Los lunes son difíciles para todos. Las ganas y la energía de comenzar una nueva semana no existen ¡Son un mito! Es solo una mentira que repiten los presentadores de noticia, locutores de radio e inclusos las propias madres. Nunca sentí tener una nueva batería en mi espalda cuando un lunes comenzaba a asomarse por la ventana, todo lo contrario, sentía el cansancio de la semana vivida. Un cansancio del cual no lograba librarme ni con el fin de semana.
Suspiro...
Me doy cuenta de mi terrible mal humor, el cual empeoró no sólo por soportar a Don Ramón y sus historias en donde siempre él es el héroe del día, también es por la lentitud con la que pasan los minutos.
Estoy sentada en mi escritorio, con los brazos cruzados por culpa de Jimmy quien le bajó la temperatura al aire acondicionado y cumpliendo mi misión del día: Ignorar el reloj de mi mesa. Si quiero que los minutos pasen más rápido, no debo mirar el reloj porque si lo haces, el aparato se siente amenazado y frena el movimiento de sus manecillas.
- Oye Luisa...
Giro mi torso y al encontrarme con la imagen de una camisa de rayas, levanto la cabeza. Solo había conocido a una persona tan alta como para necesitar agachar la cabeza al cruzar las puertas y no, no hablaba de Max; se trataba de Steven, mi compañero del trabajo.
- El jefe nos llama – Dice con voz anodina –. Nos quiere ver en la salita.
La salita es un pequeño cuarto que contaba con una mesa larga, sillas, una cafetera y un pequeño refrigerador en el que podíamos guardar nuestros almuerzos o snacks. Prácticamente era una pequeña cocina, aunque algunos la utilizaran como un improvisado dormitorio cuando el sueño vencía a la vigilia.
- ¿Y ahora qué querrá? – Murmuro para mí.
No esperaba que mi murmuro se escuchara...
- Quizá quiera contarnos cómo Ramoncito salvó al banco Central de la quiebra.
Salgo de la sorpresa de que Steven me escuchara para reírme de su comentario. Camino junto a él sintiéndome su bastón ¿Cómo es que creció tanto? ¿Qué le daban de comer? ¿Procan?
Entramos a la salita, siendo recibidos por muchos pares de ojos. Es gracioso ver cómo sus ojos pasan de mí para luego levantar la cabeza y poder mirar a Steven.
- ¿Estamos completos?
Ahg es Don Ramón...
- Falta Martha.
- Ya viene, le acabo de mensajear.
- Bueno, bueno... los reuní aquí para compartir con ustedes un pequeño aperitivo. ¡A empezar con pie derecho esta nueva semana gente! Disfruten.
Como hambrientas gallinitas con uniforme, nos acercamos a la mesa para alcanzar la mejor dona y el vaso más lleno de café. Tuve que utilizar toda mi concentración y cuidado para poder salir del gallinero sin una sola gota de café derramada sobre mi ropa.
Localicé a Daniela sentada en una de las sillas metálicas y me acerqué a ella.
Oh vaya, Daniela tiene un vaso de café... ¿Lo beberá? ¿Arriesgará la blancura de sus dientes? Averigüémoslo.
La saludo y fácilmente iniciamos conversación. Me habla sobre su hija de cinco años y lo terrible que se porta cuando tiene que irse a trabajar, también me muestra fotos de sus dos gatos y me cuenta cómo fue que los encontró y adoptó.
- Yo también tuve un gato, se llamaba Nemo.
- ¿Nemo? ¿Cómo el pez de esa película? – Pregunta sonriendo – Mi hija se la pasa viendo esa película todo el tiempo.
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Entre tú & yo
Teen FictionLuego de sobrevivir a un secuestro y a la revelación de una cruda verdad, Luisa continuará con su ordinaria vida acompañada de su inseparable amiga Kitana, de su fiel amigo Jason y de su novio Max aunque éste se encuentre lejos, muy lejos de ella. ...
