño; explorando el suelo, sólo vio el bote de laca.
Liam se había ido.
Lo único que recordaba su presencia era la almohada arrugada y la manta enredada, juntas en un montón a los pies de su cama. Zayn cogió algo de ropa del armario y se la puso a toda prisa mientras corría a través del cuarto. Apenas había conseguido cerrar la cremallera de sus pantalones vaqueros cuando entró en la sala de estar. Ningún signo de su extraterrestre.
