Solo papás

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—Farkle le compró uno de esos autos eléctricos donde ellos se montan y la verdad no sabía que decir, me refiero, solo tiene dos años, ¿Cómo va a conducir esa cosa? —explicaba Riley, mientras Maya soltaba una enorme carcajada.

La castaña y la rubia estaban sentadas en la sala de la casa de la última, hablando de todo y de nada a la misma vez, como siempre hacían todos los sábados por la tarde.

—No puedo creer que le haya comprado eso a un bebé —rió Maya un poco más.

—Lo sé —concordó Riley. Después de que las risas murieron un poco, Riley vio la expresión de molestia que llevaba su mejor amiga en el rostro y como presionaba la palma de su mano en contra de su vientre— ¿Estás bien, preciosa? —preguntó con completa preocupación.

—Estoy bien, Riles —le aseguró la rubia, cambiando drásticamente su semblante y dándole una cálida sonrisa a su amiga. La sonrisa de Maya calmó un poco a Riley, pero ese sentimiento de calma fue bruscamente espantado, al escuchar el pequeño gemido que Maya había soltado.

—¿Segura que estás bien? —esta vez, Maya no uso palabras para responder, más bien, negó con la cabeza— ¿Quieres que vaya por Lucas?

—Por favor —respindió la ojiazul, su voz revelaba que estaba sintiendo mucho dolor en el momento.

Sin pensarlo dos veces, Riley corrió a la cocina y encontró a Lucas con un delantal amarrado del cuello y la cintura y un sartén recién lavado en la mano. La chica le explicó rápidamente lo que pasaba y sin decir una palabra, Lucas corrió hacia donde estaba Maya.

Llegó a la sala y vio a la chica sentada en el sofá, su mano reposaba en su estómago y sus ojos estaban cerrados con fuerza debido al dolor. Lentamente, Lucas fue asercandose a Maya, con Riley pisandole los talones.

Baby, ¿Qué pasa? —Maya abrió los ojos, y encontró a Lucas arrodillándose frente a ella. A pesar del dolor que estaba sintiendo en ese momento, se manejó a regalarle un sonrisa al chico.

—Tu hijo está molesto conmigo —bromeó Maya, mientras acariciaba suavemente su barriga de seis meses.

—¿Qué? ¡Bebé! —exclamó en exageración Lucas— ¿Por qué estás enojado con tu mami? —dijo el hombre, levantando un poco el enome camisón que tenía Maya y colocando sus enormes manos en su vientre. Maya saltó un poco al sentir las frias manos de Lucas chocar en contra de su piel, pero una sonrió se le dibujó en el rostro al ver que el ojiverde estaba acariciando su suave estómago.

—Estaba bien, pero de la nada empezó a jugar fútbol o a hacer lo que sea que está haciendo allí dentro —explicó Maya, aún sintiendo algo de dolor.

—¿Qué está pasando? A ver, cuentame bebé —dijo Lucas, hablándole a su hijo no nacido. Dicha acción fue tierna y a la vez algo loca a los ojos de Riley— ¿Qué dices? ¿Que Maya comió algo que no te gustó? —dijo él, acercando un poco su oreja hacia el vientre de Maya— Dice que esos tacos que comiste estaban horribles y que por haberle hecho comer eso te hará sufrir —explicó, Lucas, llevantando su vista hacia Maya.

—Pues, puedes decirle que esos tacos fueron los mejores tacos que he probado en años —dio ella como respuesta, siguiéndole el juego a Lucas.

—Pues me acaba de decir que no le gustaron —Maya rodó los ojos al escuchar lo que Lucas había dicho— a ver qué más dice —dijo y siguió acariciando el vientre de su chica— me dice que también está algo enojado contigo, porque anoche no dejabas de patearme y a él no le gustó ver eso.

—No recuerdo haber hecho eso, pero aún así espero haberte pateado fuerte.

—Que madre tan salvaje tienes —le murmuró Lucas al bebé, pero para la poca suerte de él, Maya lo escuchó y le pegó un fuerte golpe en la cabeza— ¡Ouch!

—Para que veas lo salvaje que soy —le dijo ella, mientras veía como él se sovaba la cabeza.

—¿Estás viendo esto? —le habló al bebé— Ella me golpea, me maltrata —dijo, llorando falsamente, haciendo que tanto Maya como Riley rieran, pero la risa de la rubia fue intercambiada por otro gemido de dolor— okay, Dylan, okay —intervino Lucas, viendo el dolor que estaba sufriendo Maya y dándole unos pequeños toques a su panza — que tal si te relajas un poco y dejas a mami descansar, ¿Sí? —concluyó Lucas, besando la barriga de la chica. Se quedó ahí arrodillado, su cabeza estaba ligeramente apoyada en contra del vientre de la ojiazul y ella corría sus dedos por el suave cabello de él.

—Ustedes son algo raros... —comentó Riley, rompiendo el silencio que se había formado— pero lindos —Maya solo rió y rodó los ojos.

Cortos segundos después, unos pequeños pasos se empezaron a escuchar y una pequeña niña de cinco años, ojos verdes y cabello castaño claro apareció en frente de los tres adultos. La niña miró a Riley con una sonrisa, pero al ver a Lucas y Maya sus cejas se arrugaron en confusión.

—¿Papi? —llamó, haciendo que Lucas levantara su cabeza y mirara a su pequeño clon femenino.

—Hola, Emie —saludó con una sonrisa.

—¿Qué haces? —preguntó con confusión, al ver a su padre arrodillado en frente a su madre.

—Hablo con el bebé —explicó Lucas.

—Pero no te puede escuchar.

—Claro que sí puede. Ven tú a decirle algo —la invitó Lucas, extendiendo su mano para que la pequeña se asercara a él— háblale —indicó, mientras colocaba la pequeña manita de Emie sobre el vientre de su mami.

—Hola —dijo ella, Lucas asercó su oído al vientre y fingió que podía escuchar lo que decía el bebé.

—El bebé dice hola y que te quiere mucho —le dijo el de ojos verdes a su hija.

—No dijo eso —soltó Emie, mientras negaba con su cabeza haciendo que su pequeña cola de caballo bailara de lado a lado.

—Claro que sí, yo mismo lo oí.

—Pero yo no oí nada —rió la pequeña ojiverde.

—Es que solo los papás pueden escuchar lo que dicen los bebés —le aseguró Lucas, mientras veía como la mirada de su hija se llenaba de confusión. El chico rió y llevó sus ojos hacia los de su esposa— ¿Te sientes mejor, baby?

—Sí, gracias —Lucas sonrió y tomó a Emie para darle un abrazo y un beso en la cabeza, después se paró y le dio a Maya un corto beso en los labios.

—¿Quieren algo de comer, chicas? —preguntó el jóven, mientras hacia su camino hacia la cocina.

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