Estefany... ¿qué demonios hace ella aquí?
Y por su cara, a ella tampoco le emociona mucho verme. Se levanta de su asiento como si viniera a darme una noticia importante, pero yo me hago la que no la veo. Miro alrededor buscando un hueco donde sentarme, pero por supuesto, termina sentándose justo al lado.
Perfecto.
—Hola, ¿cómo has estado? —pregunto, forzando una sonrisa de esas que no llegan a los ojos.
—Bien. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —me responde con esa vocecita de falsa curiosidad.
—Lo mismo que tú, aparentemente. Buscando oportunidades —digo, aguantándome las ganas de rodar los ojos.
—Entonces... ¿viniste por el trabajo o para intentar ligarte al guapo del director? ¿Igual que hiciste con Jonathan?
¿Perdón? ¿Estamos en secundaria otra vez o qué?
—Vamos, no empieces. ¿Todavía no superas a Jonathan? —respondo, mirándola con cara de "¿en serio otra vez esto?"—. Ya te dije mil veces que él fue quien me buscó. Tal vez se cansó de tu drama.
—Pues no tanto, porque después volvió conmigo. Se dio cuenta de que soy mil veces mejor que tú. ¿O cómo explicas que, cuando te dejó, corrió a mis brazos?
—Mira, no necesito explicarte nada. Yo sé lo que valgo, y cuando algo no me suma, lo dejo. No me dejó, Estefany. Fui yo quien decidió terminar.
Ella se da la vuelta como si tuviera la última palabra y yo suspiro. ¿Cómo hace para seguir tan metida en algo que pasó hace siglos?
Decido ignorarla. Saco el papel con mi número de entrevista: el 13. ¿Buena suerte o mala suerte? Pronto lo sabremos.
Después de un rato, se abre la puerta y una chica con cara simpática dice:
—El número 13, por favor.
Me levanto y camino hacia la oficina, tratando de que no se note que tengo las piernas temblando. Y en cuanto entro... ¡wow! La oficina es enorme. Todo es moderno, con ventanales gigantes y un escritorio digno de CEO de película.
Me acerco a los sillones frente al escritorio. La chica me hace una seña para sentarme y ella se acomoda en una silla giratoria gigante que da ganas de probar por diversión.
—Hola, mi nombre es Paula González, un gusto conocerte —dice, sonriendo y extendiéndome la mano.
—Sofía Evans. El gusto es mío —respondo, devolviendo el apretón de manos, aunque mis dedos estén medio fríos del susto.
—Muy bien, Sofía. Yo estaré a cargo de la entrevista. El señor Woodley, el CEO, no se encuentra en la ciudad por el momento —dice con tono tranquilo y profesional.
—Perfecto. Estoy lista —le contesto, intentando parecer segura. Aunque por dentro estoy como gelatina.
La entrevista fluye. Me pregunta por mi experiencia, por qué me interesa el puesto, lo típico. No es que tenga un CV para presumir, pero respondo con sinceridad y sin adornar demasiado. Paula se mantiene amable y sonriente todo el tiempo, lo cual me ayuda a relajarme un poco.
—Muy bien, Sofía. Te llamaremos si quedas seleccionada —dice al final.
—Gracias por la oportunidad. Estoy disponible para cualquier cosa que necesiten. Espero haber dejado una buena impresión.
—Más que positiva, te lo aseguro —responde con una sonrisa.
Salgo de la oficina con una mezcla de alivio y adrenalina. ¿Eso fue bien? ¿Lo arruiné? ¿Dije algo raro?
Respiro hondo, camino hacia el ascensor —ignorando por completo la mirada venenosa de Estefany— y me preparo para volver a casa.
Llamo un taxi y, ya sentada, dejo caer la cabeza contra el respaldo con un suspiro. ¿Lo hice bien? ¿Dije algo raro? ¿Me vio el rímel corrido?
El conductor pone música bajita y yo, en modo zombie pensativa, repaso mentalmente cada palabra que dije en la entrevista. "Estoy disponible para cualquier cosa que necesiten"... ¿eso sonó muy desesperado o muy profesional?
Cuando por fin llego a casa, abro la puerta y me encuentro con algo rarísimo: Lisa, en pijama, tirada en el sillón viendo su serie como si fueran las ocho de la noche y no la hora de trabajar.
—¿Y tú qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estar en la tienda vendiendo blusas? —le pregunto, dejando mi bolso en la mesita.
—Salimos temprano. Y como sabía que hoy era la entrevista, no quise molestarte. Pero ahora ven aquí y cuéntamelo todo —dice, dándome unas palmaditas en el sofá como quien llama a su mascota.
Me dejo caer a su lado, me saco los zapatos y le cuento desde que vi a Estefany hasta el apretón de manos final con Paula. Lisa me escucha como si fuera un podcast de chismes.
—¡¿Estefany?! —repite abriendo los ojos—. ¿La Estefany?
—La misma. La que respira drama. Y sí, no me dejó en paz ni dos minutos —digo, revolviendo el pelo con una mano.
—¿Qué te dijo? —pregunta, cruzando las piernas con cara de "esto se pone bueno".
Le cuento cada palabra, cada mirada, cada indirecta mal disimulada. Lisa no se guarda las caras: frunce el ceño, se ríe, y al final solo suelta:
—Ugh, qué pesada. Si me la topo, le lanzo una blusa de la tienda en la cara.
—Que sea de rebaja, por favor —digo, riendo.
La tarde pasa entre risas y comentarios sobre Estefany, la entrevista, y qué tanto puede tardar en llegar una respuesta. Y cuando ya estoy medio en modo "me quiero poner pijama y no moverme", Lisa suelta la bomba.
—Oye, Castiel me invitó a un club esta noche... pero no quiero ir sola. Ven conmigo —y pone su cara de perrito abandonado.
—Lisa...
—Vamos, solo un rato. Y además tú dijiste que si hacías la entrevista, salíamos a celebrar.
Me muerdo el labio. Lo prometí. Rayos.
—Está bien. Pero solo si me dejas escoger mis tacones cómodos. Nada de tortura fashion.
—¡Hecho! Te veo en una hora —grita y desaparece en su cuarto.
Entro al mío y me planto frente al clóset como si fuera una misión especial. Después de sacar medio armario y probarme al menos tres outfits, me quedo con el clásico infalible: vestido plateado corto, que no es demasiado formal, pero tampoco de "vamos por el pan". Tacones a juego, sí, pero bajitos. No pienso sufrir hoy.
Para el maquillaje, me doy un toque más atrevido. Sombra plateada suave, rímel, delineador y un labial rojo que me da ese aire de "sé lo que hago, incluso si no lo sé". Me miro al espejo y asiento: aprobada por mí misma.
Castiel llega a recogernos, y el camino al club es una mezcla de canciones, chistes tontos y Lisa pidiéndome que no la deje sola "ni aunque se aparezca Henry Cavill". Entramos al lugar y el ambiente está on fire.
Bailamos, reímos, nos tomamos unas fotos mal iluminadas pero llenas de vida. No bebo mucho, pero sí lo suficiente para soltarme un poco y olvidar que mañana probablemente estaré en modo zombie otra vez.
A las 2:00 a.m., volvemos a casa. Apenas entro, me quito los tacones como si fueran grilletes, me desmaquillo medio dormida y me lanzo a la cama. El sueño me arrastra sin pelear.
Hasta que...
Riiiing... riiiiing...
El celular suena y yo, con el cerebro apagado, lo agarro sin mirar.
—¿Diga? —contesto con voz rasposa y medio tapada por la almohada.
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¡Hola! ¿Cómo están? Espero que estén bien. Si están disfrutando de la historia, les agradecería mucho su apoyo con un voto. Nos seguimos leyendo. ¡Saludos!
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Propuesta Laboral ©
RomantikTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
