9. Los novios que se van a casar

6.1K 183 60
                                        

- ¿Te gusta? - pregunté antes de llevar una bocado de macarrones con tomate a mi boca.

- Esta muy bueno.

- Sé que hubieras preferido san jacobos, pero no me quedaban en la nevera. - hice un puchero y ella rió.

- La verdad es que cocinas bien.

-Te sorprenderías si tuviera un poco más de tiempo. - seguimos comiendo en silencio por unos segundos. - Por cierto, dentro de un rato debo ir a la discográfica a solucionar un par de cosas. La vecina de abajo traerá a Aitana. ¿Te importa quedarte aquí y que así haya alguien cuando ella vuelva del colegio?

- Para nada.

En los pocos días que habían pasado, ambas parecían haber congeniado bien. Se las ingeniaban para chincharme y sacarme de quicio a dos bandas. Era una sensación extraña.

Poco después de terminar de comer recogimos la mesa entre los dos y salí a la calle.

Era más recomendable ir hasta la discográfica en coche, pero mis extrañas manías siempre acababan saliendo. Mis rarezas, como Aitana las llamaba. Aitana la mayor.

Reí para mí al tener que concretar en mi propio pensamiento.

De nuevo el ajetreo de Puerta Del Sol. Gente moviéndose continuamente y de forma cíclica. Cada uno con su vida, su pasado, su presente y su futuro. Era inspirador en cierto modo.

Pateé un par de calles y tomé un atajo hasta la discográfica. Mirar las paredes de aquellos callejones siempre me hacía recordar lo que me hubiera gustado aprender a dibujar grafiti. Se puso de moda cuando era joven, pero por mucho que lo intentaba, esas letras enrevesadas no eran mis amigas.
No quedaba ni un alma allí. Se notaba que era barrio obrero. La gente debía estar en el trabajo.

Noté un golpe seco en mi hombro y sin desviarme demasiado de mis pensamientos me disculpé.

- Lo siento. - dije apartándome de su hombro. Frené el paso cuando ese mismo hombre con el que acababa de chocar me agarraba el hombro para que lo mirase a los ojos.

- ¿Eres Luis Cepeda? - asentí con una sonrisa pensando que tal vez conocía mi música, pero el puñetazo que llevé en la nariz me llevo a pensar sutilmente que no era eso lo que quería.

- Eh, ¡¿Qué cojones te pasa?! - grité separándome de él y poniendo una mano en mi nariz, que empezaba a sangrar.

- Tenías un trato que cumplir y no lo has hecho. - hablo serio alguien a mi espalda.

- Si la propia prensa se ha dado cuenta de que vives con ella, ¿crees que nosotros no íbamos a saber donde se ha metido la señora Ocaña?

Noté un golpe con algún objeto contundente en la nuca. Todo se volvió negro.

Narra Aitana

- Vale, de acuerdo. Muchas Gracias. - colgué el teléfono y bajé la vista hacia la niña que me miraba curiosa.

- ¿Y?

- Dicen que no ha ido por allí en todo el día. - me crucé de brazos. - Tal vez haya ido a otro sitio y me ha dicho que iba ahí por cualquier cosa.

- ¿Te refieres a que mintió?

-No, no, no. No es eso. Es solo que, no sé.

- A mí papá nunca me miente.- dijo seria. - Bueno, una vez. - la miré curiosa y ella se rió. - Me dijo que eras su amiga, pero tú eres su novia.

Me atraganté con mi propia saliva y empecé a toser continuamente de forma bastante cómica para la niña. Tosí casi por cinco segundos y cuando ya estaba cerca de ahogarme, pude respirar por fin.

- ¿De dónde sacas eso?

- Cuando estaba en casa de mamá, ella y su novio se pusieron a hablar de que te habían visto ir salir del hotel con él por la tele. Les oí decir que seguro que habíais dormido juntos. Eso solo lo hacen los novios que se van a casar. - la tos me remitió un poco de nuevo.

- ¿Eso salió en la televisión? - ella asintió sonriente.

- ¿Os vais a casar? - preguntó con ojos brillantes.

- ¿Qué? No. - respondí tajante. - Y no somos novios. Yo tengo otro novio, un prometido. - Aitana asintió de nuevo sin borrar la sonrisa como si le pareciera todo bien. Que envidia. - Teóricamente. - completé para mí.

- Pues yo creo que papá sí se quiere casar contigo. - decidí dejar el vaso de agua cerca de mí porque cada vez que ese demonio hablaba me atragantaba con algo.

- ¿Por qué lo dices? - alcancé a preguntar antes de que centrara toda su atención en la consola que acababa de encender.

- No se, desde que estás tú aquí casi no me riñe. - se encogió de hombros. - Tampoco me estoy portando mejor. - negué con la cabeza volviendo al salón. Chorradas de niños. - Además, cuando mis padres se estaban peleando, la noche antes de que papá se fuera, mamá se lo dijo. Que fuera y se casara contigo. - Volví corriendo.

- Aiti, ¿tu padre sabe que sabes todo est... - el sonido del móvil me interrumpió. Ni siquiera alcancé a ver quién me estaba llamando antes de responder. - ¿Hola?

- Aitana, soy Luis. - fruncí el ceño al instante. Algo iba mal. Sonaba extraño. Como si le costase articular cada palabra que decía. - Escúchame, quiero que le digas a Aitana que se vaya a dormir con María. Ya le mandaré un mensaje a su madre. - asentí aunque no pudiera verme. - Hazlo ya y no cuelgues. - dijo con un hilo de voz.

Tomándomelo con la seriedad que creía oportuna corrí hasta la habitación de Aitana.

- Vete a dormir a casa de María. - dije casi en tono de orden.

- ¿Qué? ¿Hoy?

- Ahora.

- Espera a que pierda, que si no no puedo guardar. - los dos segundos que esperé después de esto me parecieron eternos. Opté por desenchufarla. Me sentía una madre de cuarenta años, pero lo mucho que me iba a odiar Aitana no era lo que me preocupaba ahora mismo. - ¡Oye! Si no tengo la ropa preparada ni nada. ¿Qué pasa? - me arrodillé frente a ella.

- Aitana, por favor, tienes que irte a casa de María ya. Ya te lo explicaré. Nos apañaremos para llevarte un pijama o algo, pero tienes que subir a su piso.

No demasiado convencida, pero más seria en lo que estaba pasando, Aitana abandonó la vivienda.

- Ya se ha ido. - volví al teléfono. - Luis qué es lo que pasa.

- Por favor abre la puerta.

Abrí encontrándomelo apoyado con ambos brazos en la puerta del ascensor. Corrí hacia él al ver que intentaba moverse hacia el piso.

- Dios mío, Luís. - Las heridas de Luis ya no eran tan solo golpes. Presentaba varios cortes, la camiseta encharcada en sangre, rota. Un ojo que era incapaz de abrir, dolor por todo el cuerpo. - Tengo que llevarte al hospital, vamos. - lo agarré intentando llevarlo de vuelta al ascensor pero el se negó.

- No podemos ir al hospital, darían parte a la policía.

- ¿¡Y qué!? - pregunté incrédula.

- No puedo ir a la policía. - intentó llegar hasta la puerta y yo intenté ayudarlo topándome con un lado de la camiseta mucho más manchado. La levanté con cuidado y contemplé la herida horrorizada.

- Luis esto no es un corte superficial. - me paré en seco. El no respondió y siguió moviéndose hacia la puerta. La cerré tras de nosotros finalmente e hice que se apoyara en mí para ayudarle a que se tumbara sobre el colchón.

Sí, es lo que suponéis. Tampoco tiene mucha ciencia.

He intentado jugar con el personaje de la niña, se me parece bastante a Amaia, soltando lo que le sale del coño. Debería traer a Amaia, serían mazo amigas. Queda dicho.

Bueno, que ojalá la haya gustado y no os haya parecido tan repetitivo como a mí el tema de lo de las heridas. No es el mismo rollo pero han aparecido igual y queda así, muy poco literario y tal. Que por eso lo siento.

Os daré corazones y arcoiris probablemente ya en el siguiente episodio y a la vez os romperé un poco el corazón. Biquiños 💛

Sin LuzDonde viven las historias. Descúbrelo ahora