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Sería que en esta vida nos tocaría recorrer juntos el mundo, comenzar una bella historia en donde el felices para siempre fuera nuestro final, beber de nuestras propias bocas las ansías de ambos, vivir el sueño y tocar aquel paraíso que tanto anhelábamos por poseer.

Durante esos días la cordura había desaparecido por completo de mi sistema, mientras que la responsabilidad de mis acciones se volvía más pesada. La realidad nos comenzó a perseguir, pues había aún un insignificante, pero delicado tema que aún se necesitaba abordar. Haciéndonos los oídos sordos e incorporándonos a la ignorancia por voluntad propia, nos sumergimos en nuestras mentiras. No quería romper aquella mágica burbuja, en la que tus sonrisas y caricias eran mi único anhelo, mi única felicidad, pero ¿hasta cuando nos alcanzaría la verdad?, ¿Cuándo se acabarían aquellos días?, ¿cuándo tú aroma ya no volvería a pertenecerme?

Vivir una mentira puede cortar tus ilusiones, puede romper tu corazón que era reconstruido a base de la falsedad. Vivir una mentira, puede matarte lentamente, destruyendote desde el fondo de tu ser.

Alimentar la mentira que uno mismo cosecha, ante una verdad que uno mismo se inventa.

Alimentar la mentira que uno mismo cosecha, ante una verdad que uno mismo se inventa

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Como una enfermedad estomacal, siento que me está dando vueltas todo. Siento terror por llegar a mi casa y saber que es lo que hicieron para justificar mi ausencia... conociendo al autor de esto, solo puedo esperar una sola cosa. Drama.

—mi Vitenka, tranquilízate porfavor— su mano toma con delicadeza la mía, mientras deposita un casto beso en mis nudillos, sin despegar la mirada del camino.— ya verás que todo estará bien.

—Yuuri es que tú no lo conoces tanto como yo a él, es exagerado, le encanta dramatizar las situaciones y siempre quiere quedar como el héroe de la historia.

—ya verás que todo estará bien.— su sonrisa logra cautivarme, mientras tranquiliza cada parte de mi inseguridad.

—solo espero que tengas razón mi Yuuri, no conoces a Christophe Giacometti.

Estábamos a punto de llegar a la mansión de mis abuelos, cuando observo unos autos estacionados en la entrada. Reconozco uno de ellos, definitivamente es de mi mejor amigo, pero ¿Y los otros dos?

Puedo ver cómo Yuuri comienza a estacionarse y entrelaza nuestros dedos, una vez que el auto está totalmente apagado. —mi Vitenka, ¿puedes ver el auto blanco que se encuentra allí?

—si

—esa es la razón por la que no necesitas preocuparte.

Sin decir ni una sola palabra más, Yuuri desabrochó su cinturón y, como el caballero que és, abrió mi puerta para desabrochar el mío y tenderme su mano. Sus ojos logra calmarme, mientras que su mano unida a la mía me llena de paz y felicidad. Tocamos el timbre de la casa y Yuuri solo deja un dulce beso en mis nudillos para despedir su calor del mío.

Mi camino hacia ti.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora