—¿Habló con Sofía Evans? —preguntó una voz femenina.
—Sí, efectivamente. ¿En qué puedo ayudarle? —respondí, intentando despejarme.
—Soy Paula González, gerente de Fem Style. La llamo para informarle que ha sido seleccionada para el puesto de secretaria.
Me quedé completamente en shock. Tardé tanto en reaccionar que Paula tuvo que confirmar:
—¿Señorita Evans, sigue ahí?
—¡Sí, sí! Aquí estoy. Es solo que me tomó por sorpresa... ¿Realmente conseguí el empleo?
—Así es. Espero no ser inoportuna, pero necesito que se presente hoy mismo. El CEO regresó inesperadamente de su viaje y pidió tener a su secretaria lista cuanto antes.
—No se preocupe, estaré allí. ¡Muchas gracias por esta oportunidad!
—Gracias a usted por su disposición. La espero a las 7:30 a.m. en la empresa. El señor Woodley es muy estricto con la puntualidad, así que por favor, llegue a tiempo.
Miré el reloj. Eran las 6:15. Me vi en el espejo y... bueno, parecía que una bandada de cuervos había aterrizado en mi cabeza.
—Sí, estaré allí a tiempo. No se preocupe —repetí, aunque mentalmente ya estaba haciendo malabares para lograrlo.
Me levanté de un salto. La emoción por la noticia no me daba tiempo de procesar nada. Corrí al baño y me di una ducha exprés para despertar del todo. Ya más despejada, abrí el armario en busca de algo formal pero cómodo. Al final, elegí un saco estructurado sobre una blusa blanca, con pantalones de tela oscuros y zapatos bajos. Profesional, pero sin exagerar.
Me arreglé el cabello de forma improvisada, pero al final me sorprendió el resultado. Ya frente al espejo, respiré hondo. Es hoy. Es real.
Pasé por la cocina, agarré una manzana y me asomé a la habitación de Lisa, que seguía profundamente dormida. Le dejé una nota en la mesita:
"Lisa, me llamaron de Fem Style. ¡Tengo el trabajo! Tengo que irme ya. Te quiero. Atte: Sofí ❤️"
Cuando miré el reloj de nuevo, ya eran las 7:15. Sin pensarlo dos veces, tomé un taxi para llegar lo más rápido posible.
Al llegar a Fem Style, todo era un torbellino: empleados por todos lados, voces, teléfonos, carpetas. Paula me esperaba tal como había dicho. Me acerqué a ella y me recibió con una sonrisa que me ayudó a calmar un poco los nervios.
—¡Hola, Sofía! ¿Puedo llamarte así? Quiero que te sientas cómoda, sin tanta formalidad —me dijo con simpatía.
—Claro, llámame como prefieras —respondí con una sonrisa agradecida.
—Perfecto. El CEO no tarda en llegar. Como te comenté, es bastante estricto con la puntualidad y el orden. Llámalo señor Woodley. No le gusta que los empleados sean informales con él. Siempre mantén una sonrisa, aunque no sea el más simpático del mundo —dijo bajando la voz en tono cómplice.
Justo en ese momento, le sonó el celular. Me hizo una seña y se apartó un poco para contestar.
—Era él. El señor Woodley ya viene —me dijo tras colgar.
Minutos después, las puertas del elevador se abrieron y salió un hombre alto, bien vestido, con una presencia que imponía. Paula me miró y susurró:
—Es él. Vamos.
Nos acercamos a recibirlo. Paula le extendió la mano con profesionalismo.
—Buenos días, señor Woodley. ¿Cómo le fue en su viaje?
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Propuesta Laboral ©
RomanceTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
