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  — ¡Ni se os ocurra entrar a mi casa, niñatos!— protestaba el señor Jeon, nada más abrir la puerta de su domicilio—. ¿No veis que estoy ocupado?— señaló la botella de alcohol que tenía en la mano.

— Papá, estás muy borracho... Jimin necesita ayuda, ¿¡no lo ves, acaso!?— Jungkook sujetaba la silueta de su hermanastro mayor, el cual estaba lleno de moratones y heridas muy recientes.

— N-no es para tanto, Jungkook...— respondió el peli naranja.

— Eso, haz caso a tu hermano, ¿quieres? Y ahora, ¡dejadme vivir en paz!— el hombre cerró la puerta de un golpe, haciendo tal estruendo que los menores se sobresaltaron.

— ¿Y ahora qué hacemos? Estás herido, hyung... ¿Me vas a decir quién fue el responsable de todo esto?— el menor se encontraba incómodo viendo el cuerpo de su hermanastro golpeado.

— ¿Puedes dejar de cuidarme por una vez en tu vida? Se supone que son los mayores quienes cuidan de los menores, no al revés, Jungkook.— el tono de voz de Jimin se oía molesto, irritado.

— Sólo intento ayudarte, hyung... Eso es lo que hacen los hermanos, ¿no crees?— intentó apoyar su mano sobre el hombro del mayor, mientras que con la otra seguía sujetando su cintura para que no cayera al suelo. Mas Jimin se apartó, soltándose de su agarre.

— Yo no soy tu hermano...— contestó frío—. Iré a casa de Hobi. No me esperes para la cena.

— Pero, Jimin, yo...

— No, Jungkook.— interrumpió—. Sé que intentas hacer lo mejor para que sea feliz, pero no siempre tienes que hacerlo. Tengo dieciocho, creo que ya soy mayorcito para cuidarme yo solo, ¿no crees?— ambos se miraban a los ojos, y se podía apreciar los oscuros ojos vidriosos de Jungkook. El menor intentaba que su hermanastro mayor se sintiera como de la familia. Desde que murió su madre, Jimin se veía cada vez más y más débil, triste, y sin ganas de seguir.

— Está... está bien. Como quieras... Llámame si necesitas algo, ¿sí?— Jimin se fue alejando sin siquiera despedirse de su hermanastro, rumbo a casa de su mejor amigo; Jung Hoseok.

Por el camino iba observando a los niños pequeños junto a sus madres, mientras reían juntos. Un escozor iba aumentando en sus ojos, al impedir que las lágrimas salgan.

Al llegar a la fachada de la casa de Hoseok, no dudó en tocar el timbre. Unos segundos después, la puerta se abrió. La hermana pequeña de Hoseok miró un poco confusa y asustada al peli naranja, al ver su cara magullada.

— ¿Es...está tu hermano?— preguntó con una voz dulce. La pequeña asintió y fue adentro de la casa para avisar a su hermano de que tenía visita.

— Jimin-ah, ¿q-qué te ha pasado? Pasa, por favor.— el castaño cerró la puerta principal, mientras que con la mano que tenía libre, agarraba de la muñeca a Jimin.

— No es nada, sólo... me tropecé en la calle.— mintió. No quería involucrar a su mejor amigo en esto, y pensó que fue la mejor opción no decirle nada al respecto. Se sentó en el amplio sofá junto a Hoseok—. ¿Puedo...— aclaró su garganta—... quedarme a dormir? Sólo será por hoy, así que no crearé más problemas.  

— ¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que te puedes quedar. Y no sólo por hoy, los días que quieras, ¿sí? Papá está de viaje, y no regresa hasta dentro de una semana. Y a Suni no le importa, ya sabes cuánto te aprecia.

— Sí... Gracias, hyung...

— Y ahora, me vas a explicar qué son esos golpes. No te caíste, ¿verdad?— preguntó a la vez que acariciaba con la yema de sus dedos las heridas que tenía en el rostro el peli naranja.

[Querido diario...] *. YoonMin .*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora