En algún momento de la noche, Ana había decidido sentarse en mi regazo mientras bebíamos y recordábamos viejos tiempos, y yo, en vez de disfrutar con los demás, me había quedado pensando en todo lo sucedido hace un rato.
- Eh, tú, reina, ¿qué te pasa? — Preguntó Agoney, mi Agoney. Una de las mejores cosas que Ana había dado a nuestro grupo era Agoney. Ellos eran como hermanos cuando Ana todavía vivía en Canarias, y cuando ella se vino a Madrid definitivamente para luchar por su sueño, el sueño de ser artista en el que, por cierto, le iba muy bien, él se vino con ella.
- Nada, supongo que el alcohol ya me está haciendo efecto — Mentí mientras escuchaba como mis amigos reían.
- No te creo. Te recuerdo que fuimos tú y yo los que nos bebimos una botella de tequila aquella Nochevieja, y te aseguro que tú tienes más aguante que dos simples cubatas de ginebra. — Me contestó Cepeda. Qué hijo de puta era y cómo me conocía. Desde aquel día no he vuelto a pedir tequila en mi vida, y creo que él tampoco.
- Madre mía, ¿os acordáis de aquel día? Estos dos nos despertaron porque no encontraban la puerta para salir, porque según ellos, querían bañarse en la playa. — Dijo Roi, señalándonos a Cepeda y a mí.
Después de aquella anécdota agradecí que no se me volviera a preguntar por mi estado de ánimo. La verdad es que había despejado mi mente durante la última media hora de conversación y estaba realmente agusto con mis amigos. Cómo los quería, joder.
Decidimos salir a tomar algo a alguna discoteca cercana, y durante el camino, Ana iba a cincuenta metros de nosotros hablando con Aitana con una cara de muy pocos amigos, cosa que me molestó. Mi enfado fue en aumento cuando las perdimos durante una hora en la discoteca. Cuando al fin llegaron, Ana notó mi descontento cuando intentó bailar conmigo y la rechacé.
- Mimi, ¿qué pasa? — Preguntó mientras se acercaba a mí para que la escuchara.
- Me jode que hayamos tardado tanto en juntarnos todos y que tú te pases media noche perdida, con cara de perro. Joder, Ana, es tu puto cumpleaños, no todos los días celebras los 24. — Le respondí mientras me zafaba de su agarre.
- Tienes razón, pero necesitaba hablar un rato con alguien, nada más. ¿Podemos estar bien? Por favor, no me gusta esta situación. — Obviamente yo no le pude decir que no a aquella petición, así que mientras le asentía, la cogí y bailamos la canción que retumbaba por todos los rincones de la discoteca.
Después de un rato de miradas y bailes más pegados de lo normal, cosa que ya era como una rutina entre Ana y yo cuando salíamos, Raoul, el novio de Agoney y que ahora ya era uno más entre nosotros, nos interrumpió.
- Chicas, Nerea ha pedido mesa en el reservado, es la hora de los regalos. — Ana dio un grito mientras se colgaba de mí.
Cuando la ginebra y el vodka ya habían hecho mella en mí, llegó el momento de despedirse. Ricky y yo estábamos demasiado cansados como para seguir allí.
- Banana. — La llamé y se acercó, ella miraba uno de sus relojes, el cual yo sabía que había sido el regalo que más le había gustado. — Ricky y yo nos vamos a pirar ya. — Ellla me miró con cara de pena y me abrazó más rato de la cuenta, y susurró algo en mi oreja que erizó hasta el último poro de mi piel.
- No quiero que te vayas. — Aquello me dejó totalmente fuera de juego.
Cuando rompí el abrazo y me disponía a darle dos besos, ella apartó su mejilla y juntó nuestras frentes mientras rozaba su nariz con la mía. No pude más con esa tensión, me estaba matando y creo que ella lo sabía. Corté el momento dándole un beso cerca de la comisura de los labios.
- Ya hablamos, amiga. — Me dijo mientras me sonreía como nadie.
- ¿Kamiga? — Le respondí yo, citando una de nuestras innumerables bromas. Ella rió y yo salí de allí como pude con Ricky.
Y ahí estaba yo, otra noche sin conciliar el sueño, pensando en ella.
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Inefable -Warmi.
FanfictionLo que tenía con ella era mágico, era instintivo, era fuego, era hielo, era piel, era miedo, era fuerza... Lo que tenía con ella, a fin de cuentas, no se podía explicar con palabras.