[Omegaverse] Mi nombre no tiene tanta importancia, aunque ahora me encuentre en la élite de los omegas más cotizados, nunca podré olvidar de donde provengo. La razón por la que me he animado a relatar esta historia, es para que otros omegas no se s...
Mi color favorito siempre fue el azul, mis ojos eran la prueba viviente de ese gran amor hacia ese fragmento de luz. Muy pocas personas eran conocedoras de esta información, entre ellas se encontraba mi mejor amigo Chris y, por supuesto, mi alfa. Aún recuerdo cómo te enteraste, era el segundo día de tu visita, pronto terminaría y decidiste salir a conocer un poco la ciudad, tus ojeras eran demasiado visibles, yo era muy pequeño para percatarme de tu trabajo nocturno, con ayuda de mi abuelito Niko. Qué ingenioso fuiste. Ese día pasamos junto a una florería y te comenté lo hermosas que eran las rosas azules, tu galantería de un alfa puro fue lo que te llevó a darme esa pequeña sorpresa. Ese fue mi primer obsequio, una hermosa y delicada rosa azul.
Hice todo lo que se encontraba en mí para proteger aquel regalo, aún la conservo, marchita en un cuadro junto a mi cama. No puedo apartar mi vista de ella durante las noches, donde mi colchón se encuentra vacío sin tu presencia; solo para anhelar encontrarme en tus brazos de regreso.
Las rosas azules, el símbolo de un amor imposible, eso eras para mí; un amor difícil de alcanzar.
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El día ha llegado, me encuentro ya detrás de bambalinas, mi traje, una combinación perfecta de un atuendo de prima ballerina, junto con toques españoles. Un sutil aspecto entre lo femenino y lo masculino, totalmente blanco con incrustaciones de diamantes y plumas; definitivamente mi abuelito Niko se esforzó en darle su toque a mi vestuario, cosa que le encantó a mamá Mila.
—Solo quería desearte mucha ¡mierda! —No volverá a...— ¿Sabías que es de mala suerte decir suerte? —Sí, lo volverá a contar—. Hace años se decía mucha mierda, ya que si había mucha mierda de caballo en las calles, significaba que había casa llena, símbolo de que muchos espectadores estarían impacientes por ver la obra.
—Sí, Chris... yo te lo conté.
—¡Ah! ¿Sí?... diablos, ¡pues que listo eres!
—¡Viktor! Tienes 2 minutos para salir.
—¡Sí! —volteé para ver al tramoyista—. Chris, tengo que irme...
—No te preocupes, amigo —me tomó entre sus brazos, algo... algo está ocurriendo—. Viktor, espero que hoy tengas el éxito que mereces y puedas mostrarme por primera vez aquella sonrisa que he deseado ver por mucho tiempo.
—Hermano...
—No comiences con esas cosas, espero verte despampanante el día de hoy, no solo tienes que impactarme a mí y a tu familia —después de esas palabras observé cómo guiñó su verde ojo y salió disparado hacia donde se encontraba el público... ¿Qué diablos trama?
—Viktor, es tu turno.
—Aquí vamos —suspiré para dar inicio a mi entrada.
Dar un paso al escenario, sentir los aplausos de las personas, no poder observarlos, pues las cesantes luces te impide su reconocimiento y estas a su vez llenan de calidez tu cuerpo. Sensaciones mágicas, llenas de emociones, pero siempre impactándote como si fuera la primera vez que pisas el escenario. Eso es lo que siento cada vez que piso una nueva escena, que leo un nuevo libreto y que bailo las primeras coreografías de una nueva obra; emociones a flor de piel, disparadas desde mi pecho, fundiéndome en la personalidad de mi personaje y encontrándome con un nuevo camino, una nueva vida; una vida que termina al cerrar el telón y escuchando los últimos aplausos del público.
Mis movimientos son delicados, mi baile sutil y lleno de inseguridad, así es como Odette debe sentirse, insegura de su cercanía hacia Sigfrido, temor de ser lastimada y entregar su frágil corazón. La velada continúa y el príncipe encanta el corazón de la princesa, pero esta tiene que regresar, pues se encuentra atrapada entre el mundo mágico, donde es un hermoso cisne y entre el mundo real, en el que Sigfrido la espera para volverla a ver cuando la luna aparece.
Todo esto me llena de nostalgia, en el que mi corazón le pertenece a un alfa de olor a chocolate, pero no puedo estar con él, en donde únicamente lo encuentro nuevamente en mis pesadillas; sueños donde el comienzo es uno lleno de amor y vida, en los que sus pálidas manos cubren mi cuerpo y sus ojos chocolatados se pierden en los míos, pero al término nos separamos y nos encontramos con la realidad. Un amargo despertar.
Involuntariamente comienzo a llorar mientras mis lágrimas, cuales perlas, se pierden entre mi danza y mis cabellos sueltos, una orden de Mila. No puedo asegurar que mis lágrimas no se notan, pero puedo observar cómo estás llenan de sentimientos mi corazón y movimientos. ¿Podrá ser que pueda interpretar esta bella música con mis movimientos? ¿Así como tú me enseñaste esos días en los que patinamos juntos?
El final está pronto, Yuratchka y yo nos preparamos para nuestra escena, donde ambos utilizaremos el mismo vestuario, muy parecido al blanco que utilizaba, pero este es negro con demostraciones sugerentes de piel en mi torso, brazos y piernas. A Chris le encantará este traje.
—¿Estás listo, Odette?
—Como siempre, Odile.
Me llena de felicidad esta nueva sensación al platicar con Yuri, el hecho de volvernos llenos de confianza el uno al otro. Únicamente ha pasado un día de que hablamos de nuestras inseguridad y conflictos, pero eso fue lo único que necesitamos para lograr ser amigos. En este bello mundo, es necesario confiar en tu pareja de baile o de interpretación, ya que la magia no solo cae en las manos de uno, sino en la de todos. Conectarnos, eso es lo que nos faltaba.
Nuestra escena comenzó, nuestros movimientos necesitaban ser los mismos, nuestros gestos y miradas. Al pisar nuevamente el escenario con aquel vestuario, sentía las miradas demasiado provocativas de la gente y mis compañeros. Comprendía perfectamente lo tentador que era el vestuario, mas no creí que algunos alfas no pudieran contener aquellos gestos e insinuaciones. ¿Qué tan poderosa podía ser una mirada?
La coreografía comenzaría en la parte del clímax, pero aquellas miradas, penetraba mi alma y comenzaba a sentirme inseguro. La inseguridad no era parte de mi vida cotidiana, pero al hablar sobre alfas observándome de esta manera, en ese momento mis recuerdos llegaban como golpes en el rostro, imágenes de lo que una vez, hace mucho tiempo sucedió; recuerdos de algo que nunca debió de ser.
Los nervios comienzan a invadirme, estoy seguro que flaquearé en cualquier momento, ¿pero qué es lo que.... siento?... un aroma, no puede provenir de mi collar, este es más intenso. El olor comienza a llamarme, definitivamente es chocolate... pero... no, no puede ser, ¿Yuuri?
No puedo rendirme, este aroma logra darme calma. Siento la necesidad de salir corriendo y buscarlo, este aroma, observar de dónde proviene, pero necesito terminar. No puedes ser tú, no eres tú, te encuentras tan lejos, pero si existiera la menor posibilidad de que te encuentres entre aquellas butacas... solo, obsérvame y no apartes tus ojos de mí.
Comienza el clímax, tengo esta necesidad de seducir a alguien, puedo sentir el ardor pasando por mi cuerpo y sé que logré captar la atención de todos. Mi aroma se dispersó por todo el teatro, me siento inquieto, puedo sentir la determinación en mi mirada y como mis pasos se vuelven pasionales y provocativos. Perdóname, Yuratchka. Espero que puedas seguir mis movimientos, no puedo contenerme, este calor me envuelve y solo quiero poder demostrar esta pasión que siento, esta lujuria, todo a través de mi baile.
No sé en qué momento se detuvo la música, solo comencé a escuchar los aplausos de todos, gritos y silbidos. ¿Qué fue lo que acaba de pasar?. Los recibí como toda una diva, pues eso era lo que era. En estos momentos no soy Odette, la tímida princesa necesitada por el príncipe, soy Odile, la amante y encantadora de hombres, el que busca con desesperación seducir a su alfa.
Al bajar el telón, pude dejar ese papel, comienzo a sentirme nervioso y un poco apenado. Tengo mucho ego y por supuesto soy el hijo de Afrodita, pero... ¿¡Qué demonios acabo de hacer?!
—Dieron un pequeño receso y yo, como el buen hermano que soy, no pude contenerme para venir a felicitarte... ¡hombre, lograste que me excitara!
—¡Chris! Masumi podrá escucharte...
—No me molesta, Viktor... —¡¿Qué diablos?!, ¿Por qué siempre tiene que ser tan silencioso?—. Lo hiciste increíble, Viktor. Lograste captar mi atención.
—¡Masumi! —Jejeje, creo que esto se pondrá feo—. Él es mi hermano, solo a mí me puede seducir de esa manera... ¡no es como que me lo fuera a comer!
—Este... creo que iré a ponerme mi siguiente vestuario.
Los dejé discutir, necesito seguir pensando en lo que sucedió hace unos momentos. ¿Qué demonios fue lo que ocurrió? ¿Por qué me comencé a comportar de esa manera? ¿Ese aroma... de dónde salió?
Fui directamente a mi camerino, todos estas preguntas las solucionaré cuando esto termine. Después de la obra, seguirá la presentación de todos y será como un pequeño banquete. Mila me pidió que saliera con el atuendo de Odette, es hermoso, pero al igual que el de Odile es un poco provocativo... espero que todo salga bien.