Desde ese entonces y para siempre

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¿Alguna vez has conocido a una persona que guarde un montón de cosas porque dice que le va a ser útil en el futuro o simplemente porque quiere recordar el pasado? Quizás sí, quizás no.

Maya Hart no solo conocía a una de esas personas, sino que también vivía con una de ellas. Esa personita no era nadie más ni nadie menos que su querido novio —muy pronto esposo—, Lucas. Y no es que Lucas era un fan de coleccionar cada cosa que veía, más bien, le gustaba guardar cosas que para él jugaron un papel especial en algún momento de su vida, el ojiverde tenía guardado desde los anuarios de la escuela hasta tarjetas de San Valentín enviadas por Maya. A Maya no le molestaba que Lucas guardara ese tipo de cosas, ella sabía que eran importantes para él, y para ser sinceros ella misma tenía un par de esas cosas guardadas, así que entendía, lo que realmente le molestaba era que Lucas guardara las cosas más estupidas e inútiles del mundo, ¿El recibo del restaurante donde tuvieron su primera cita como novio y novia? ¡Qué demonios! ¿Por qué Lucas guardó esa cosa?

Maya sabía que Lucas era un chico muy dulce que le gustaba revivir algunos recuerdos de vez en cuando, pero cosas como; el estúpido recibido, la primera nota que Maya le pasó en clase, el lapicero —que ya ni siquiera escribia— que Maya le había regalado en el segundo año de secundaria, no tenían sentido para ella, ella las veía como basura.

Constantemente le decía a Lucas que iba a desechar toda esa porquería que él coleccionaba, pero la respuesta de él era siempre la misma;

—Para tí es porquería, para mí valen más que oro.

Romántico, pero a la vez raro...

Con el tiempo ella aprendió a tolerar este lado de Lucas, pero aunque lo toleraba no quería decir que le gustaba ver esa caja de basura en su closet.

Un día, Maya estaba buscando una de sus botas y después de buscarla por un buen rato, la encontró cerca de la caja de porquerías de Lucas. Cuando se acercó a tomar la bota, escuchó un sonido extraño salir de la caja, se quedó viendo la caja por unos segundos con la esperanza de que el sonido se detuviera, pero no lo hizo, así que curiosidad de saber lo que provocaba ese sonido, Maya golpeó la caja con su puño haciendo que el sonido se detuviera, pero lamentablemente el sonido volvió a aparecer, obligando a Maya a golpear la caja una vez más. En el mismo segundo que su puño impactó con el cartón de la caja, un pequeño ratón salió de la caja. Maya soltó un grito y de un brinco se subió a la cama, la chica ruda que había crecido con un hurón de mascota le tenía miedo a un ratoncito.

Ese ratón fue la gota que derramó el vaso, nunca había visto un raton antes en su casa, por eso ahora más que nunca quería desaparecer esa caja que solo servía para darle hogar a la maldita plaga.

Cuando Lucas escuchó el grito de su novia, fue inmediatamente a ver lo que sucedía. Cuando él le preguntó lo que había pasado, Maya no le contestó su pregunta, simplemente miró a Lucas con enojo y le dijo que se despidiera de la caja, porque ella la iba a echar a la basura, el chico no protestó simplemente asintió con su cabeza mientras veía como su novia bajaba de su cama.

Dos días después, Maya se encontraba en el suelo con la caja de Lucas frente a ella, tenía miedo de que otro ratón saliera de allí, así que con cuidado empezó a sacar cosas de la caja. Lo primero que sacó fue un cuaderno de historia que Lucas usó en su primer año en la secundaria, lo guardó porque según él, lo que había aprendido en la clase de Matthews era muy importante y él no se iba a deshacer de eso apuntes, pero desgraciadamente para él, Maya no pensó dos veces antes de lanzar el cuaderno dentro de la bolsa de basura.

Maya siguió desechando las cosas que ella no le veía ninguna clase de importancia, pero conservó cosas como fotos, cartas, anuarios, entre otras cosas. Hablando de anuarios, cuando Maya encontró los anuarios de Lucas no pudo evitar echarle un ojo, ella tenía los de ella aún, pero tenía años que no los veía. Abrió el primer anuario y después de pasar un par de hojas se encontró con la foto de ella y de Lucas, esa era la foto que habían utilizado para hacerlos la mejor pareja, Maya rió bajito porque en ese momento Lucas y ella no eran nada ni tampoco tenían en mente ser algo, ahora diez años después, estaba con Lucas, ella era su novia y estaba más que feliz de serlo. Si alguien le hubiera dicho que Lucas y ella iba a terminar siendo novio y novia, probablemente lo llamaría loco. En la parte de atrás del anuario, se encontraban las firmas de sus compañeros, Maya no recordaba bien lo que le había escrito a Lucas, es más ni siquiera recordaba si había escrito algo, así que para matar las dudas empezó a leer los mensajes de el anuario con la esperanza de encontrar el de ella. Leyó unos mensajes bastante agradables, otros eran bastante bromista y unos eran de algunas chicas que se las querían dar de coquetas, esos mensajes en especial no le hacían mucha gracias a Maya.

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