En cuestion de segundos

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Ya había publicado esto antes, meh

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Caminaba a gran velocidad por las solitarias calles nocturnas, mientras sentía como la fría lluvia la empapaba haciendo que su ropa se pegara a su cuerpo y su pelo a su cara. Tenía frío, mucho frío, quizás no debió salir de la casa de él así, sabiendo que fuera Dios derramaba su furia sobre su ciudad. En las noticias habían dicho que no salieran de casa si no era necesario, pero en el momento en que salió, no pensó en eso.

Pasos eran escuchados detrás de ella, el sonido de pies chocar contra los charcos no era algo que ella ignorara. Ella sabía que era él, sabía que él pensaba que estaba siendo silencioso, pero no... vaya bobo novio que tiene.

Caminó un par de cuadras más, aún sintiendo aquellos mojados pasos detrás de ella, y aunque sabía que el caminar más rápido no le iba a servir de mucho, puesto que él probablemente haría lo mismo, lo hizo. Apretó  el paso , su pies golpeando con fuerza los charcos de aguas que se habían formado, el sonido que hacían sus pies, era el mismo que hacían los de él detrás de ella.

—Piérdete, vaquero —dijo, caminando aún. Ella no se volteo a verlo, pero él sabía que ella hablaba con él.

Un sonido de sorpresa salió de la boca de él al darse cuenta de que ella sabía él estaba allí, pero ese sonido fue todo el ruido que hizo, puesto que no le respondió a la chica.

De repente, ella se detiene y lo siente a él hacer lo mismo. Hay un corto silencio, mientras ella aún le da la espalda y él está parado a unos cuantos metros lejos de ella, la fría lluvia aun cayendo sobre ambos, pero eso no hace que ninguno de los dos se mueva.

—Tus explicaciones no me importan mucho, pero si tienes que decir algo, dilo rápido y déjame en paz —murmuró, sin atreverse a verlo a los ojos aún. Él se quedó en silencio, solo veía la parte trasera de su cabeza, viendo cómo los rebeldes rizos que ella normalmente tenía, estaban lizos gracias a la lluvia. —¡¿Lucas?! —por fin se volteó a verlo, sus ojos cruzándose con los de él y pidiéndole que hablara si iba a hablar.

—No tengo nada que decir, Maya —fue todo lo que dijo él.

Ella lo miró por un rato, viendo como el agua corría por su rostro y su corto pelo cubría su frente. Por un momento quiso sonreír a la adorable imagen que tenía en frente, pero estaba enojada con él así que no se daría el gusto.

—¿Por qué me sigues? —se decidió a preguntar.  Lo vio mirar al concreto con vergüenza, como si acaso su razón fuera una de la cuál sentirse avergonzado.

—Saliste corriendo de mi casa, sé porqué lo hiciste. Pero no te seguí para detenerte y hablar contigo, te seguí para asegurarme de que llegarás bien a tu casa —dijo él, iba a hacer otro comentario, pero las palabras de ella fueron más rápidas.

—Es difícil quedarse cuando escuché lo que escuché —dijo Maya. Lo escuchó suspirar, y por fin levantando su cabeza y mirándola a los ojos, habló;

—Maya, lo que escuchaste... No es lo que piensas. Yo solo est-

La luz de un vehículo golpeándole el rostro lo interrumpió. Un auto negro se paró a la orilla de la acera donde estaban, Lucas sabía quien era y no sabía si enojarse o sentirse agradecido.

Sin importar el clima, el cristal de la ventana del conductor empezó a bajar, revelando allí en el volante a un hombre con apariencia muy parecida a la de Lucas. Ambos jóvenes miraron al hombre, quien al ya tener el cristal bajo, no tardó en hablar.

—¿Están ustedes dos locos? No ven el clima que hace, no ven la hora y ustedes dos deciden salir de casa así como si nada—al escuchar al señor decir esto, Maya miró hacia sus pies, sintiendo vergüenza de que el hombre la estuviera reprochando en esto.

Lucaya One shotsStories to obsess over. Discover now